Página principal



Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del

Descargar 5.63 Mb.

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del





Descargar 5.63 Mb.
Página118/181
Fecha de conversión05.08.2018
Tamaño5.63 Mb.
1   ...   114   115   116   117   118   119   120   121   ...   181
Caballo de Troya

J. J. Benítez

227

»-He oído comentar que pretendes ser el Mesías. ¿Es cierto?

»El Maestro esperó un poco antes de contestar. Por un momento creí que no deseaba hablar.

Pero ya lo creo que lo hizo. ¡Y con qué seguridad, Jasón!

»-¡Tú lo has dicho! -le dijo al fin.

»Entonces fue cuando entraron esos sacerdotes. Venían de parte de Caifás. Y acercándose a

Anás le murmuraron algo al oído. No puedo decirte el qué, aunque supongo que tiene mucho

que ver con el Consejo del Sanedrín. Como te decía, no tardaremos en saberlo.

»EI resto ya lo sabes: Anás ordenó que condujeran a Jesús a la presencia de su yerno y

abandonamos la casa...

Poco antes de las seis de la mañana el pelotón que conducía a Jesús se detuvo frente a un

caserón muy rústico, situado a escasa distancia del gran rectángulo del Templo.

Concretamente, junto a la esquina suroccidental, en una reducida zona ajardinada,

perfectamente aislada de aquel sector de la ciudad baja por los arcos de Wilson y Robinson al

norte y sur y por la muralla meridional y el muro del Templo, al este y Oeste, respectivamente.

Unas madrugadoras golondrinas aleteaban juguetonas entre los aleros del segundo piso de

aquella casona de algo más de 50 metros de largo por unos 34 o 35 de ancho. Los trinos de

estos negros emigrantes y el sordo y rítmico rugido de la molienda del grano, levantándose

desde todas las casas de Jerusalén, fueron los últimos v agradables sonidos que escuchamos

antes de penetrar en aquel «antro».

Durante esta nueva conducción de Jesús, la posibilidad de que nos dirigiéramos a la

tradicional sede del Sanedrín, en el interior del Santuario, me hizo temblar. De haber sido así,

ni el legionario que custodiaba al Maestro ni yo hubiéramos podido tener acceso al mismo.

Afortunadamente -tal y como había sabido por los textos del historiador Flavio Josefo, pocos

meses antes de iniciarse el año 30, las castas sacerdotales habían «descongestionado» la

célebre sala de las «piedras talladas» (emplazada en uno de los ángulos suroccidentales del

atrio de los Sacerdotes), trasladando el lugar de reunión del Sanedrín a este edificio de gruesas

piedras grises y apenas desbastadas1. El juicio que Caifás había planeado -como iremos viendo-

no era muy ortodoxo y, aunque el Consejo Supremo israelita seguía reuniéndose en ocasiones

en el santuario, en esta ocasión -y con gran contento por mi parte-, el sumo sacerdote y sus

correligionarios habían preferido liquidar el asunto en la nueva sede, mucho más discreta que la

cámara de las «piedras talladas».

Los levitas atravesaron un angosto y oscuro pasillo, desembocando en el reducido patio

central del bouleyterion o «cuartel general» del Sanedrín. Desde allí, y sin pérdida de tiempo,

penetramos en una sala cuadrada, bastante espaciosa y de alto techo, situada -a juzgar por el

camino que habíamos recorrido- en el ala más occidental del edificio. La escasa claridad que

entraba por las troneras obligaba a mantener encendidas las lucernas de aceite.

Tal y como me temía, nada más pisar la estancia donde debía celebrarse el «juicio» contra el

Galileo, uno de los criados del sumo sacerdote se interpuso en mi camino, exigiendo que me

identificara. Fueron segundos de gran tensión. En mi condición de simple mercader griego, yo

no tenía por qué asistir a dicha asamblea. De cara a aquellos hebreos, mi presencia no era

justificable desde ningún punto de vista. Y cuando creía que todo estaba perdido, el legionario,

que se hallaba aún a mi lado, cortó el suspense, con una oportunísima respuesta:

-¡Alto...! Este hombre viene conmigo. Como yo, representa al procurador romano.

Aquella mentira -consecuencia del denario de plata que había entregado al legado del

suboficial Arsenius- fue determinante. Y sin más explicaciones nos dirigimos al centro de la

cámara.

Algo más de la mitad de aquella sala (de unos 10 metros de lado) se hallaba ocupada por un

banco corrido de madera en forma semicircular o de media luna. Este asiento común, sin

brazos y dotado de altos respaldos, minuciosa y primorosamente labrados, había sido dispuesto

sobre un entarimado de unos 40 centímetros, de tal forma que sus ocupantes pudieran dominar

la estancia.

1 Tanto Josefo en su obra Guerras de los Judíos (V.4,2 y VI.6,3) como la Misná (Mid. V.5; Sanb. XI.2 y Tamid II.5,

entre otros documentos) aseguran de forma muy precisa que el Sanedrín se «trasladó» 40 años antes de la destrucción

del templo, de la sala de las «piedras talladas» a una especie de «bazar», adosado prácticamente al santuario por su

cara oeste. Así lo deja entrever también Hechos (23,10). (N. del m.)

Caballo de Troya

J. J. Benítez

228

Frente a estos asientos -cerrando el semicírculo-, observé tres filas de bancos, igualmente de

madera, pero sobre el enlosado del piso y, por tanto, en un nivel mucho más bajo.

