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Boletín electrónico latinoamericano para fomentar el uso adecuado de medicamentos

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Ética y Derecho - Boletín Fármacos 2005; 8(4) 

 

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genes humanos, fundamentalmente de poblaciones 

indígenas, discapacitados y grupos geográficamente 

aislados, para descubrir diferencias mínimas en sus 

genomas que pudieran indicar tendencias a resistir -o 

ser más propensos- a ciertas enfermedades. Lejos de 

ser proyectos altruistas para atender los problemas de 

salud de esos grupos, quienes tienen la tecnología y 

medios para usar esta información son poderosas tras-

nacionales, farmacéuticas o relacionadas con ese 

campo, que esperan encontrar nuevos medicamentos 

best-seller, y monopolizarlos por medio de sus paten-

tes. No necesariamente como medicinas: la mayor 

fuente de ingresos de la industria farmacéutica son las 

drogas para gente sana. Por ejemplo, se investiga con 

el pretexto de atender la diabetes, pero el resultado se 

vende 10 veces más como droga para reducir de peso. 

 

Las empresas ni necesitan muestrear a la gente. 

Desde hace años, muchas universidades han investi-

gado, aislado y colocado a la venta en Internet líneas 

celulares o genes humanos "para la investigación" 

genómica. Por ejemplo, en el banco de células huma-

nas del Instituto Coriell, de los Institutos de Salud de 

EE.UU., se puede comprar ADN de indígenas de mu-

chas partes del mundo. Significativamente, comprar 

material genético de "México-americanos" de Los 

Angeles, garantizada su ascendencia indígena en tres 

generaciones, cuesta US$3.800, mientras que mues-

tras de "indios mexicanos" se consiguen por US$200, y 

las de "indios mayas" de la península de Yucatán al 

módico precio de US$85. 

 

Al mismo precio se puede comprar células humanas de 

indígenas huorani del Ecuador, de quechuas de los 

Andes, de Karitiana y Suruí de la Amazonia en Brasil, 

de Guyana, Venezuela, Puerto Rico y el Caribe entre 

muchos otros africanos, asiáticos y hasta algunos eu-

ropeos. Los Karitiana y Suruí han protestado enérgi-

camente y están en un proceso contra la venta de 

estas células, apoyados por el estado brasilero. Por 

ahora, sus células siguen a la venta. 

 

Probablemente muchas de estas muestras provienen 

del Proyecto Diversidad Genética Humana (HGDP, por 

sus siglas en inglés) proyecto de varias universidades 

iniciado a principios de los años 90, que se proponía 

buscar las diferencias genéticas -llamadas SNP, tam-

bién por sus siglas en inglés- en 722 comunidades en 

todo el mundo, muchas de ellas grupos indígenas defi-

nidos "en peligro de extinción". El HGDP pretendía 

"conservar el material genético para la investigación" 

antes que desaparecieran. No conservar la gente, sino 

solamente el material genético. Los muestreados no 

sabían para qué fines fueron utilizados y la información 

fue colocada en Internet y en bancos similares al del 

Instituto Coriell, dando origen posterior a muchas pa-

tentes sobre ellas, de empresas y universidades. Gra-

cias a las denuncias de RAFI (ahora llamada Grupo 

ETC), junto a pueblos indios del mundo, el Proyecto 

Vampiro, como se le llamó, tuvo que diluirse, pero 

nunca dio cuenta de las muestras obtenidas. 

Un lavado de cara y el Vampiro ataca de nuevo, aplau-

dido como espectáculo, con un despliegue mediático 

de enormes proporciones. Ahora es el proyecto 

Genographic (Genógrafico), patrocinado por la multina-

cional IBM y la revista National Geographic. Siguen tras 

el ADN de los pueblos indios, diciendo que solamente 

será para "investigación", y otra vez, para el bien de 

toda la humanidad: esta vez para establecer genética-

mente los orígenes y migración de la especie humana. 

Luigi Luca Cavalli-Sforza, principal impulsor del HGDP, 

preside ahora el consejo de asesores del proyecto 

Genógrafico. Spencer Wells, Director del programa, es 

uno de sus discípulos. 

 

Otro proyecto similar, de recolección de muestras de 

grupos indígenas, está en marcha desde hace dos 

años: el Proyecto Internacional HapMap, financiado por 

fuentes públicas y privadas para tomar muestras de 

poblaciones de EE.UU. (y "México-americanos"), 

China, Nigeria y Japón. Entre los financiadores priva-

dos del HapMap se encuentra el SNP Consortium, 

integrado por AP Biotech, AstraZeneca, Aventis, Bayer, 

Hoffman La Roche, Glaxo Wellcome, Novartis, Pfizer, 

Searle, SmithKlineBeecham, Wellcome Trust, 

Motorola... y otra vez, IBM, cuyas tecnologías digitales 

están en el centro de la farmacogenómica. 

 

Tanto el proyecto HapMap como el Genográfico dicen 

que no patentarán los genes que consigan, y que todo 

estará en Internet, a disposición del público. Pero, ¿qué 

público? El "público" altamente privado de quienes 

tengan las tecnologías (todas patentadas) y los recur-

sos para usarlas, o sea, las mismas compañías. Las 

reglas de acceso a esta información genética dicen que 

no se puede patentar en la misma forma en que se las 

obtiene, pero cualquier mínima modificación es sufi-

ciente para solicitar una patente. Pese a eso, las em-

presas cuentan también con la participación oficial de 

los gobiernos y recursos públicos para el saqueo de 

genes. 

 

En Brasil, pese al supuesto apoyo a los Karitiana para 

impedir la venta de sus células, el propio Estado está 

promoviendo la participación de los indígenas en el 

Genográfico. Incluso, uno de los centros regionales de 

toma de muestras del proyecto, está justamente ubi-

cado en Brasil. Para facilitar la colaboración de los 

pueblos indios y prevenir protestas, han rebautizado el 

emprendimiento como "proyecto Gente". 

 

En México, el informe 2003-2004 del Instituto Nacional 

de Medicina Genómica incluye en sus actividades la 

preparación del "proyecto del HapMap entre los mexi-

canos". Varias de las empresas del SNP Consortium 

financian al instituto. IBM diseñó especialmente la 

computadora que usarán para la secuenciación de los 

indígenas mexicanos. Los medios celebran el espectá-

culo. De los indios sólo se espera que pongan su san-

gre. Gracias a IBM, ahora hasta parece que sabrán de 

dónde vienen. 



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