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8. La utilización de la documentación

Se dirá con razón que lo que les importaba a estos autores de la primera generación era reunir documentos y hacerlos legibles. Nuestros tres biógrafos lo consiguieron al menos aparentemente, dado que compusieron 19 volúmenes que el público al que se destinaban leyó sin cansarse después de su publicación. Se tradujeron a tres idiomas (inglés, holandés, español). Su volumen es, por lo menos, un índice de la abundancia de los documentos vertidos en esta especie de enciclopedia histórica salesiana primitiva... Se impone rendir aquí un homenaje a don Lemoyne, editor de cartas privadas y circulares, recolector de artículos de periódicos o de pequeños impresos en sus Documenti per scrivere... Rindió un servicio sin precio a la historia de don Bosco. A su vez, como es frecuente después de don Lemoyne, don Amadei y don Cenia publicaron en los volúmenes X-XIX un notable número de piezas originales. Los anexos que contienen documentos impresos en carácter pequeño en los volúmenes de don Cenia, cada vez más abundantes a medida que la vida de don Bosco se iba vertiendo de su pluma, son ya de gran ayuda a los que los han consultado. (Una especie muy rara, es verdad, entre los que divulgan y comentan a don Bosco, que prefieren el relato fluido). Los «documenti» reproducidos con cuidado (he podido verificarlo) en los Documenti de don Lemoyne y en los anexos de don Amadei y de don Cenia, responden a las expectativas de los historiadores de don Bosco. Así, para la historia del largo viaje de don Bosco a Francia en la primavera de 1883, se encuentran informaciones de primera mano y, portanto, material utilizable registrado en las 70 piezas o conjunto de piezas (cartas, crónicas, notas de sesiones, memorias, artículos de periódicos) publicadas en el apéndice del volumen XVI de las Memorias biográficas...

4° P. SCOPPOLA, Italie. Période contemporaine, en: Dictionnaire de spiritualité, vol. VII, 2° partie, Paris 1971, coll. 2296-2297.

4' Esta observación, como otras varias reproducidas aquí, está tomada de G. BACHELARD, La formation de l'esprit scientifique, citado en la nota 24.

42 Cf. el excelente librito, ya citado, de MARROU, De la connaissance historique, p. 146-168, el párrafo sobre «l'usage du concept».

43 MB I, p. IX.

Pero queda lo demás, de lo que lo mejor está mezclado de modo inextricable a lo menos bueno o rechazable, con la aplicación de procedimientos redaccionales que tal vez se empieza a entrever. Nuestros autores se atenían a una concepción del relato histórico producido, que me permito calificarlo también como precientífico. Según esa concepción, los documentos no eran sino el calco de una historia vivida y su forma específica era indiferente. Bastaba organizarlos y presentarlos de modo coherente. Sólo la originalidad (la singularidad) del detalle interesaba al hagiógrafo. Sin duda habría escrito — así pensaba— la mejor historia con el máximo de piezas alineadas, dispuestas e insertadas en un relato que, gracias a ellos, resultaría sumamente rico. Volvemos a encontrar el «sustancialismo» avaro del espíritu precientífico.

La incuria hacia la forma peculiar, frecuente hacia el género y siempre hacia el «sentido» del documento, aparece de nuevo en la misma composición del texto de las Memorias que, como se recordará, comenzó con los Documenti. Para iluminar al lector, probablemente conviene advertir que esa obra de «compilación» empezó, en cuanto a piezas como los «sueños» de don Bosco, aún antes de los Documenti... por interés de don Lemoyne (y también, creo, de don Berto). Lo importante, al componer el relato, era reflejar la «realidad», que emergía del conjunto de los detalles de los hechos, según se creía, pero equivocadamente. (La alta precisión, sobre todo de los números, es, nos dice Gaston Bachelard, otros rasgo de la mentalidad precientífica. El hombre dotado de espíritu científico tiene la modestia de lo probable y lo aproximado, sobre todo en campo histórico...). Por tanto, un testimonio debidamente atribuido a un personaje designado por su nombre puede enriquecerse con informaciones paralelas; un discurso dado como pronunciado una noche podrá corregirse e interpolarse con la ayuda, no sólo de recuerdos complementarios sobre los discursos, sino también con rasgos que se refieran a hechos (a veces oníricos) presentados en aquéllos, y asumir formas de proporciones extraordinarias, que habrían asombrado a personas no avisadas. O bien, si el género de los testimonios reviste relativa poca importancia, se construirá un relato en primera persona y, si hace falta, se pondrá en labios o en la pluma de don Bosco para dar color o dramatizar un capítulo o un párrafo. Desde el momento en que los detalles son exactos, y que lo son todos, la elección de un subgénero literario (cita del texto, testimonio personal, «palabras» del testigo citado, discurso en forma...) importa muy poco. Es sólo cuestión de estética, piensa nuestro biógrafo.

