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La reflexión salesiana sobre el sistema educativo de don Bosco basta la etapa posterior a la segunda guerra mundial

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1. La reflexión salesiana sobre el sistema educativo de don Bosco basta la etapa posterior a la segunda guerra mundial

Uno de los campos de reflexión que se ha cultivado siempre en las instituciones salesianas es el del sistema educativo llevado a la práctica y expresado en teoría por el santo fundador. Desde las breves y tímidas notas de don Francesco Cerruti sobre las «ideas» pedagógicas de don Bosco (1883)3 y desde otras elaboraciones más o menos teóricas, se pasó, en el clima del proceso de beatificación (1890-1929), a presentaciones que ponían el acento sobre los principios pedagógicos fundamentales expuestos por don Bosco mismo en una conferencia que dio en Niza en 1877 («este sistema se apoya totalmente en la religión, la razón y, sobre todo, en la amabilidad»);4 o bien se ha pasado a discursos y consideraciones que ponían el acento en la especificidad religiosa del sistema educativo, mediante el cual los salesianos tendían a distinguirse de otras instituciones (la sacerdotalidad carismática y ejemplar de don Bosco, la práctica de los sacramentos como típica e irrenunciable en los institutos educativos salesianos) .

Entre las dos guerras, con el régimen fascista en el poder, los salesianos y ciertos grupos católicos obtuvieron que don Bosco figurase entre los clásicos de la pedagogía en los programas de las escuelas de Magisterio. A los ojos de los promotores de esa iniciativa y en los mismos discursos de Pío XI don Bosco aparecía como un gigante que sobresalía por encima de los educadores católicos del siglo MCK, como promotor de una educación completa, tanto más estimable cuanto más opuesta a los que proponían una educación basada en la preparación física y en el mito de la fuerza como medio de conquista: cosas que llevaban a pronosticar el camino hacia un choque violento de los pueblos y una nueva e inmensa conflagración mundía1.6

A pesar de las oposiciones y críticas, la inclusión de don Bosco en el olimpo de los pedagogos fue posible poi el clima ambiguo de compromiso político y de énfasis religioso en el ámbito de la llamada civilización que proclamaba la retórica fascista. Alimentado con reservas críticas y también envenenado por críticas demoledoras hechas por pedagogos laicos de relieve (Ernesto Codignola y otros), el debate sobre la figura y el pensamiento pedagógico de don Bosco obligó a los pedagogos católicos, y de modo especial a los salesianos, a definir mejor en qué sentido se podía considerar a don Bosco, además de educador respetable, un pedagogo digno de tal nombre.


F. CERRUTI, Le idee di D. Bosco sull'educazione e sull'insegnamento e la missione attuale della scuola. Lettere due, San Benigno Canavese, Tip. e Libreria Salesiana 1886.

Inaugurazione del patronato S. Pietro in Nizza a Mare. Scopo del medesimo esposto dal sacer‑

dote Giovanni Bosco con appendice sul sistema preventivo nella educazione della gioventú, Torino, Tip. e Libreria Salesiana 1877; cf. edición crítica de P. BRAIDO, en: Bosco, Scritti pedagogici, p. 125-230.

  • Sobre indicaciones acerca de la dimensión espiritual y religiosa, cf. J.M. PRELLEZO, Lo stu‑

dio della pedagogía nella congregazione salesiana: alcuni momenti rilevanti (1874-1941), en: J.E. VECCHI - J.M. PRELLEZO (eds.), Prassi educativa pastorale e scienze dell'educazione, Roma, Editrice SDB 1988, p. 61-71; ID., Studio e nflessione pedagogica nella congregazione salesiana (1874-1941). Note per la storia, en RSS 7 (1988) 35-88.

6 Cf. P. STELLA, La canonizzazione di don Bosco tra fascismo e universalismo, en: TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, p. 359-382; ID., Don Bosco III.


