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JUEVES, 15 DE JUNIO DE 2006   

EL ECONOMISTA

4

Opinión

bierno es un ejemplo de norma ne-

cesaria que, si se mantiene con su 

actual redacción, corre el riesgo de 

convertirse en un ejemplo de am-

bos problemas, con autores y dere-

chos fundamentales que no son 

correctamente interpretados. 

En su exposición de motivos, es-

ta iniciativa del Ministerio de Tra-

bajo hace referencia como inspira-

dor de la misma a John Stuart Mill, 

ilustre pensador, defensor del ca-

pitalismo como sistema económi-

co, pero que reconocía deficien-

cias en su funcionamiento y la ne-

cesidad de poner en marcha políti-

cas específicas para solucionar al-

gunos problemas sociales. Entre 

ellos, como explica en su obra El 

sometimiento de la mujer, reivin-

dicó siempre la igualdad entre se-

xos. De acuerdo con las palabras 

que escribió en 1869, “el principio 

regulador de las relaciones entre 

los dos sexos debiera ser sustituido 

por un principio de perfecta igual-

dad que no admitiera poder ni pri-

vilegio para unos ni incapacidad 

para otros”. En línea con esta idea, 

seguramente aplaudiría la idea de 

definir correctamente lo que es el 

abuso o la discriminación sexual y 

promover su desaparición, tal y co-

mo hace el texto del anteproyecto. 

A Stuart Mill su padre, otro co-

nocido pensador británico, le en-

señó que la educación era la herra-

mienta “casi exclusiva del progre-

so de las facultades intelectuales y 

espirituales de los hombres”. Por 

eso también le habrían parecido 

necesarias las medidas previstas 

en la ley en materia de Educación. 

No obstante, teniendo en cuenta 

los datos que publicó reciente-

mente el Centro de Investigacio-

nes Sociológicas (CIS) sobre la es-

casa dedicación de los hombres es-

pañoles a las tareas domésticas, tal 

vez le habrían parecido insuficien-

tes. En este caso, no hace falta ser 

un gran pensador para darse cuen-

ta de que, junto a las herramientas 

previstas para la correcta educa-

ción de los jóvenes en las escuelas, 

se deberían buscar otras que in-

centivasen una actitud paterna 

más comprometida con el objetivo 

de igualdad. Si los padres no se 

convierten en educadores activos, 

todos estos esfuerzos fracasarán. 

Pero el economista inglés era 

también un firme defensor de la li-

bertad. Por eso denunció en diver-

sas obras la inclinación a “exten-

der indebidamente los poderes de 

la sociedad sobre el individuo, no 

sólo por la fuerza de la opinión, si-

no también por la de la legisla-

ción”. Por eso, para poder conside-

rar a este autor el inspirador de la 

Ley de igualdad habría que cam-

biar algunos de sus contenidos, no 

incrementando la ya elevada carga 

burocrática que soportan las em-

presas y la Administración, des-

cartando incluir en la negociación 

colectiva y en la contratación pú-

blica elementos que las complican, 

evitando introducir excepciones al 

derecho de presunción de inocen-

cia que producen inseguridad jurí-

dica, y favoreciendo el criterio que 

debe regir el liderazgo de las em-

presas: que lo ejerzan libremente, 

sin importar el sexo, los más pre-

parados.

 

F

inalmente, el pasado 9 de ma-

yo se alcanzó un acuerdo para 

la reforma laboral entre patro-

nal y sindicatos. El texto presentado 

por el Gobierno y los agentes socia-

les se ha denominado “Acuerdo pa-

ra la mejora del crecimiento y del 

empleo”. 

Podemos estar de acuerdo en 

que el contenido de dicho pacto 

puede ayudar al empleo, puesto 

que la mayor parte del texto se re-

fiere a las ya eternas bonificacio-

nes para la conversión de los con-

tratos temporales en indefinidos, y 

a la conversión en indefinidos de 

algunas de las modalidades tem-

porales por el mero transcurso del 

tiempo. 

Tampoco queremos pasar por 

alto algunos avances de dicho pac-

to, como la novedad respecto a la 

regulación de las contratas y sub-

contratas. 

Sin embargo, creo que también 

podemos estar de acuerdo en que 

el texto acordado no puede consi-

derarse en ningún caso una efecti-

va reforma laboral. 