Para seducir a su lector, hará hablar con gusto a su héroe en primera persona. Por eso bastará las más de las veces reproducir textos de don Bosco o discursos tomados al vuelo por sus discípulos. Don Lemoyne no se contentaba con «citas» que, por abreviar, llamaremos «auténticas» (y que no lo eran siempre). A sus escritos y relatos homogéneos añadía, sin notificarlo previamente, intervenciones directas o indirectas de don Bosco y que pertenecían a otros momentos de su vida, como también de otras personas. Logró así, sin quererlo, hacer asumir a don Bosco un lenguaje absolutamente extraño sobre sus labios y en su pluma, de hombre sencillo y directo. En las Memorias biográficas, el relato de la primera misa de don Bosco, el domingo 6 de Junio de 1841 en la iglesia da san Francisco de Asís en Turín, se cuenta de modo inequívoco: «Nel noto suo manoscritto D. Bosco scrive ancora quanto segue... ».44 Don Lemoyne se refería sin duda a las Memorie dell'Oratorio, en las que leemos: «... ed ho celebrato la mía prima messa nella chiesa di S. Francesco d'Assisi, dove era capo dí conferenza D. Cafasso. Era ansiosamente aspettato in mia patria, dove da molti anni non si era piú celebrata messa nuova; ma ho preferito di celebrarla in Torillo senza rumore, e quello posso chiamarlo il phi bel giorno della mia vita. Nel Memento di quella memoranda messa ho procurato di fare divota menzione di tutti i miei professori, benefattori spirituali e temporali, e segnatamente del compianto D. Calosso, che ho sempre ri‑cordato come grande ed insigne benefattore. ».45 Este pequeño relatode un día entre los mayores de la historia de un santo aparece mezquino y, en todo caso, insuficiente a don Lemoyne, que tenía más cosas que decir a propósito. A las nueve líneas de las Memorie dell'Oratorio corresponden, entre comillas, más de 20 líneas en las Memorias biográfkas.46 Después de haber seguido ocho líneas del manuscrito que poseemos, con pequeñas variantes, además (el añadido del nombre de don Cafasso...), nuestras Memorias se apartan de repente, para volver después de otras seis líneas y, por fin, volver nueva y definitivamente al final del tema. La reconstrucción de don Lemoyne resulta de este modo: «... La mia prima Messa l'ho celebrata nella chiesa di S. Francesco d'Assisi, dove era capo di conferenza D. Giuseppe Cafasso, mío insigne benefattore e direttore. Era ansiosamente aspettato in mia patria, ove da varii anni non si era celebrata Messa nuova; ma ho preferito celebrarla in Torillo senza rumore, all'altare del S. Angelo Custode, posto in questa chiesa dal lato del Vangelo. In questo giorno la Chiesa universale celebrava la festa della SS. Trinitá, l'archidiocesi di Torino quella del miracolo del SS. Sacramento, la chiesa di S. Francesco d'Assisi la festa della Madonna delle Grazie, quívi onorata da tempo antichissimo, e quello posso chiamarlo il piú bel giorno della mia vita. Nel memento dí quella memoranda Messa ho procurato di fare devota menzione di tutti i miei professorí, benefattori spirituali e temporali, e segnatamente del compianto D. Calosso, che ho sempre ricordato come grande ed insigne benefattore. E' pia credenza che il Signore conceda infallibilmente quena grazia, che il nuovo sacerdote gil domanda celebrando la prima Messa; io chiesi ardentemente l'efficacia della parola, per poter fare del tiene alle anime. Mi pare che fi Signore abbia ascoltato la mia umile preghiera».

44 MB I, 519. MO 115. 46 MB I, 519.

El fragmento autógrafo se ha ampliado en dos tiempos principales, primero en los Documenti y después en las Memorias biográficas de 1898. Fue alargado a partir de los Documenti II, es decir, en 1885. El texto de las Memorie dell'Oratorio: «... e ho celebrato la mia prima messa» se reproduce allí hasta la frase que se refiere a don Calosso, es decir, como totalidad del relato de aquel día. La perícopa sobre la gracia de la eficacia de la palabra — que no carece de interés para el conocimiento de la psicología de don Bosco — entra entonces en escena. Se lee: «... e ho celebrato la mia prima messa nella chiesa di S. Francesco d'Assisi dove era capo di conferenza D. Cafasso. Era ansiosamente [...] del compianto D. Calosso che ho sempre ricordato come grande ed insigne benefattore. É pia credenza che fi Signore conceda infallibilmente quella grazia che il nuovo sacerdote gli domanda celebrando la prima messa. Io chiesi ardentemente l'efficacia della parola. Mi pare che fi Signore abbia ascoltato la mia umile preghiera. Lunedl...».47 Este añadido, derivado seguramente de un testimonio escrito, que tal vez aparezca algún día, empezó a deformar el relato original de don Bosco. La alteración se agravó después de la muerte de este último. Don Lemoyne insertó en las primeras líneas en limpio de los Documenti algunas fórmulas sacadas de la memoria autógrafa que llamamos Testamento spirituale de don Bosco. A él se debe el giro: «La mia prima Messa l'ho celebrata», como también, para designar a don Cafasso, las palabras: «Giuseppe» y «mio insigne benefattore e direttore».48 Él tomó también de la deposición hecha en el proceso por don Ascanio Savio el inciso circunstancial: «per poter fare del bene alle anime», inciso puesto como comentario de la oración para obtener eficacia de la palabra.49 Finalmente, sobre las fiestas diversas del 6 de Junio de 1841, él puso en el texto de don Bosco las informaciones que un liturgista le había dado el 11 de diciembre de 1891, en nombre del rector de la iglesia de san Francisco de Asís, de Turín, don Luigi Dadesso: «Ho fato le ricerche che la S.V. Ill.ma desiderava nei registri di questa Chiesa ed ho trovato che il M.R.D. Bosco Giovanni celebró appunto la prima sua messa i16 giugno 1841 e la celebró all'altare del Santo Angelo Custode posto in questa chiesa dal lato del vangelo». Lorenzo Romano seguía, aparentemente como cosa suya: «E in questo giorno la Chiesa universale celebrava la festa del SS. Sacramento, la Chíesa di S. Francesco d'Assisi la festa della Madonna delle Grazie onorata in delta Chiesa da tempo antichissimo...».5° Este es el origen de las siguientes eruditas lineas de nuestras Memorias: «... all'altare del S. Angelo Custo- de, posto in questa chiesa dal lato del Vangelo. In questo giorno la Chiesa universale celebrava la festa della SS. Trinitá, l'archidiocesi di Torino quena del Miracolo del SS. Sacramento, la chiesa di S. Francesco d'Assisi la festa della Madonna delle Grazie, quivi onorata da tempo antichissimo». Su presencia sorprende en un escrito de don Bosco. El método de trabajo de don Lemoyne lo explica. Indiferente a la naturaleza (o a la «forma») de las mediaciones documentales: cartas, testimonios directos, testimonios indirectos, escritos, «palabras» referidas, discursos escritos, discursos escuchados o «referidos», etc., escogía sin ningún rigor las formas particulares de su exposición. Los detalles de la sustancia — lo único importante a sus ojos — podían incluirse en un comentario, en un discurso o en una cita entre comillas. La pretendida cita del «noto manoscritto» de don Bosco sobre su primera misa en san Francisco de Asís es una amalgama de fragmentos heteroclíticos (aunque de buena calidad), que instruyen sobre el hecho, pero engañan sobre el héroe, sobre su estilo, sus recuerdos y sus sentimientos exactos... No vayamos a imaginar un manuscrito perdido o desconocido de don Bosco sobre el período, como lo hace casi instintivamente casi la totalidad de los lectores de las Memorias biográficas. Este texto atribuido imprudentemente a la mano de don Bosco fue de hecho una composición de don Lemoyne 5' veces son fieles y nunca son seguras. Como el hecho en cuestión se presentaba en varios relatos paralelos, el documento «citado» venía retocado e interpolado.

