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El título general de la obra

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El título general de la obra

El título del primer volumen de las Memorias (destinado a convertirse después en el de la obra completa, con las únicas variantes introducidas al progresar la causa de beatificación y canonización de don Bosco) es el siguiente: Memorie biografiche di don Giovanni Bosco, raccolte dal sac. salesiano Giovanni Battista Lemoyne, vol. 1.12 Revelaba una cierta modestia.'3 Igual que don Bosco había compuesto, no una historia verdadera y propia de su obra, sino de las Memorie dell'Oratorio di S. Francesco di Sales, es decir, de las Memorie per ser-vire alla storia dell'Oratorio di S. Francesco di Sales, don Lemoyne, si atendemos sólo al título del primer volumen, se puso a escribir sobre el fundador de los salesianos, no ya una biografía en el sentido técnico del término, sino unas Memorie biografiche, es decir, unas Memorie per servire alla biografía del santo turinés. Pero dejemos la fachada para entrar en el monumento. La verdadera intención de su autor y el género de su obra aparecen en las primeras frases del prefacio. El autor escribe en ellas: «Coll'affetto di fratello amatissimo presento al cari Salesiani la biografía del nostro venerato Padre in Gesú Cristo don Giovanni Bosco»." Quedamos así mejor informados: con su grueso volumen sobre la juventud de Juan Bosco, quería ofrecer a los salesianos las premisas de una biografía de don Bosco.

  1. El predominio de don Lemoyne sobre el conjunto

La rapidez con que don Cenia terminó las Memorias entre el 1930 y 1939 se explica sólo si se presta atención al inmenso trabajo preparatorio de don Lemoyne y a la confianza sin reservas que tuvo don Cenia en él. G.B. Lemoyne dio a las Memorias sus fuentes, su arquitectura general y, también para los diez volúmenes que no pudo redactar, la forma de relato, al menos hasta cierto punto. En este ensayo sobre el método de trabajo de los tres autores de las Memorias biográficas, me detendré preferentemente en Lemoyne, aunque sea sólo autor de los nueve primeros volúmenes de la colección.

  1. La búsqueda y sistematización de los documentos

La búsqueda, la comprensión y, finalmente, la utilización de los documentos, son las tres etapas de un trabajo en el que el historiador de don Bosco revelará su calidad profesional. Don Lemoyne quiso reunir todos los documentos aptos para enriquecer, por poco que fuese, su relato sobre don Bosco y su obra. Aunque amplio, no era otra cosa, en el ánimo del compilador, que un «relato» sobre don Bosco. Tenía en cuenta, por tanto, sólo (o poco menos) los elementos narrativos. Los planos de construcción, las fotografías, los libros de contabilidad, los registros escolares..., que exigían un tratamiento especial, quedaron ignorados casi siempre. Sus preferencias iban siempre hacia textos ya redactados por testimonios inmediatos y, en primer lugar, los de don Bosco.

. Edic. extra-comercial: San Benigno Canavese, Scuola Tipografica, Libreria Salesiana 1898.

" Se puede ver, sobre esta cuestión, mi libro: Les Memorie 1 de Giovanni Battista Lemoyne. Étude d'un ouvrage fondamental sur la jeunesse de saint Jean Bosco, Lyon, Maison d'études SaintJean-Bosco 1962, p. 84-86.

