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Cooperative research centres in andalusia and the basque country

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LOS CENTROS DE INVESTIGACIÓN COOPERATIVA EN ANDALUCÍA Y EL PAÍS VASCO

COOPERATIVE RESEARCH CENTRES IN ANDALUSIA AND THE BASQUE COUNTRY





SANDRO GIACHI

+34 957240430, sgiachi@iesa.csic.es

Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Córdoba, España











Presentado al VI Congreso Andaluz de Sociología

Cádiz, 29-30 de noviembre 2012
Grupo de trabajo: “Sociedad de la información, nuevas tecnologías y medios de comunicación”



















RESUMEN

El estudio se centra en un nuevo tipo de organización de I+D que se ha difundido en regiones españolas como Andalucía y el País Vasco: los centros de investigación cooperativa (CIC). El objetivo es averiguar si estos centros representan una innovación en el campo organizativo de la I+D. La idea que sustenta el análisis es que los CIC son organizaciones: a) constituidas por una red inter-organizativa de relaciones, en la cual colaboran activamente universidades, empresas y organismos públicos; y b) ubicadas en la frontera entre diferentes dominios institucionales. Analizando datos cuantitativos obtenidos a través de una revisión documental y de páginas web, se observa que los CIC son organizaciones que han aparecido en tiempos bastante recientes y que poseen principalmente la forma jurídica de fundaciones o asociaciones sin ánimo de lucro. Además, se registra una elevada participación en los centros de varios tipos de instituciones, aunque existan algunas diferencias debidas a las características del contexto regional. La conclusión es que estos centros parecen poseer unas características novedosas y que por lo tanto podrían constituir una innovación organizativa capaz de fomentar la comunicación entre ciencia e industria.

PALABRAS CLAVE

Cooperación Público-Privada; I+D; Innovación; Sociedad Red; Triple Hélice

ABSTRACT

The study refers to a new type of R&D organization that emerged in certain Spanish regions such as Andalusia and the Basque Country: cooperative research centres (CRC). Our aim is to understand if these centres are an innovation in the R&D organizational field. Our main idea is that CRCs are organizations that: a) are formed by an inter-organizational network of relationships; and b) are positioned at the boundary between diverse institutional domains. Analysing quantitative data obtained through a review of institutional reports and web pages, we observe that CRCs are organizations that have emerged recently and they have the legal form of foundations or not-for-profit associations. In addition, we find a high participation of a diversified set of institutions, in spite of the existence of differences depending on the peculiarities of the regional framework. We conclude maintaining that this type of centre seems to have innovative features; then, CRCs could be considered an organizational innovation useful to foster communication between science and industry.

KEYWORDS

Innovation; Network Society; Public-Private Cooperation; R&D; Triple Helix

1. INTRODUCCIÓN1

La innovación está adquiriendo un papel cada vez más importante para poder competir en los mercados nacionales e internacionales y como motor de desarrollo socioeconómico (Verspagen 2007). En este sentido se entiende el creciente protagonismo que están asumiendo políticas y programas para la innovación, tanto a nivel nacional como regional. Al respecto, es reconocido el papel que juegan las actividades de I+D para fomentar la innovación en las economías más avanzadas. De todas formas, las empresas y otros actores económicos y sociales pueden utilizar diferentes estrategias para captar nuevos conocimientos fundamentados en los resultados de la investigación científica. Las investigaciones que siguen el paradigma de la “innovación abierta” (Chesbrough 2006) destacan que hoy en día las empresas siguen diferentes estrategias para mejorar su capacidad innovadora, por ejemplo buscando nuevas fuentes de conocimiento a través de las relaciones que establecen con otras instituciones. Dichas estrategias favorecerían la “fertilización cruzada” de ideas (Kanter 1988) y la adopción de perspectivas innovadoras. En este escenario, la colaboración entre instituciones científicas y económicas jugaría un papel fundamental para que los resultados de la I+D puedan ser trasferidos con éxito a la industria y más en general a la sociedad, produciendo avances que puedan generar desarrollo económico y social y mejorando la competitividad de las empresas.