En el ámbito de este tipo de estudios, la obra más significativa puede considerarse el libro de Pietro Braido: Il sistema preventivo di don Bosco (1955).7 Las ideas y las instituciones del santo sacerdote piamontés aparecen en su planteamiento; de su análisis brota de modo persuasivo la conclusión de que las obras y las ideas de don Bosco se pueden definir apropiadamente como un «sistema», cuyas peculiaridades y originalidad se ven claramente a través de su cotejo con las obras y las ideas de pedagogos y educadores con los que don Bosco mismo estuvo en contacto directo. El volumen de Braido, ya clásico, es como la cima de todo un ciclo de estudios, orientados, más que al análisis del desarrollo de las iniciativas y de las intuiciones de don Bosco, al examen de su articulación lógica y a la definición de su validez pedagógica. Pero se puede añadir que el libro de Braido puede considerarse como un acto de valentía (realizado y puede ser que también sufrido), y como un acto de confianza por parte del Rector Mayor de entonces, don Renato Ziggiotti. La obra sobre el «sistema preventivo» salía pocos años después de la muerte de don Pietro Ricaldone (1870-1951), el superior que, con gran capacidad de gobierno, había dirigido la congregación salesiana y había orientado su crecimiento en el período no fácil entre las dos guerras. Don P. Braido ejercía ya la enseñanza sobre el sistema educativo de don Bosco por aquellos años en el Pontificio Ateneo Salesiano, en la Facultad de Filosofía. De don P. Ricaldone se admiraba la visión de futuro demostrada al fundar el Ateneo; pero también se conocía su actitud celosa ante el propio papel supremo de magisterio en la congregación. Se planteaba en aquellos años de un modo más agudo el problema entre el sentido de la tradición de don Bosco y la libertad de investigar científicamente.

Mientras tanto, el Ateneo se introducía con un papel preeminente en la red de casas de formación salesiana, que se habían hecho necesarias por la fase de expansión que se vivía, y erigidas en diversas partes del mundo, entre otras razones, por el estímulo recibido de la, entonces, Sagrada Congregación de Estudios.

2. De la investigación filológico-literaria a la reinterpretación global

Precisamente en los estudiantados, y en especial en los del Piamonte, empezaron a ser más insistentes ciertos interrogantes sobre la autoridad de la literatera hagiográfica sobre don Bosco y sobre las formas de conocimiento que se derivaban de ellas. La inquietud de las generaciones jóvenes tendía a convertirse en desconfianza ante las Memorias biográficas de don Bosco: la obra monumental iniciada en su redacción por don Giambattista Lemoyne mientras vivía Bosco y publicada poco a poco en diez y nueve volúmenes desde 1898 a 1939. A don Eugenio Cenia, autor de los últimos nueve volúmenes, se le planteó una serie de preguntas que presentaban de lleno el problema del valor que se debía atribuir a las Memorias: «Se dice — le preguntaron — que don G.B. Lemoyne no fue un historiador, sino un novelista de la historia. En las Memorias biográficas hay muchos hechos que no resisten la crítica. Los mismos volúmenes escritos por don E. Cenia no son plenamente históricos, sino encomiásticos y laudatorios».8

P. BRAMO, Il sistema preventivo di don Bosco. Prefazione di E. Celia, Torino, PAS 1955 (2° ed. Zürich, PAS-Verlag 1964).

Se planteaba clara y urgentemente el problema no baladí de la credibilidad que había que prestar a documentos y testimonios que eran para la congregación salesiana el fundamento literario sobre el que los superiores mayores y los capítulos generales (pero también los mismos papas en sus alocuciones) apoyaban la estructura de su enseñanza. Para la cultura no salesiana, sobre todo la laica, se trataba tal vez de problemas marginales; pero para los salesianos, en cambio, estaban en juego cuestiones, si no esenciales, al menos de gran importancia en el plano vital de la congregación misma.

El primer intento de respuesta científica vino de Francia. Don Francis Desramaut, profesor de Historia eclesiástica en el centro salesiano de estudios teológicos de Lyon, elaboró y defendió como tesis doctoral propia en las Facultés Théologiques de Lyon una tesis que estudiaba precisamente el primer volumen de las Memorias biográficas.9 El trabajo suponía una documentadísima reconstrucción de la figura moral e intelectual de don G.B. Lemoyne, vista como básica en un tipo de utilización de fuentes orales y escritas. Don F. Desramaut disipaba, ante todo; definitivamente, el comentario de que don Lemoyne había destruido descuidada o ingenuamente la documentación original utilizada por él para escribir la primera redacción de las Memorias biográficas: existía todo el material y sigue existiendo, en su máxima parte, en el Archivo Central Salesiano. Confirmaba, además, la persuasión de que don Lemoyne había sido un honesto y escrupuloso intérprete de los testimonios ajenos, transcribiéndolos casi siempre o utilizándolos como elemento de su urdimbre lite- raria. Era una conclusión importante; pero el documentadísimo trabajo de don Desramaut seguía siendo sólo un primer paso. Superaba las posibilidades concretas del estudioso francés una investigación minuciosa en Italia de otras fuentes documentales, fuera del ámbito salesiano, para confrontarlas con las utilizadas por don Lemoyne. Por muy satisfactorio que fuese lo escrito sobre la honestidad de Lemoyne, quedaba por indagar toda la actitud que le había llevado a tejer formas de narración de las que brotaba una cierta sobrenaturalidad, según esquemas que podríamos llamar medievales, en el primero y más todavía en los volúmenes siguientes de las Memorias biográficas. En el círculo reducido de historiadores salesianos se advertían los méritos y los límites del trabajo de don Desramaut: de la investigación meramente filológico-literaria convenía pasar a hipótesis de interpretación y a modelos de investigación histórica que asegurasen una reinterpretación global tanto de las fuentes documentales como de la figura histórica de don Bosco. Del análisis de cada pieza ajustada en la redacción de las Memorias biográficas convenía pasar al de la mentalidad con que se colocan y de la que surgían las fuentes que utilizó don Lemoyne, a partir de las Memorie dell'Oratorio, que don Bosco había escrito tardíamente — no precisamente con criterios históricos o de cronista y documental --, que constituyen la base de toda reconstrucción hagiográfica aparecida después de ellas: desde las páginas del «Bollettino Salesiano» hasta el perfil que de él trazaron, además de don Lemoyne, otros autores, salesianos o no, como Joergensen, Huysmans, Crispolti, Vercesi, Salotti, Hugo Wast, Rodolfo Fierro y otros.