47 Documenti II, p. 6.

48 Cf. la citada edición de Mono, Memorie da11841, p. 20; y MB I, 519.

Aplicó este procedimiento docenas o, tal vez, cientos de veces en el conjunto de sus Memorias biográficas. Las citas, aun las de don Bosco,.sólo raras

" La añadidura se debe ciertamente a Ascanio Savio, ad 13um, a quien se debe también la otra parte del texto, no citado, de las MB I, 519. Se lee: «Posso solo attestare, che egli, come disse, in occasione della sua ordinazione tra le grazie aveva domandato il dono della parola per far del bene alle anime. A mio giudizio egli ottenne abbondantemente la grazia»... (Ascanio Savio, Processo ordinario della curia di Torino, ad 13um, fol. 4552).

5° Carta de Lorenzo Romano a G.B. Lemoyne, Torino, 11 diciembre 1891, transcrita en: Document:* XLIII, p. 9.

51 El último biógrafo que se ha dejado llevar por esta cita apócrifa es el prudente S. CASELLE, Giovanni Bosco, Chieri, 1831-1841... Torino, Acclaim 1988, p. 208

Es necesario insistir sobre este aspecto del trabajo de don Lemoyne y, de carambola, de los otros dos autores de las Memorias, que pudieron basarse en sus Document ya elaborados. Sus citas son más o menos inutilizables como tales. El comentador tendrá que detenerse sobre las que pudieran ofrecer una idea particular (y falsa) de los personajes puestos en escena. La historia de la Sagra di S. Michele contada por don Bosco a sus muchachos de excursión con una precisión extrema, inesperada hasta en un narrador dotado de buena me-moría, es otro caso duramente demostrativo, porque es muy fácil identificar el texto original.

Leemos en el volumen IV de las Memorias, en el relato de un paseo de 1850, estas lineas puestas en labios de Bosco que habla a sus muchachos:

«Perció disse loro: Questo santuario di S. Michele delle Chiuse detto comunemente La Sagra di S. Michele, perché consacrato ad onore di quest'Arcangelo, é una delle piú celebri Abbazie dei Benedettini in Piemonte. Da semplice romitaggio che era verso l'anno 990, fabbricato ad ispirazione di S. Michele da un certo Giovanni da Ravenna, uomo di santa vita, che era coló ritirato, fu mutato pochi anni dopo da Ugone di Montboisier detto lo Scucito, gentiluomo dell'Alvernia, in maestosa chiesa di stile gotico, con un grande Convento anneso per l'abitazione dei monaci... ». El relato sigue por más de una página: Hugo de Montboisier confió los trabajos de construcción a «Atverto o Av-yerto», abad de Lusathe, en Francia. Cuando se terminaron los trabajos, éste hizo venir monjes benedictinos al nuevo monasterio; ellos eligieron a Atverto como abad. En la abadía llegaron a ser muy pronto hasta 300 monjes. En 1383, decaída la primitiva disciplina, se convirtió en abadía comendaticia bajo el protectorado de los condes de Saboya hasta la invasión francesa de comienzos del siglo El narrador termina su erudita exposición con la historia del Valle di Susa y de la victoria de Carlomagno sobre el rey de los lombardos...52 Y aquí se cierran las comillas. ¡Varios lectores y comentadores, aun veteranos, quedaron extasiados ante la erudición de don Bosco! Cayeron en la trampa de nuestro biógrafo, que creyó poder aplicar aquí sus procedimientos de dramaturgo.

Hacia 1880, el «Bollettino Salesiano» había narrado en un opúsculo la Storia dell'Oratorio, que fue, como sabemos, una de las buenas fuentes de las Memorias. El texto reseñado arriba figura en el capítulo XXVIII de esa Stork, publicada en el número de abril de 1881 del «Bollettino». En él se lee el artículo titulado: Visita alía Sagra di S. Michele y en nota de la página 15, una larga reseña histórica, probablemente copiada por el autor, Giovanni Bonetti, de una enciclopedia. Bastará volver a leer las primeras lineas para comprender el mecanismo que dio lugar al relato atribuido a don Bosco en las Memorias biográficas. «II santuario di S. Michele della Chiusa, detto comunemente La Sagra di S. Michele, perché consacrata ad onore di quest'Arcangelo, una delle piú celebri Abbazie dei Benedettini in Piemonte. Da semplice romitaggio che era verso l'anno 990, fabbricato ad ispirazione di S. Michele da un certo Giovanni da Ravenna, uomo di santa vita che s'era cola ritirato...» etc. No falta ni siquiera el episodio de la estratagema de Carlomagno en el Valle de Susa para vencer a los Lombardos." En cuanto a Bosco, una sola cosa es segura: durante la excursión, charló con gusto con sus muchachos. Don Lemoyne aprovechó el episodio para presentar a sus lectores la Sacra di S. Michele, monumento que interesaba — muy de lejos, a decir verdad — a la historia salesiana.