Los tipos de vínculos que pueden existir entre actores científicos y económicos son muy variados. No obstante, se reconoce que los vínculos con más alta intensidad relacional son aquellos más eficaces para que la colaboración tenga éxito; ejemplos de este tipo son dados por las actividades de consultoría universidad-empresa, las alianzas tecnológicas y las organizaciones híbridas (Perkmann y Walsh 2007). El presente trabajo se centra sobre esta última categoría, en particular, sobre aquellos centros híbridos de investigación que surgen a través de la colaboración entre el sector público y privado. Este tipo de centro de I+D se ha difundido en las últimas décadas en varios sistemas nacionales de innovación, especialmente en los países anglosajones, como un nuevo tipo de organización científica cuyo objetivo es realizar investigación aplicada que tenga relevancia para la industria y la sociedad (Arnold, Deuten y van Giessel 2004; Bozeman y Boardman 2003). Se denominan aquí estas organizaciones “centros de investigación cooperativa” (CIC), en línea con la terminología utilizada en la bibliografía especializada sobre el tema (Cooperative Research Centres) y con referencia a las experiencias punteras de otros países, por ejemplo Australia (Turpin, Garrett-Jones y Woolley 2011) y EE.UU. (Boardman y Gray 2010).

En España también, aunque en tiempos más recientes, se ha asistido a la aparición de nuevas formas organizativas parecidas a los CIC anglosajones y que, por lo tanto, podrían recibir la misma denominación. Al respecto, experiencias pioneras pueden remontarse hasta los años 60 con la creación de las Asociaciones Industriales para la Investigación, fomentadas por el gobierno central. Estas organizaciones poseían un estatus semi-público, eran gestionadas por agrupaciones empresariales y su objetivo era realizar investigación relevante para el tejido industrial local (Cruz-Castro y Sanz-Menéndez 2007). En los años 80 muchas de estas asociaciones para la investigación se trasformaron en Centros Tecnológicos (CT), especialmente en regiones como el País Vasco, donde los gobiernos regionales asumieron iniciativas orientadas al desarrollo de las empresas locales (Moso y Olazarán 2002). A lo largo de los años 90, sujetos públicos y privados empezaron a participar en la fundación de nuevas estructuras colaborativas para la I+D, como centros de excelencia y redes de colaboración para la innovación, cuyo ritmo de creación aumentó marcadamente en la década del 2000 (Cruz-Castro y Sanz-Menéndez 2007; Fernández-Esquinas y Ramos-Vielba 2011). Esta nueva oleada innovadora afectó sobre todo a regiones que tradicionalmente se habían quedado más al margen de la experiencia de los Centros Tecnológicos, por ejemplo Andalucía.

De todos modos, se sabe aun relativamente poco acerca de las características organizativas de estos nuevos centros de I+D. La mayoría del conocimiento disponible procede de estudios sectoriales o de casos específicos, con una fuerte orientación administrativa o aplicativa. Las pocas investigaciones disponibles que abordan el problema desde una perspectiva general se han centrado sobre todo en los Centros Tecnológicos, analizando por ejemplo las políticas que les afectan (Moso y Olazarán 2002; Sánz-Menéndez y Cruz-Castro 2005), los cambios organizativos debidos a las presiones del entorno (Cruz-Castro et al. 2012) o las ventajas competitivas obtenidas por las empresas a través de la colaboración (Barge-Gil y Modrego-Rico 2009; Olazarán et al. 2009). De todas formas, escasean estudios sistemáticos sobre la totalidad de los centros de investigación cooperativa existentes en España, es decir, que no se limiten solo a los CT. Cabe además preguntarse si las formas organizativas de los CIC españoles presentan algunas semejanzas con las experiencias de otros países y si realmente poseen rasgos innovadores. Esta es una cuestión relevante, dado que el análisis organizativo de las estructuras de colaboración científica y tecnológica es crucial para poder comprender el proceso de innovación (Perkmann y Walsh 2007).