Cuando entramos, el asiento en forma de media luna estaba ya ocupado por un total de 23

sacerdotes. Otros seis o siete se habían acomodado en la primera de las tres hileras de bancos

ya mencionadas. Las otras dos filas permanecían vacías. (Posteriormente al contrastar estas

informaciones con las del ordenador central de la «cuna» pude sacar en conclusión que aquella

media docena de saduceos y fariseos que se sentaba fuera del semicírculo había obrado así,

simplemente porque aquel lugar era la sede del llamado «Sanedrín menor»1, formado única y

exclusivamente por 23 miembros. Caifás había logrado reunir a una treintena de «adeptos» y,

en consecuencia, no todos pudieron tomar asiento en el tribunal oficial.)

Sentados en el filo del entarimado, y frente a cada uno de los dos extremos del semicírculo,

se hallaban dos escribas «judiciales». Vestían sus tradicionales túnicas de lino blanco, portando

en sendas fajas unas cajitas de madera de las que empezaron a extraer sus útiles de escritorio:

plumas de caña, dos reducidos frascos que hacían las veces de tinteros y varios rollos de cuero.

A decir verdad, aquellos dos escribas fueron lo único legal y correcto en todo aquel simulacro

de juicio. (Uno, según la Misná, se encargaba de ir recogiendo las alegaciones en favor de la

absolución del detenido o detenidos, y el segundo escribía las propuestas de condenación.)

Jesús, siempre en compañía del legionario que controlaba la cuerda que amarraba sus

muñecas, fue obligado a situarse al píe mismo del entarimado, de cara a los jueces y dando la

espalda a las tres filas de bancos.

Juan y yo, en compañía de otros levitas y domésticos del Sanedrín, tomamos posiciones por

detrás de esas hileras de asientos y a la izquierda del Maestro. Al fondo de la sala, a través de

una puerta situada a nuestras espaldas y que permanecía entreabierta, descubrí un grupo de

hebreos. Pero, a juzgar por su indumentaria, no parecían sacerdotes ni miembros del Sanedrín.

(La incógnita no tardaría en despejarse.)

Desde un primer momento me llamó la atención un personaje que ocupaba el centro de

aquel tribunal. Debía rondar los cincuenta años. No era muy alto y en su cuerpo sobraba grasa

por todas partes. Su obesidad destacaba especialmente en su cara, redonda y congestionada, y

en una gran papada, sobre la que descansaba una barba canosa. La cabeza, sin el turbante que

lucían algunos de sus compañeros de banco, estaba rematada por un cabello negro y muy

corto, al estilo «juliano».

Su gran humanidad se veía notablemente multiplicada por unas vestiduras muy distintas a

las del resto de los jueces. Mostraba una túnica y unos calzones, todo ello de seda y en una

tonalidad leonada. Su pecho aparecía ceñido por cinco bandas o hazalejas, cada una de un

color: oro, carmesí, grana, cárdeno y leonado.

Aquel individuo era José ben Caifás, sumo sacerdote desde el año 18, por designación del

procurador romano Valerio Grato, antecesor de Pilato.

A derecha e izquierda del yerno de Anás, como digo, se sentaban otros 22 miembros del

Sanedrín, casi todos cubiertos por amplios mantos multicolores. Juan, en voz baja, me fue

señalando a los más venenosos e intrigantes: Semes, Dothaim, Leví, Gamaliel, Jairo, Neftalí y

un tal Alejandro, en su mayoría saduceos.

En los rostros de aquellos individuos -casi todos con edades que oscilaban alrededor de los

60 años- había perplejidad. El porte majestuoso y calmado del Nazareno debió causarles una

honda impresión. Desde el momento en que Jesús fue situado frente a ellos no cesaron en sus

cuchicheos.

Pero Caifás parecía tener prisa, y a una orden suya, algunos de los policías invitaron al grupo

de judíos que aguardaba en la sala contigua a que se aproximara al consejo.

Ante la sorpresa primero, y la indignación después, de Juan, aquellos «testigos» comenzaron

a declarar contra las enseñanzas y la persona del Galileo. Sus ataques, tan exaltados como

desordenados, se centraron fundamentalmente en las numerosas violaciones del sábado y de


1   ...   114   115   116   117   118   119   120   121   ...   181

Similar:

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconCuestionario para la evaluacion de cursos de formacióN
Señala cuáles han sido los motivos que te han llevado a participar en esta actividad de formación
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconDesarrollo e Implantación de un Sistema appcc en una Industria de fabricación de mermelada de fresa docx
A mi familia y amigos por la paciencia que han tenido y el apoyo que siempre me han
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconPruebas de hipótesis de una poblacion
...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSistema evaluacion de desempeñO
Durante los últimos años de Gestión Pública, los temas relacionados con el proceso de Modernización del Estado han sido ampliamente...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconPliego de condiciones definitivos
Los pliegos de condiciones del presente proceso de Selección Abreviada han sido elaborados
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconNomenclatura química
En la naturaleza encontramos multitud de tipos de materia diferente. El objetivo de los químicos ha sido siempre el de poder clasificarlos,...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconDe intereses, multas y recargos
Legal, apoderado especial o general del contribuyente con ruc nº., solicito que los valores que han sido reconocidos a mi favor por...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSeguridad social
Los menores de 18 años, o mayores con discapacidad igual o superior al 65 %, y hayan sido abandonados por sus padres, siempre que...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconUniversidad regional autonóma de los andes “uniandes”
A mis padres, esposo e hijo quienes han sido el cimiento primordial para la
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconRestrictedcode
Se han hecho esfuerzos sustanciales por reestructurar el sector de la electricidad. La liberalización del sector de los servicios...


Descargar 5.63 Mb.