32 MB IV, 118-119.

Se sabe que no tuvo ningún escrúpulo al llamar «testamento» de don Bosco a sus cooperadores a una composición encontrada — según dijo — entre los papeles del santo inmediatamente después de su muerte, provista del escrito: «Da aprirsi dogo la mia morte». Puso un ejemplar impreso en sus Documenti acompañado de la presentación: «Ecco il prezioso documento». Don Ceria, muy fiel a sus principios, siguió por desgracia a su hermano en las Memorias biográficas:55 libre, no obstante, para reconocer un día la verdadera historia de tal pretendida carta autógrafa, que era, en cambio, una redacción de Giovanni Bonetti.56

Don Lemoyne reunió los fragmentos, los yuxtapuso, los interpoló uno en otro en nombre de lo que creía que respondía a la verdad y de todo ello resultó en algunos casos — poco frecuentes, pero infinitamente fastidiosos — una falsa caracterización. El mosaico salía entonces en forma totalmente nueva debida al tratamiento al que el compilador había sometido a los documentos primitivos, de los que cuando procedía reproducía las referencias. La perícopa sobre la primera misa en la iglesia de san Francisco de Asís es un caso. Una amalgama entre las más engañosas es la que se refiere al relato de la audiencia totalmente imaginaria concedida por Pío IX a don Bosco el 12 de febrero de 1870. Cada una de sus piezas es casi «sustancialmente» auténtica, pero la reconstrucción del conjunto es totalmente gratuita. Se trata de una audiencia fantasmagórica." El «razonamiento fiel» de don Lemoyne podía, pues, reproducir las mismas palabras de don Bosco y reflejar el espíritu del fundador de los salesianos. Era, por tanto, una empresa laboriosa la organización de los recuerdos, la selección orientada, las pequeños añadidos, a partir de un universo simbólico en el que nuestro narrador, como todo narrador, estaba enraizado.

53 Storia dell'Oratorio di S. Francesco di Sales, en BS (1881) 1, 15.

54 Document:* XL, p. 324-332.

" MB XVIII, 621-623, con la introducción: «Don Bosco diceva...» 56 Cf. E IV, 393 nota.

" Cf. F. DESRAMAUT, Le récit de Paudience pontifícale du 12 février 1870 dans les Memorie biografiche de don Bosco, en RSS 6 (1987) 81-104.

9. La explicación «carismática» de don Bosco hecha por don Lemoyne

Según su intención general, don Lemoyne no pensaba más que en describir, con la ayuda de una nube de testigos, la vida del hombre extraordinario que había sido don Bosco. Pero, animado por la admiración y al mismo tiempo por un movimiento natural de conocimiento, intentó también aferrar esa vida en su delicadeza y en sus infinitos matices, y penetrar la verdad y sus mecanismos hasta la profundidad de un alma puesta en las manos de Dios. Su descripción se convertía de este modo en explicación. De las palabras y de los hechos se elevaba a sus causas. Así, como toda historia verdadera, la de don Bosco se hacía «inteligible». Recurría por ello a instrumentos conceptuales, sobre los que hará falta reflexionar detenidamente en un estudio riguroso de nuestros hagiógrafos salesianos. En efecto, el principal de los tres colocó a don Bosco una imagen ideal: la que don Lemoyne tenía dentro de sí. Armado con esa concepción, de la que no era necesariamente consciente y que no trató ciertamente de criticar — de tal modo parecía imponérsele — se puso a explicar la vida de su héroe. Creo que se podría escribir un largo capítulo a propósito de este Idealtypus de don Lemoyne. Los historiadores de la mentalidad salesiana podrían estar interesados en reflexionar sobre él, porque, por medio de las Memorias, ha impregnado esa mentalidad hasta un punto difícil de calibrar, pero sin duda muy relevante.

Me refiero sólo a un rasgo mayor que podríamos llamar globalizante. Para don Lemoyne, don Bosco era un hombre carismático en el sentido weberiano del término. Desde su primer encuentro con él (experiencia de Lerma) le había atribuido ese poder. Esta visión influyó después en la interpretación que dio a la vida del santo. Como escribió hace poco Xavier Thévenot, precisamente a propósito de nuestro don Bosco, «el poder carismático se ve como extraordinario y cuando el que lo advierte es creyente, como sobrenatural, es decir, dado por Dios. El que lo posee dice que se siente como investido de una misión que, de algún modo, lo obliga interiormente y lo afianza en su legitimidad. [...] Desde un punto de vista psicoanalítico se dirá que el leader carismático se instaura o vive como un sujeto supuesto dotado de saber y poder. Superidealizado por sus discípulos, se les presenta como dotado de perfección y capaz de triunfar donde otros fracasan. Se acaba por atribuirle una cierta fama de infalibilidad y de omnipotencia, así como también, muy frecuentemente, una singular capacidad de dominio sobre sus deseos agresivos y sexuales: reconocer, en efecto, que el leader está movido por deseos de ese tipo sería infligir un mentís especialmente duro al deseo de omnipotencia infantil sobre el que se levanta el proceso de idealización».58

58 X. THÉVENOT, Don Bosco éducateur et le systéme préventif (Colloque universítaire de Lyon) 1988. Traducción italiana de la ponencia en «Orientamenti Pedagogici» 25 (1988) 701-730.

Cuando leía su propia vida, don Bosco sentía, sin duda, la sensación de que Dios y María le habían conducido, iluminado y sostenido en sus laboriosos intentos, coronados al final por el éxito. Si la «superdeterminación» es, para el psicólogo, el «carácter de una conducta determinada por varias motivaciones concurrentes», entonces pensaba que también él había sido «super-determinado» por el cielo. Afirmó, por ejemplo, haber visto en sueños a la Virgen María, que le indicó, al comienzo de su vida sacerdotal, un terreno de Valdocco (sobre el que, de hecho, se levantó el santuario que conocemos) y le dijo: «Hic domus mea... ». Pero se guardó muy bien de ir más allá. Nunca pretendió haber recibido desde el comienzo una especie de programación divina, con una «vocación» de tal modo clara que le habría bastado con comprenderla y seguirla a lo largo de su existencia. Tal lectura «superdeterminada» (y característica, también ella, según Gaston Bachelard, de un espíritu precientífico), que iba más allá de las «causas segundas»; no podía dejar de frenar y aun reducir a la nada las explicaciones «naturales» y, por tanto, la inteligencia propiamente histórica de la vida del santo. Y es precisamente lo que se dio con don Lemoyne en sus Memorias. No tenía nada del historiador escéptico, que rechaza a priori descubrir un sentido en su historia. Pero ese sentido lo daba prematuramente en función de una primera experiencia nunca verificada seriamente. El buen hombre caía así en el defecto opuesto, también grave, que se llama fantasía. Y don Lemoyne llegó a imponer su óptica «fantástica» con procedimientos muy discutibles.