El objetivo de la presente investigación es analizar las características administrativas de los CIC en España, para comprender mejor su naturaleza institucional y averiguar si constituyen una innovación en el campo organizativo de la I+D. Se utilizan algunos enfoques procedentes del campo de los estudios sociales sobre ciencia, tecnología e innovación (Fernández-Esquinas 2012), integrándolas por la dimensión geográfica, es decir, el contexto regional de los centros. Se utilizan como casos de estudio dos CCAA: Andalucía y el País Vasco. Esta decisión se justificaría por el número elevado de CIC existentes en estos territorios, así como por presentar ciertas diferencias históricas en la evolución del sistema de I+D y las políticas de innovación regionales (Ramos Vielba 2011). Estas tendencias podrían tener implicaciones relevantes para comprender la diversidad en las formas administrativas de los centros.

El estudio pretende avanzar en la comprensión de las diferentes formas organizativas existentes y de la estructura de las relaciones de cooperación que tienen lugar en los CIC. Dado el carácter exploratorio del estudio, no se pretende generalizar los resultados al entero sistema español, aunque sí se espera poder obtener algunas implicaciones para poder formular hipótesis más acertadas acerca de los CIC existentes en España. Se espera también que los resultados del estudio tengan relevancia para contribuir al debate internacional sobre los CIC y la construcción de una tipología de formas organizativas de este tipo de centros gracias a la investigación comparada.

El artículo está estructurado de la siguiente manera: en primer lugar, se define el concepto de centro de investigación cooperativa y se exponen algunas aportaciones útiles para comprender la naturaleza organizativa de los CIC, como las tendencias de cambio organizativo propias de la Sociedad Red, el modelo Triple Hélice de relaciones y el concepto de organización “de frontera” (boundary organization). A continuación, se detallan las características de los dos contextos regionales analizados, el proceso de construcción del fichero de datos cuantitativos a partir de una revisión documental y de páginas web, las técnicas y las variables empleadas en el análisis. Luego se presentan los resultados del análisis empírico y se ofrece una interpretación teórica de los hallazgos, sugiriendo finalmente algunas líneas, teóricas y metodológicas, para investigaciones futuras.



2. MARCO TEÓRICO

Definición de CIC

No es fácil encontrar una definición teoréticamente fundada de centro de investigación cooperativa (CIC), dado que, en general, los estudios disponibles hacen referencia a las definiciones utilizadas en las evaluaciones de programas específicos. Como señalado anteriormente, faltan estudios sistemáticos que comparen las experiencias de diferentes países o de diferentes programas dentro del mismo país, aunque existan algunas excepciones (Boardman y Gray 2012; Turpin y Fernández-Esquinas 2011). No existe una definición universalmente aceptada y que pretenda abarcar las experiencias de diferentes países, a la luz de un marco teórico concreto.

La definición que se utiliza en el presente trabajo hace referencia a un artículo publicado en un reciente monográfico sobre CIC (Boardman y Gray 2010), donde los autores, revisando el conocimiento acumulado en las últimas tres décadas, identifican tres dimensiones relevantes: la estructuración, las actividades y los objetivos de la organización. La definición de CIC que proponen es la siguiente:

an organization or unit within a larger organization that performs research and also has an explicit mission (and related activities) to promote, directly or indirectly, cross-sector collaboration, knowledge and technology transfer, and ultimately innovation” (Boardman y Gray 2010: 450).

Por lo tanto, para que una organización reciba la denominación de CIC sería necesario que: a) posea una estructura organizativa claramente definida; b) realice actividades de I+D y c) tenga como objetivo explicito fomentar la colaboración entre diferentes sectores. Así entendidos, los CIC se podrían diferenciar de otras organizaciones como las redes de colaboración entre científicos individuales (no poseen una estructura formal), los organismos de interfaz universidad-empresa como las OTRIS (no hacen investigación) o los departamentos universitarios o empresariales de I+D (no tienen como objetivo explicito la colaboración). En la presente investigación, la atención se concentra sobre la primera y la tercera dimensión constitutiva de un CIC, es decir, la estructura organizativa y los patrones de colaboración. Al respecto, cabe formular las siguientes preguntas:

  • ¿Qué formas organizativas asumen los CIC?

  • ¿Qué tipos de actores participan en los CIC?

  • ¿Con qué intensidad?

A estas preguntas se intentará dar respuesta respectivamente en los apartados que siguen.