" MB I p. VIL

Como director dal colegio de Lanzo (1865-1877), don Lemoyne había recogido con el mayor cuidado las «Buenas Noches», las platiquitas y cartas de don Bosco a sus jóvenes. Cuando llegó a ser su secretario en Turín, en diciembre de 1883, ayudado por otro apasionado de don Bosco, que era también un archivero decidido, don Gioachino Berto (1847-1914), recogió todo lo que pudo encontrar de él. Preguntó y cribó a los testigos de su vida pasada. Los relatos sobre la madre de don Bosco, Margarita Occhiena, de la que publicó la vida en 1886, le interesaron mucho. Tuvo que poner en claro el contenido de agendas, cuadernos, libros de notas no suficientemente legibles. Y con frecuencia, después de una elaboración destinada a hacer el relato fácil de seguir, empezó a clasificar sus materiales, con fragmentos casi siempre recortados según la cronología de don Bosco, y a ordenarlos en los registros de los Documenti per scrivere, que se convirtieron así en una inmensa cantera para uso del historiador del gran hombre. Empezó la confección de estos registros en 1885, en una época en la que la recogida de documentación estaba sólo en sus comienzos. En otras palabras, el trabajo heurístico y el de redacción — efectivamente, los Documenti constituían una primera redacción — fueron al mismo paso para don Lemoyne. A medida que llegaban a su conocimiento, incluía las nuevas piezas en sus registros. Sin embargo, a partir del proceso de don Bosco, se decidió a pasar a una nueva etapa: las declaraciones de los testigos, fragmentarias como la crónica, entraron a formar parte de los expedientes preparados más directamente con vistas a la redacción de los diversos volúmenes de las Memorias biográficas. Don Lemoyne, en efecto, se preguntó con la mayor diligencia posible sobre los testimonios producidos en el proceso informativo de canonización realizado en Turín en los años 90. Contrariamente a lo que dejaría entender una nota contenida en su introducción general, utilizó las deposiciones de ese proceso ya en el primer volumen de sus Memorias, aparecido en 1898 y que se refería a los años de la juventud de nuestro santo.

Cada día nos damos cuenta mejor de que las Memorias biográficas son una inmensa colección de mosaicos de documentos biográficos, recortados en trozos e introducidos en una trama de artículos distribuidos a su vez en capítulos y en libros más o menos homogéneos. Su historia debería por tanto suponer el análisis de la mole de documentos que se acumuló entonces sobre don Bosco, especialmente por don Lemoyne. En este momento del estudio, no puedo hacer más que enumerar las principales piezas y añadir alguna palabra sobre su interpretación.

Eran escritos del mismo don Bosco: las Memorie dell'Oratorio que se refieren a los años 1815-1855, el testamento espiritual,' las cartas circulares o personales; las biografías publicadas sobre Comollo, Savio, Magone, Besucco, Cafasso; los relatos manuscritos o impresos sobre la vida de su obra; los registros, el viaje a Roma en 1858, la consagración de la iglesia de María Auxiliadora, las «meraviglie» o «grazie» atribuidas a María venerada en Valdocco...; los reglamentos y las constituciones de su obra local (de Turín) y bien pronto mundial (la congregación salesiana, la unión de los cooperadores salesianos...).

Las notas menores o los esquemas le interesaban a don Berto, que los pasaba a don Lemoyne.

Después de don Bosco venían los que le habían escuchado o al menos sus contemporáneos, que habían escrito cosas vistas u oídas de él. Probablemente conviene iniciar esta serie con la Storia dell'Oratorio, que Giovanni. Bonetti (1838-1891) publicó por entregas en el «Bollettino Salesiano» en vida de don Bosco y que se convirtió después en un grueso volumen titulado: Cinque lustri dell'Oratorio salesiano fondato dal Sac. Don Giovanni Bosco.'6 Se añadirá a la Storia las entregas del «Bollettino» de los últimos años de don Bosco sobre las Passeggiate autunnali. Las actas de las reuniones de los directores salesianos, del «capítulo superior» y de los capítulos generales de 1877 a 1886 figuraban también en la documentación recogida por don Lemoyne. Pero él daba mayor importancia a las agendas o cuadernos de recuerdos y a las observaciones de los siguientes testimonios: Domenico Ruffino (1840-1865), Giovanni Bonetti (del que acabamos de hablar), Antonio Sala (1836-1895), Gioachino Berto (citado antes), Giulio Barberis (1847-1927), Francesco Cerruti (1844-1917), Giovanni Garino (1845-1908), Giuseppe Lazzero (1837-1910), Francesco Provera (1836-1874), Carlo Maria Viglietti (1864-1915), Pietro Enria (1841-1898), Giovanni Battista Francesia (1838-1930), Secondo Marchisio (1857-1914)... En esta lista conviene poner también a don Lemoyne que, contra una leyenda tenaz, no se deshizo en absoluto sistemáticamente de sus notas personales. Don Rua había compuesto un precioso Libro dell 'esperienza, un Necrologio..., y había escrito también notas frecuentes en pequeños trozos de papel. A esta serie ya larga, los futuros historiadores añadirán los cronistas que a veces sólo fueron copistas: Gresino, Ghigliotto, Peloso, Dompé, Vignolo, Veronesi y otros, cuya letra se puede identificar consultando colecciones de anécdotas o de «sueños», reunidas en los archivos salesianos de Roma.