Efectivamente, la trasposición de fórmulas generales a fórmulas personalizadas atribuidas a don Bosco es especialmente molesta, cuando se trata de comentarios interpretativos del biógrafo, que adquieren de ese modo una autoridad inmerecida. El reciente artículo de las «Ricerche Storiche Salesiane» sobre don Lemoyne como historiador de don Bosco reproduce pasajes de su prefacio a un librito publicado por él en 1889 a propósito del papel de María en la vida de don Bosco. He aquí uno entre varios: «In un sol motto diciamo tutto.

Ogni volta che D. Bosco si accingeva ad un'impresa, parlava come se vedesse chiaramente tutto lo svolgimento piú o meno fortunoso di cíascuna [...] come un capitano di una nave [...] conosce tuna la sua strada prima ancora di partire dal porto. Oh quanto é buona la Madonna!».59 Cuatro años antes, don Lemoyne había manifestado poco más o menos lo mismo en los Documentirn a propósito del ario 1847 cuando, según su texto, había ido don Bosco de Turín a Stresa al lado de Antonio Rosmini, del que deseaba ser discípulo. Descubrimos en medio de un período: «Da parte sua era disposto ad essere obedientissimo a chiunque gli avesse comandato, a nzi avrebbe preferito poter condurre avanti il suo piano sotto la condotta altrui, cioé guidato dall'obbedienza di un superiore. Ma la Vergine Maria avevagli indicato in visione ii campo nel quale doveva lavorare. Esso aveva un piano falto, premeditato, dal quale non poteva e non voleva assolutamente staccarsi. Esso era in modo assoluto responsabile della riuscita. Vedeva chiaramente le file che doveva tendere, i mezzi che doveva adoperare per riuscire nell'impresa, quindi non poteva mandare a vuoto ll suo dísegno con esporlo in baila di altri. In questo auno volle solo osservare se lo poteva eseguire in qualche istituto giá esistente, ma non tardava ad avvedersi che no... ».60 En las Memorias biográficas la fuerza persuasiva de esta reflexión está acentuada al atribuirse al mismo don Bosco. Esta atribución puede, al menos en parte, tener un fundamento. Por lo menos, un paso de las llamadas Cronichette de Barberis, referido a los primeros días de enero de 1876, contenía, en efecto, en primera persona la casi totalidad de las expresiones, y las ponía en los labios de don Bosco. Pero el santo mismo no hacía intervenir a María. El plano le pertenecía a él. Sólo después de las explicaciones de don Bosco, el redactor de la crónica había escrito: «A me pare schíetto e netto che volesse dire cosi: — Maria Vergine mi aveva indicato ín visione iI campo in cuí io doveva lavorare. Mí fece vedere i mezzi da adoperarvi per riuscirvi...» etc. Don Lemoyne en sus Memorias siguió o imitó a este cronista. Tomó su texto de los Documenti y comenzó: «Ma la Vergine Maria, ci narrava piú tardi D. Bosco, mi aveva indicato in visione il campo nel quale io doveva lavorare. Possedeva dunque il disegno di un piano...» etc.61 El «plan» muy humano del fundador se convertía así en una especie de revelación.

39 G.B. LEMOYNE, La Madonna di Don Bosco ossia Relazione di dame grazie concesse da Maria Ausiliatrice ai suoi devoti, Torino, Tip. Salesiana 1889, p. 17s.; BRAMO - ARENAL LLATA, Don Giovanni Battista Lemoyne, p. 113.

Haría falta encontrar, a lo largo de los volúmenes de las Memorias, las frases con las que don Lemoyne atribuye de este modo, sin el menor matiz, a Dios y a María los planes que su discípulo Giovanni Bosco realizó en su vida. Este atajo en la vocación juvenil de don Bosco ha seducido mucho a sus biógrafos. A propósito de la vigilia de su ordenación sacerdotal en 1841 se lee: «A questo punto non possiamo far a meno di fissare lo sguardo sul progressivo e razionale succedersi dei sorprendenti sogni. Al 9 anni Giovanni Bosco viene a conoscere la grandiosa missione, che a luí sará affidata; ai 16 ode la promessa dei mezzi materiali, indispensabili per albergare e nutrire innumerevoli giovani; ai 19 un imperioso comando gli fa íntendere non esser libero di rifiutare la missione affidatagli; ai 21 palesata la classe de' giovani, della quale dovrá specialmente curare il bene spirituale; ai 22, gli é additata una grande cittá, Torino, nella quale dovrá dar principio alle sue apostoliche fatiche e alle sue fondazioni. E qui, come vedremo, non si arresteranno queste misteriose indicazioni, ma continueranno ad intervalli fino che sia compiúta l'opera di Dio. Si dovran dir forse questi mere combinazioni di fantasía? ».62 Pues, sí, querido don Lemoyne: son exactamente «combinazioni di fantasía». Pero son tuyas y no de don Bosco. Efectivamente, tal vez tú lo has olvidado cuando escribías esta conclusión sobre el «progressivo e razionale succedersi dei varü sorprendenti sogni» de juventud; pero si estos relatos de «sogni» fechados por ti a los 16, 19 y 21 años de don Bosco eran, en las páginas anteriores de tu volumen, versiones probables o ciertas del único sueño de los 9 años distribuidas a lo largo de la juventud de Juan Bosco a partir de una información cronológica sumamente débil.°

60 Documenti III, p. 151.

61 MB III, 247. El trozo de la Cronichetta (ASC Barberis, cuaderno 3° sin paginación), todavía

inédita, ha sido reproducido en las microfichas del FdB 796 E 8-10.