Innovación organizativa en la Sociedad Red

Un buen punto de vista para analizar la organización de los CIC es dado por las tendencias de cambio organizativo que caracterizarían la época del “Capitalismo Informacional”, dentro de aquella que se ha definido como la “Sociedad Red” (Castells, 1996). La organización característica dentro de este paradigma sería la “Empresa red”, definida de la siguiente manera:

aquella forma específica de empresa cuyo sistema de medios está constituido por la intersección de segmentos autónomos de sistemas de fines” y donde, por lo tanto, “los componentes de la red son tanto autónomos como dependientes frente a ella y pueden ser partes de otras redes y, por ello, de otros sistemas de recursos dirigidos a otros objetivos” (Castells 1996:199).

En este sentido, la organización se puede representar como una red y al mismo tiempo, como parte una de red de organizaciones. No obstante, la empresa red no se encuentra totalmente diluida en un entramado de relaciones externas: la dimensión formal de la organización sigue existiendo y cobrando cierta relevancia. Como se ha afirmado: “redes y jerarquías no son elementos contradictorios, sino complementarios” (Requena Santos 2008:106). La organización es red y parte de otras redes al mismo tiempo, aunque sea una entidad separable del entorno y del entramado de relaciones que la conforman.

Este nuevo paradigma organizativo podría tener relevancia para el caso de los CIC. Se ha señalado por ejemplo que las organizaciones científicas no han sido ajenas a las transformaciones propias de la sociedad de las redes (Cumming y Kiesler 2011). En segundo lugar, las experiencias de otros países han destacado que los CIC suelen estar participados por diferentes tipos de organizaciones, por ejemplo empresas, asociaciones industriales o universidades (Arnold, Deuten y van Giessel 2004). Por lo tanto, se podría ver un CIC como una organización formada por una doble red de relaciones, es decir, una estructura de relaciones internas entre trabajadores e investigadores, inserta a su vez en un más amplio retículo de relaciones inter-organizativas, que van desde las colaboraciones entre científicos individuales hasta las relaciones formales de co-participación de empresas o instituciones en el centro. Cabe decir además que en algunos casos los CIC son “organizaciones virtuales”: redes que conectan diferentes organizaciones alrededor de una estructura formal que funciona como soporte.

Si los CIC fuesen organizaciones en red, sería de esperarse que sus estructuras organizativas sean mucho más flexibles y adaptables que las jerarquías habituales (Castells, 1996: 200). La organización en red facilitaría la comunicación y la división del trabajo entre organizaciones diferentes por cultura organizativa, estrategias, reparto del poder, etc., gracias a su mejor capacidad de gestionar los flujos de información. Sería de esperarse además que la organización de los CIC se aleje de las formas jerárquicas que caracterizan a las empresas tradicionales o las administraciones públicas. Finalmente, otra importante implicación tiene que ver con la capacidad de innovar. Se ha afirmado que “las redes, mucho mejor que las jerarquías, presentan siempre distintos caminos de acceso a los recursos escasos […] los equipos heterogéneos son más innovadores, una vez que se han disuelto las fricciones de las diferencias” (Requena Santos 2008:102-106). Las redes de colaboración que se forman entre actores que proceden de entornos sociales e institucionales diferentes son particularmente aptas para la generación de nuevos conocimientos (Edge 1977; Powell et al. 1996). Por lo tanto, sería de esperarse que los CIC tengan una capacidad innovadora superior en comparación con organizaciones análogas. No obstante, se requiere cierto equilibrio entre diversidad y homogeneidad dentro de la red para que el intercambio y las relaciones entre las varias partes puedan tener un efecto positivo sobre la innovación. Este equilibrio puede ser garantizado por ejemplo a través de una estructura capaz de generar capital social y por ende un cierto nivel de cohesión, aunque manteniendo las diferencias y los confines entre organizaciones (Karamanos 2012). Los CIC, en función de las características que los definen, podrían garantizar dicho equilibrio, gracias a su dúplice naturaleza dada por la organización reticular y la existencia de una estructura formal. Es en este sentido que se afirma que los CIC podrían constituir una innovación organizativa en el campo de la I+D, dado que permitirían recombinar recursos organizativos o humanos de una forma novedosa y eficaz, a través de un sistema más eficiente de división del trabajo en la organización (Hage 1999).


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