8 Carta litografiada de 14 páginas con la fecha: «Torillo 9.11I.1953»; cf. a este propósito: P. STELLA, Le ricerche su don Bosco nel venticinquennio 1960-1985: hilando, problemi, pros-pettive, en: P. BRALDO (ed.), Don Bosco nella Chiesa, p. 373-396.

9 Les Memorie I de Giovanni Battista Lemoyne. Étude d'un livre fondamental sur la jeunesse de saint Jean Bosco, Lyon, Imprimérie de Louis-Jean de Gap 1962. Existe la traducción castellana de las MB (Madrid, Central Catequística Salesiana 1981-1989). En este volumen se cita la edición original italiana (n.d.e.).

Ya en 1965, al publicar fragmentos de las Memorie dell'Oratorio en una antología de escritos de don Bosco sobre el sistema preventivo, don Braido advertía la necesidad de andar con cautela en su lectura, ya que en él, con una narración selectiva, llena de énfasis, familiarmente alegre en sus episodios, trataba de afirmar en los salesianos la convicción de que su congregación, querida y protegida por Dios, poseía un método educativo capaz de atraer simpatías y ayudas a centenares y millares de jóvenes.m Don Braido sugería en lo que afirmaba que las Memorie dell'Oratorio planteaban no pequeños problemas a los que iban buscando en ellas otros mensajes.

En el clima precursor del concilio Vaticano II se discutió en Italia, por ejemplo, si no era oportuno arrinconar el Giovane provveduto, el librito de don Bosco que había servido durante más de un siglo para encuadrar las prácticas de piedad en las instituciones salesianas. Se había traducido al francés, y al español (El joven cristiano) por sugerencia de don Bosco. Después se tradujo a algunas lenguas de Asia. Y había acabado por ser el código normativo de la vida devocional y litúrgica de los oratorios, de los colegios y hasta de grupos de culto organizados desde los primeros encuentros con los indios Onas de Argentina meridional o con las tribus de Bororos en el corazón del Mato Grosso."

I" Bosco, Scritti sul sistema preventivo, p. 3s.

" Cf. a propósito, F. DESRAMAUT (ed.), La vita di preghiera del religioso salesiano, Lyon 10-11 settembre 1968 (Colloqui sulla vita salesiana, 1), Leumann (Torno), Elle Di Ci 1969.

Estaba en juego la interpretación que se había acabado por dar al lema lanzado por don Ricaldone en una de sus clásicas cartas circulares del año de la canonización (aguinaldo del Rector Mayor para 1935): Fedeltá a don Bosco santo.12 Se-trataba, en efecto, de interrogarse responsablemente sobre los peligros de un inmovilismo apegado a la repetición del pasado con el riesgo de despegarse de la sociedad pluralista en la que entraba francamente el mundo juvenil. El lema de 1934-35 tenía que completarse de acuerdo con las necesidades de una puesta al día: «la fidelidad a don Bosco santo y sus riesgos». Pero no era difícil argumentar a favor de la renovación: sí en el Giovane provveduto había reunido el santo autor (y esto se deducía de un detenido estudio filológico-histórico) las prácticas piadosas de las parroquias de las que procedían los jóvenes de los oratorios y los colegios, y a las que recurrirían idealmente, resultaba que la fidelidad al santo fundador tenía que llevar a sus hijos espirituales a dejar en el santuario de una biblioteca ( ¡y no entre los libros destinados al pudridero!) el Giovane provveduto y suplirlo por fórmulas apropiadas para incorporarse al movimiento litúrgico, al ecuménico y en general al sentido de colectividad humana que, a pesar de la guerra fría y los agudos conflictos sociales, latía vivo y actual en el mundo juvenil.


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