62 MB I, 426.

Con estas interpretaciones «superdeterminadas» más o menos gratuitas, la paleta biográfica adquirió tonos maravillosos. Pero la «comprensión» de la historia de don Bosco perdió en las mismas proporciones. Y la aconsejable continuidad entre significante y significado se rompió. En efecto, el hombre que se siente predestinado y que conoce su camino, ve y avanza con paso seguro. Su búsqueda, sus dudas, sus empresas, sus errores, sus descubrimientos y sus retrocesos provisionales, hasta su triunfo, reflejan una especie de teatro de sombras. El papel, el verdadero papel, se declama en otro sitio. ¿Es posible una existencia así sobre la tierra? En todo caso, don Bosco no se expresó nunca sobre su destino (ni sobre su superdeterminación) con la firmeza que don Lemoyne imprudentemente le atribuyó. La gracia de Dios y la intercesión de María son indudables para el creyente, como en el caso de don Bosco. Pero el tipo de superdeterminación que don Lemoyne cree leer en ello daña una correcta reflexión histórica sobre la vida de don Bosco. Un prejuicio inicial la desvía. ¿En qué se convierte, en este caso, el hombre que busca y se adapta constantemente, como fue el verdadero don Bosco?

El Idealtypus de santo, utilizado por don Lemoyne para «comprender» la vida de don Bosco, implicaba otros aspectos, sobre todo de virtudes: la humildad, la dulzura, la bondad..., inducidos, por otra parte, por el carisma de leader. Su influjo más o menos consciente en el espíritu del biógrafo resonó hasta en la reproducción de las palabras y de las frases escritas de su héroe. Su agresividad se vio sistemáticamente debilitada. Por ejemplo, don Lemoyne no admitía que don Bosco se hubiese enfadado [n. del t.: en italiano arrabbiato] (la palabra rabbia se sustituye sistemáticamente con sdegno) o hubiese agredido violentamente a un alumno, ni siquiera soñando... Este fue uno de los graves limites de un trabajo por otra parte colosal.

10. El método de don Celia

Los procedimientos de construcción y de composición de don Amadei, para el X volumen de las Memorias, estuvieron muy próximos a los de don Lemoyne para los tomos precedentes. El clima del relato es casi el mismo. Después, a partir del volumen XI, cambia el tono. La serie de los nueve volúmenes de don Cenia es homogénea. Estos libros están bien escritos y resultan interesantes. Pero esas cualidades no satisfacen las exigencias que tenemos hoy. Nos gustaría saber si, con don Cenia, la historiografía de don Bosco pasa algo o mucho de un estadio «precientífico», en el que se quedó don Lemoyne, a una era más de acuerdo con nuestras doctas (y legítimas) preocupaciones...

63 Traté ampliamente este tema en: Les Memorie I de Giovanni Battista Lemoyne, p. 250-256.

Como se ha dicho varias veces, para llegar a confeccionar la historia de los años que van desde 1875 a 1888 de la vida de don Bosco en un tiempo record, a razón de un volumen por año, a pesar del cúmulo enorme de documentación que había que dominar, don Cenia siguió paso a paso los Documenti ordenados año por año en unos treinta registros (el registro XV se refería a 1875) y referidos al período que debía describir. Hizo algunas investigaciones complementarias, pero en total poco numerosas. Cuando modificó los Documenti, que eran ya, como sabemos, una historia más o menos bien construida sobre don Bosco, no criticó ni «sopesó» nunca, por decirlo de algún modo, las construcciones especiales de su predecesor. No trató de identificar las fuentes que aquel había tenido a disposición. Un ejemplo entre cien. Para el volumen XVIII copió sin referencias, diálogo y comentario incluidos, el relato de la curiosa visita a don Bosco, el 3 de febrero de 1886, de un abogado francés que le preguntó de forma poco discreta sobre los Borbones." El final sonaba así: «Qualcuno dubitó che fosse un agente esploratore della polizia francese, mandato a esplorare le idee politiche di Don Bosco» — especialmente sobre la posibilidad de una restauración monárquica en el país —. «In ogni modo le rísposte del Santo non potevano • destare sospetti né offiire appiglio ad accuse. Era sato semp- re suo sistema di non entrare mai in politica». Ahora bien, ese final existía casi idéntico en los Documenti.

Sin embargo, no se empeñó, como don Lemoyne, en incluir los detalles más nimios en su relato sobre don Bosco. Inmediatamente se permitió resumir párrafos o extraer períodos significativos, libertad redaccional que don Lemoyne nunca se había concedido.

Pero los principios de lectura y de interpretación de nuestros dos hagiógrafos se parecían mucho. Don Cenia, como don Lemoyne, creía que todo testimonio es un reflejo de la vida y, tomado tal cual, permite reconstruirla. No se impuso, por tanto, analizar su recorrido por el mundo, en el espíritu y, si hacía falta, en la pluma del testigo. Este, en efecto, podía haber dejado versiones sucesivas de su testimonio y la última (era el caso de Viglietti) no era necesariamente la mejor. Sin embargo, la experiencia adquirida con la literatura grecolatina lo llevó, creo, a desconfiar a veces de los diálogos y del estilo directo, que pasó, por consiguiente, a relato lineal. Confrontando las Memorias con sus fuentes, los Documenti, nos convencemos del hecho de que insistió menos que sus redactores más frecuentes (no sólo don Lemoyne, sino también don Berto), sobre las predicciones y las profecías, como tales, de don Bosco. Reprodujo, en el mismo relato, los documentos originales, sin permitirse retocarlos. Sus lecturas inexactas, a veces molestas, eran involuntarias.65 Mucho más moderno que don Lemoyne, que se acercó con gusto a Jacques de Voragíne, no cedió sistemáticamente al aspecto maravilloso. Desde nuestro punto de vista, hubo, pues, progreso de una generación a otra. Sin embargo, a este nivel de lectura de la documentación, don Cenia, aunque más prudente o más suspicaz que don Lemoyne, no superó verdaderamente el género literario, calificado como «precientífico», de su predecesor.