'5 Cf. Memorie dal 1841 al 1884-5-6, que F. Motto ha publicado en RSS 4 (1985) 73-130.

16 Cf. G. BoNETA Cinque lustri dell'Oratorio salesiano fondato dal Sac. Don Giovanni Bosco, Torino, Tip. Salesiana 1892. Hay que advertir que don Lemoyne recogió en los Documenti las columnas del «Bollettino Salesiano» y no las páginas de los Cinque lustri, que, al parecer, no fueron usadas, como tales, en la composición de las MB.

Evidentemente no es el caso de formular juicios generosos y válidos para todos estos testigos, y menos aún para cada uno de los episodios contados por ellos y para todas las frases de don Bosco transmitidas por ellos, como si su proximidad al héroe de la historia tuviese que garantizar de modo absoluto la objetividad, la lucidez, la exactitud... de sus apuntes. Hay que «comprender» estos documentos. El género literario de las crónicas deberá interesar de cerca al comentador. Se distinguirá la reportatio inmediata, del recuerdo más o menos lejano; el acta, del testimonio posterior; el testimonio directo, del testimonio indirecto; el sueño, de la parábola onírica; el mismo testimonio, de su comentario, autorizado o no, y también la formulación original, de la formulación elaborada. Aquí los ejemplos se amontonan a centenas, tal vez a millares. El billete de don Rua sobre el apelativo de «salesiano»17 no fue en absoluto (aunque lo deje suponer don Lemoyne cuando escribe: «... ne tenue memoria in un suo scritto», una especie de acta de la reunión de enero de 1854, sino una nota escrita por don Rua, probablemente pedida por el biógrafo, 40 ó 50 años después del hecho.' A su vuelta de Roma en febrero de 1870, don Bosco dio una larga conferencia a los salesianos de Valdocco para informarles de su viaje. El resultado fue una reportatio, que don Lemoyne publicó en sus Documentí casi con los términos percibidos por un testigo auricular atento. ¡Pero cuántas «Buenas Noches» dieron origen a breves resúmenes!... Cuando Bonetti en 1861-1863 o Viglietti en 1884-1885 recogían de los labios de don Bosco recuerdos de su vida pasada, que se apresuraban a escribir en sus cuadernos, se trataba de testimonios directos, aunque, por otra parte, muy posteriores a los hechos referidos y, por tanto, expuestos a todas las reconstrucciones fantásticas del recuerdo. Pero los mismos testigos podían anotar también historietas que circulaban en el ambiente, que otros tal vez habrían negado si hubiesen llegado a conocerlas. Se trataba de «cose che si raccontano», como escribía Ruffino al comienzo de algunas anécdotas sobre don Bosco. Un cuadernito de Giovanni Bonetti (20 hojas, de las que sólo hay 10 escritas) encierra seis episodios sorprendentes, todos de origen no precisado: «Mirabile conversione di un ateo»;19 «II giovanotto risvegliato da morte»;" «11 cane grigio»;21

«Le castagne»;22 «Moltiplicazione delle ostie»." Son anécdotas que, auténticas o no, se publicaron sólo mucho tiempo después de haber sido registradas. Estaría bien no darles más crédito de lo que merecen historietas que se cuentan para prevenir prejuicios o ideologías dominantes en los diversos grupos humanos.

" Cf. MB V, 9.

18 En efecto, don Lemoyne no lo tuvo presente cuando compuso sus Documents*, por tanto

hasta 1891; y la crítica interna apoya tal datación tardía. " Cf. MB IV, 156.