El Estatuto de los Trabajadores 

nació en el año 1980, y al margen 

de algunas reformas que se han in-

troducido a lo largo de estos años, 

la mayoría de su articulado ha per-

manecido inalterado durante este 

largo período de tiempo. 

Los que nos vamos haciendo 

mayores recordamos muy bien  

cuál era la realidad social y econó-

mica durante esos años de transi-

ción. Y recordamos también muy 

bien cuál era la realidad empresa-

rial de aquel momento. 

Quizás sea preciso recordar que 

por aquel entonces la mayoría de 

nuestras empresas eran de capital 

español, que sólo las grandes em-

presas estaban informatizadas, 

que no existían Internet ni la glo-

balización. La legalización de los 

sindicatos no tenía ni un lustro de 

antigüedad, y nuestra experiencia 

en la negociación colectiva era casi 

nula. No formábamos parte de la 

Unión Europea y las primeras 

elecciones generales se habían ce-

lebrado tres años antes. 

La realidad empresarial nada te-

nía que ver con la de este inicio del 

siglo XXI. Sin embargo, las relacio-

nes laborales continúan rigiéndo-

se por una normativa con más de 

25 años de antigüedad. 

El mercado laboral precisa una 

verdadera reforma, no limitada a 

la incentivación de la contratación 

indefinida, sino una reforma va-

liente, que aborde materias como 

la utilización de las nuevas tecno-

logías, los grupos de empresas na-

cionales y trasnacionales, los com-

plementos a las prestaciones de la 

Seguridad Social, los desplaza-

mientos de trabajadores al extran-

jero, la eliminación de figuras re-

trógradas como la excedencia, y 

así hasta un sinfín de materias que 

deben adaptarse a la nueva reali-

dad social, económica y empresa-

rial de este siglo que iniciamos. 

También es del todo necesario 

ganar flexibilidad y racionalidad 

durante la vigencia del contrato de 

trabajo en materias como el hora-

rio, la jornada y la movilidad fun-

cional y geográfica, materias que 

no pueden mantener su actual ri-

gidez. 

Nuestro país vecino ha vivido 

unos enfrentamientos como no se 

producían desde el nostálgico ma-

yo del 68, y ello por intentar refor-

mar su actual mercado de trabajo 

sin obtener el consenso y mentali-

zación necesarios. 

Por eso, a pesar de conocer todos 

la dificultad de alcanzar un con-

senso entre empresarios y sindica-

tos en materias como las anterior-

mente apuntadas, insistimos en 

que debemos ser valientes y abor-

dar de una vez por todas una ver-

dadera reforma laboral y adecuar 

su normativa a las necesidades ac-

tuales del mundo empresarial. 

Lo que se ha anunciado como 

una reforma laboral no es, ni de le-

jos, lo que nuestro mercado está 

pidiendo, y las pequeñas modifica-

ciones introducidas no adecuan 

nuestro ordenamiento a la reali-

dad social y económica del siglo 

XXI. Otra vez será.

REFORMA LABORAL, OTRA VEZ SERÁ

 C

on los derechos fundamen-

tales sucede a veces como 

con los grandes autores: se 

les cita constantemente pero, ya 

sea por desconocimiento o por in-

tereses particulares, se tiende a ha-

cer una interpretación excesiva-

mente simple de ellos. En el caso 

de las ideas de los intelectuales es-

ta práctica no deja de ser un error 

de concepto o de cultura, pero no 

supone un riesgo para el progreso 

de la sociedad, cosa que sí puede 

suceder con los derechos funda-

mentales. 

El Anteproyecto de Ley Orgáni-

ca  de  igualdad  entre  mujeres  y 

hombres en el que trabaja el Go-

ENTENDER BIEN EL DERECHO DE IGUALDAD

El liderazgo de las 

empresas lo deben 

ejercer libremente, 

sin importar el sexo, 

los más preparados

Socio del Área Laboral de Rodés & Sala 

Abogados.

Director del Servicio de Estudios 

del Instituto de la Empresa Familiar.

El texto acordado 

no puede considerarse 

una reforma efectiva, 

y tampoco es lo que 

el mercado necesita

MIGUEL QUERALT

JAVIER QUINTANA

VICTORIA MARTOS



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