64 La fuente documental en: Documenti XXXI, p. 44s., retomada en: MB XVIII, 28-29.

La misma composición del texto de las Memorias demuestra la habilidad de don Ceria al escribir. En sus volúmenes, la materia de los años de vida de don Bosco está siempre organizada, no simplemente yuxtapuesta de modo aleatorio en beneficio de la cronología. Cada capítulo tuvo un título propio que corresponde más o menos a su contenido. El relato es límpido. La historia discurre ágilmente. Para apreciar la obra literaria de don Cenia basta interrumpir la lectura de uno de sus volúmenes y tomar 50 páginas de don Amadei: os parecerá pasar de un jardín con paseos rectos y bien rastrillados a un bosque de arbustos en los que se pierde uno. Al lector del conjunto de las Memorias, los dos 1871-1874 de la vida de don Bosco (narrados por don Amadei) se le presentan enigmáticos. Conserva, en cambio, recuerdos característicos de cada

uno de los años que van de 1875 a 1888 (narrados por don Ceria), con la partida de los primeros misioneros, las fundaciones logradas o fallidas en Francia, los esfuerzos de don Bosco en Roma bajo mons. Gastaldi, el asunto de la Concordia impuesto por León XIII, el gran viaje a París en 1885, el viaje a España 1886, los últimos meses dolorosos de don Bosco. Los debe a la narración clara y grata de don Cenia.

A pesar de todo, las opciones de don Cenia como redactor de las Memorias eran a veces discutibles. Atemperó los episodios duros, dulcificó las propuestas y, a veces, suprimió algunos rasgos desagradables de sus personajes. ¡Comportamiento diplomático las más de las veces! Por otra parte, don Celia mismo me contó una vez en Turín (exactamente el 12 de agosto de 1952) que un canónigo de la curia local le había negado, en 1930, el imprimatur para el volumen XI de las Memorias (el primero firmado por él), porque en él aparecía bajo luz turbia el arzobispo Gastaldi; había hablado del tema con el P. Rosa s.j., de la «Civiltá Cattolica»; este último le había aconsejado presentar su obra como pro-manuscripto, artificio jurídico que le dispensaba del visto bueno de la curia turinesa. Así se pudo publicar el libro. Pero estoy convencido de que don Cenia aprendió la lección del incidente, por ejemplo en el sentido de que debía evitar los personajes eclesiásticos. Así se explican varios silencios y

diversas tachaduras.` Los relatos de don Cenia son siempre moderados: evita señalar los lamentos y los suspiros de don Bosco, como los de todos los presentes en la iglesia de María Auxiliadora cuando partieron los misioneros para Quito;67 dulcifica las propuestas de don Bosco referidas a los inquilini de Valdocco en una reunión del Capítulo superior;" los «molti salesiani hanno nulla di spirito salesiano» de una intervención suya a su Capítulo el 5 de noviembre de 1885 se convierte en las Memorias de don Cenia en: «certi Salesiani hanno nulla di spirito salesiano»...69 Los trazos no tienen, pues, el vigor que desearíamos hoy.

6' Don Ceria hace decir a don Bosco, con ocasión del Capítulo general de 1883, que el «Bollettino Salesiano» debía ser «come un periodico pubblico» (cf. MB XVI, 412), mientras las actas de Marenco, (ASC 046, CG 1883, fol. 6) afirmaban exactamente lo contrarío: ...«non promuoverlo come un periodico».

El problema de la comprensión de la vida de don Bosco por don Cenia merecería muchas lineas basadas en ejemplos y contrastes ponderados. Pero me es difícil hacerlo aquí de modo conveniente. Creo que puedo adelantar esta observación: en su interpretación ordinaria de la vida de don Bosco, don Ceria, a pesar de su sumisión habitual a los relatos y comentarios de sus documentos, evitó los excesos y las sistematizaciones de don Lemoyne;7° pero se esforzó poco por salir de las explicaciones religiosas y maravillosas hacia las que se inclinaba con predilección. Siguió con frecuencia sus fuentes y explicó (sumariamente) a don Bosco como lo habían hecho estas últimas.

11. Observaciones finales

Para concluir ésta muy breve serie de observaciones sobre el método de trabajo de los tres autores de las Memorias biográficas de don Bosco, conviene, creo, pensar en dos categorías de personas cuyas intenciones no son ni mucho menos las mismas. Los que buscan nutrirse espiritualmente con la lectura se‑

.. Me contó el mismo día un percance semejante, que tuvo mayores consecuencias. En 1883,

un revisor — un cardenal, me dijo, si no le entendí mal — le había obligado a suprimir todo el capítulo sobre mons. Gastaldi en las galeradas de su bonito libro, San Giovanni Bosco nella vita e nelle

opere. Acató la orden, pero no sin tristeza. Se encuentra así escrito en las últimas líneas del capítulo XXXEV sobre la iglesia de San Juan Evangelista (p. 283): «Fu uno di tanti dolorosi episodi innestati nella storia di una tribolazione che per la sua natura, per la sua durata e per i suoi effetti fu certamente la piú grave sofferta dal Santo», frase que constituía probablemente el punto de enlace con el capítulo censurado. El texto continúa simplemente: «Ma considerazioni di ordine superiore consigliano di rimettere a tempo e a luogo piú opportuno la narrazione di quelle vicende».

67 Cf. Documenti XXXVI, p. 77 y MB XVIII, 430.

68 Cf. Documenti XXX, p. 521-523 y MB XVII, 581.

69 Cf. Documenti XXX, p. 571 y MB XVII, 586.

" Salta, por ejemplo, en los Documenti, la inverosímil asimilación de las relaciones epistolares de don Bosco con la marquesa parisina de Cessac, a las de san Francesco di Sales y la Chantal.