20 Cf. MB lIL 495.

21 Cf. MB IV, 416.

22 Cf. MB 111, 576.

23 Cf. MB III, 441.

Se podrían hacer observaciones análogas a propósito de las deposiciones reunidas con ocasión del proceso de canonización de Bosco y que fueron a parar a las Memorias biográficas. En su conjunto eran muy preciosas y muy interesantes. Desfilaron por Turín sacerdotes diocesanos, sacerdotes salesianos, coadjutores salesianos y seglares: Giovanni Bertagna, Gioachino Berto, Secondo Marchisio, Giovanni Giacomelli, Felice Reviglio, Giacomo Manolino, Giuseppe Turco, Giovanni Filipello, Giorgio Moglia, Giacinto Ballesio, Angelo Savio, Francesco Dalmazzo, Giovanni Branda, Pietro Enria, Leonardo Murialdo, Giovanni Cagliero, Francesco Cerruti, Giovanni Battista Piano, Giuseppe Rossi, Giovanni Villa, Giovanni Battista Francesia, Luigi Piscetta, Giulio Barberis, Giovanni Battista Lemoyne, Giovanni Bisio, Michele Rua, Giovanni Turchi, Ascanio Savio, Giovanni Battista Anfossi, Domenico Bongioanni, Giuseppe Corno, Antonio Berrone y otras trece personas, hombres y mujeres, convocadas especialmente para aclarar problemas referentes a milagros. Don Pietro Stella ha tratado de clasificar a estos testigos para empezar a sopesar sus testimonios. Desde un punto de vista ideal, haría falta seguir los meandros da cada elemento de estas deposiciones, remontándose a sus fuentes de información y a la misma mentalidad de las personas interesadas. Se debe saber que las afirmaciones más absolutas sobre la ascesis de don Bosco nos llegan — salvo mejor información — de don Berto, que era un hombre escrupuloso y más o menos obsesionado. El mismo Berto y su hermano en religión Giulio Barberis realizaron largas declaraciones en el proceso a partir de los Documenti de don Lemoyne, que podían consultar y copiar a placer en Valdocco. A veces los utilizaron de modo servil. Por eso las aproximaciones, hasta los errores de sus fuentes, reaparecían, más aumentadas que corregidas, en sus deposiciones. Lo hicieron indudablemente con la mejor buena fe del mundo. Pero se aceptará que varios testimonios del proceso de don Bosco podían tener a sus espaldas una ya larga historia, cuyo conocimiento es indispensable para quien quiere comprenderlos. Otra advertencia más bien de carácter general: la forma llamada «definitiva» de las crónicas y las actas, hecha propia por el autor de las Memorias, no es siempre, o con frecuencia, la que salió de un tirón de la mano del redactor. Por lo que se refiere a las crónicas, el caso más interesante me parece que es el de Carlo Maria Viglietti en su relación sobre los últimos años de don Bosco (1884-1888). Distribuido en varios cuadernos, revisado y copiado varias veces, este relato plantea al comentador un montón de problemas especiales. Se descubre que la crónica primitiva resulta la más segura. Sin embargo, hay pasajes añadidos más tarde que no carecen de interés para el conocimiento de don Bosco. En cuanto a las actas: generalmente el secretario designado toma nota de lo que oye o comprende a medida que se desarrolla la sesión. Pero después tiene que componer un texto oficialmente aceptable. Se imponen añadidos, modificaciones, supresiones. Realiza este trabajo generalmente solo, a veces en el consejo. Las formas tomadas de las actas de la primera sesión del Capítulo general de los salesianos de 1877, confiadas a don Giulio Barberis, son — a mi parecer — ricas de enseñanza para el historiador y, por tanto, para la biografía de don Bosco. En efecto, la versión primitiva está llena de frases tachadas y de añadidos, que hay que leer con atención porque permiten conocer el desarrollo del debate. Es verdad que se pueden buscar con preferencia varios rasgos de la mentalidad de los correctores (y de don Bosco el primero de todos): en este caso, los retoques, que no son puramente formales, merecen, también ellos, un examen cuidadoso.


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