Cf. Documenti XLIV, p. 461: «Enano una riproduzione di quelle di S. Francesco di Sales alla Chantal», y MB XVI, 231:... «sembra che abbia ricevuto da lui molte lettere di direzione spirituale. Cosi si dice; ma noi finora non ne conosciamo neppure una». Se debe entender: «Si dice nei Documenti...», que tenía delante mientras escribía.

guida de las Memorias biográficas, que son para ellos un libro de devoción. Y los que recorren estos gruesos volúmenes para extraer elementos de estudio (histórico, psicológico, teológico...). Para éstos, son una cómoda colección de documentos sobre don Bosco.

Los primeros disponen, en las Memorias, de una «historia» de don Bosco, que es «verdadera», ni más ni menos que cualquier otra historia en el sentido popular de la palabra, pintoresca, edificante, colorista (salvo el volumen X), rica de hechos y frases aptos para enriquecer el espíritu. Los beneficios de una lectura corrida de las Memorias, controlada por una experiencia que está cerca de convertirse en centenaria, parece por algunos aspectos, evidente. No se pierde el tiempo al dedicarse a ella; al contrario. Aun admitiendo que, también en este nivel, puede haber quien prefiera, justamente, lecturas de don Bosco más «verdaderas» y documentadas.

Sin embargo, esta comunicación va destinada sobre todo a una segunda categoría de lectores, los que se dedican, poco o mucho, a studi sobre don Bosco. El consejo debe ser otro. Partiría de una reflexión, entre las más autorizadas, que me hizo don Cenia, como a varios otros, al final de su vida. «A coloro — me decía más menos con sus palabras — a coloro che intendono scrívere tesi su don Bosco, consiglio sempre di cambiare soggetto. Pin tardi, forse, guando le lettere di don Bosco saranno pubblicate... ». Reconocía que sus Memorias, en las que muchos habían encontrado la fuente única y definitiva de estudios sobre don Bosco, no podían servir de base para estudios rigurosos sobre el mismo. Si se ponen aparte los Documenti publicados como tales por él y por don Amadei al final de sus volúmenes, tenía cien veces razón. En efecto, si los gruesos volúmenes de don Lemoyne y los de sus dos sucesores, ya que dependen de él, fueron construidos según los criterios «precientíficos» de composición e interpretación que he tratado de poner en claro, la autenticidad de elementos que se espigan allí con preferencia, es decir, las propuestas del santo y las observaciones de los testigos más inmediatos de su vida (los cronistas...), no está nunca garantizada. Más aún: no faltan las lecturas repetidas, los apócrifos frecuentes y las historias convertidas en leyendas con la amalgama de diferentes trazos de perspectiva. Sí tienen que hacer una investigación, háganla preferentemente sobre las fuentes mismas de la historia de don Bosco. Las Opere edite solas han consentido a Jacques Schepens redactar su voluminosa e interesante tesis: Pénitence et eucharistie dans la méthode éducative et pastorale de don Bosco. Étude á partir de ses écrits imprimés.7' Que estos investigadores recurran a los escritos autógrafos, a los escritos publicados, a las cartas enviadas o recibidas por don Bosco, a las crónicas o actas, editadas o no, como ha hecho el profesor Luciano Pazzaglia en su excelente estudio sobre Apprendistato e istruzione degli artigiani a Valdocco (1846-1886).72

Roma, Universitá Pontificia Salesiana, 1986, 2 vol.

n Cf. F. TRANIELLO (ed.), Don Bosco nella storia della cultura popolare, Torino, SEI 1987, p. 13-80.

Evitarán así las desventuras en las que han incurrido otros que se han servido de las Memorias biográficas. Citaré uno sóló, del que en mi calidad de miembro del Capítulo general salesiano de 1984, que ha dado origen al texto oficial de las Constituciones, me siento, al menos materialmente, culpable. En el primer artículo de sus Constituciones, renovadas ese año, los salesianos abusaron de una fórmula atribuida a don Bosco por las Memorias biográficas, citada con precisión en nota : «... Formó in lui un cuore di padre e di maestro, capace di una dedizione totale: "Ho promesso a Dio che fin l'ultimo mio respiro sarebbe stato per i míei poveri giovani" » (MB XVIII, 258). De hecho, la crónica de Carlo Viglietti, fuente del logion reproducido en el lugar citado de las Memorias biográficas, hacía decir a don Bosco que había prometido a Dios que «fin l'ultimo mio respiro» sería, no ya, como en el texto transcrito, por sus «poveri giovani», sino por sus «poveri orfanelli», es decir, por los jóvenes abandonados de los que se había convertido en padre. ¡Hay una buena diferencia entre «vivere per i giovani» y «vivere per i giovani abbandonati»!


EL EPISTOLARIO COMO FUENTE DE CONOCIMIENTO Y DE ESTUDIO SOBRE DON BOSCO Proyecto de edición crítica

Francesco MOTTO

Entre los escritos de don Bosco de especial valor, de los que sólo existen ediciones inadecuadas o incompletas, se sitúan, sin sombra de duda, sus cartas. Precisamente a partir de esa consideración, el Instituto Histórico Salesiano, desde sus comienzos, programó, entre los trabajos a los que había que dedicar una atención prioritaria, la edición crítica e íntegra del epistolario del santo." Hace cuatro años se me confió la tarea que se anuncia como una empresa de importancia cultural que supeta cualquier intento celebrativo o ritual, aunque venga a coincidir con el despertarse del interés sobre la figura y la obra del educador piamontés con ocasión del centenario de su muerte.

Este Congreso me ofrece la oportunidad de anticipar ni nuce y extra operam el valor de tal epistolario, el proceso archivista-filológico seguido y la perspectiva hermenéutica dentro de la que se quiere encuadrar el trabajo de recomposición del corpus epistolar.


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