Página principal



Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del

Descargar 5.63 Mb.

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del





Descargar 5.63 Mb.
Página122/181
Fecha de conversión05.08.2018
Tamaño5.63 Mb.
1   ...   118   119   120   121   122   123   124   125   ...   181
Caballo de Troya

J. J. Benítez

235

gravemente lastimada por la caída. Ello me hizo pensar que el Maestro aún se hallaba

consciente en el instante del choque con el pavimento, pudiendo, quizá, «amortiguar» el

violento impacto con un giro de la cabeza. La sangre, sin embargo, había empezado a manar en

abundancia, cubriendo en seguida la mitad izquierda de la cara.

Instintivamente, el Nazareno comenzó a inspirar profundamente. Poco a poco fue

recuperándose, aunque su rostro no guardaba semejanza alguna con aquel semblante

majestuoso y sereno que presentaba al entrar en la sede del Sanedrín.

La sangre había empezado a gotear desde su barba, manchando el manto y parte de la

túnica.

Los secuaces de Caifás, algo más apaciguados, se aislaron en uno de los ángulos de la

estancia, iniciando otro cambio de impresiones. Y al poco, el que se había desembarazado de su

ropón, lo recogió del suelo, lanzándolo sobre la cabeza del rabí. Una vez cubierto, otro de los

levitas se aproximó a Jesús, gritándole entre fuertes risotadas:

-¡Profetiza, liberador...! Dinos, ¿quién te ha pegado?

Y blandiendo un bastón de unos cuatro centímetros de diámetro con la mano izquierda

descargó un porrazo seco y aterrador sobre el rostro del silencioso Maestro. Este retrocedió

unos pasos como consecuencia del golpe, pero, antes de que pudiera desplomarse, otro de los

criados lo abrazó por la espalda, sosteniéndole.

Las carcajadas se contagiaron rápidamente y, uno tras otro, aquella chusma fue participando

en aquel juego despiadado1.

Las bofetadas y bastonazos se sucedieron durante los últimos diez minutos. Y a cada golpe,

el agresor entonaba la misma y cínica pregunta:

-¡Profetiza...! ¿Quién te ha pegado...? ¡Profetiza, bastardo!2.

Hacia las siete de la mañana, cuando el Nazareno, encorvado y apoyado contra uno de los

muros, parecía a punto de desfallecer, entraron en la estancia varios levitas, ordenando a sus

colegas que trasladasen al detenido ante el Consejo.

Cuando aquellos salvajes retiraron el manto de la cabeza del Maestro la sangre se me heló

en las venas. De no haber sabido previamente que aquél era Jesús, creo que no hubiera podido

reconocerle. El bastonazo -supongo que el primero-, y a pesar de que el tejido había

«acolchado» el golpe, había caído sobre el pómulo derecho y parte de la nariz, provocando la

hinchazón de ambas zonas. Este garrotazo o quizás los restantes puñetazos y bofetadas habían

ocasionado una aparatosa hemorragia nasal. Los regueros de sangre, ya reseca, salían de

ambas fosas, corriendo sobre los labios y empapando el bigote y la barba.

Los hematomas en ambos ojos eran tan acusados que el rabí apenas si podía abrirlos.

Aquel rostro roto, inflamado y con la mitad izquierda ensangrentada, dejó sin habla a

algunos de los criados y sicarios del Sanedrín. Evidentemente, el castigo había sido brutal. Y

ante mi sorpresa, varios de los levitas, nerviosos, empezaron a discutir sobre la conveniencia

de lavar y adecentar un poco la faz del Maestro. No por misericordia, por supuesto, sino por

temor a posibles represalias o recriminaciones de los jueces y, quizá, de los seguidores del

Nazareno. Y, al fin, uno de los sirvientes apuró el agua de la cántara, empapando un extremo

del ropón o manto con el que le habían cubierto.

En un arranque que nunca he logrado explicarme satisfactoriamente, me adelanté hacia el

policía, identificándome como médico y rogándole que me permitiera proceder al lavado del

rostro del Galileo y, de paso -les dije-, examinar las posibles fracturas.

Los policías accedieron un tanto aliviados, pero sugirieron que fuera diligente en el

«arreglo». El Consejo esperaba.

1 En los antiguos textos griegos se describe un juego, denominado «muïnda», que consistía en tapar los ojos de uno

de los jugadores (bien con un lienzo o con la propia mano). Este debía adivinar el objeto que se le presentaba o a la

persona que le tocaba. Si acertaba, ocupaba su puesto aquel que había perdido.

2 El «bastardo», aunque existían diferentes interpretaciones, era, en líneas generales, el hijo nacido del adulterio.

No eran admitidos en la asamblea de Israel y tampoco sus descendientes, «hasta la décima generación». No podían

contraer matrimonio con ningún miembro legítimo de la comunidad judía, discutiéndose vivamente, incluso, si las

familias de bastardos podrían participar en la liberación final de Israel. Este insulto era considerado como una de las

peores injurias. Aquel que lo empleaba podía ser condenado a 39 azotes. (N. del m.)

Caballo de Troya

J. J. Benítez

236

Obviamente, dentro de los planes de Caballo de Troya no se contemplaba la posibilidad de

que yo «reparase», ni mucho menos, las heridas que pudiera sufrir Jesús de Nazaret. Tal y

como ya he citado, ello estaba rigurosamente prohibido. Sin embargo, y puesto que los levitas

se disponían a asear la machacada faz del prisionero, consideré que aquélla era una irrepetible

ocasión de comprobar de cerca y personalmente los daños exteriores y visibles más graves. Sin

embargo, y a pesar de esta justificación, también hubo «algo» interno que me empujo a tomar

semejante decisión...

Tomé, pues, el pico del tosco manto y con toda la delicadeza de que fui capaz, comencé a

limpiar los grumos de sangre que se habían adherido al pómulo y mejilla izquierdos. Las

hemorragias, tanto la producida por la rotura de la ceja izquierda como la nasal, habían sido

espectaculares, aunque tuve la impresión de que la pérdida de sangre no era importante. A

juzgar por los reguerillos, plastones y sangre acumulada en barba, manto y túnica, no creo que

fuera superior a los 200 o 300 centímetros cúbicos.

Pude deducir igualmente que la capacidad de coagulabilidad de la sangre de Cristo era

normal. Tanto la brecha de la ceja como los cortes de los labios y los dos riachuelos que nacían

en los orificios de la nariz habían coagulado muy rápidamente.

Cuando aquella mitad del rostro quedó prudentemente limpia me deshice del manto y, antes de

que los domésticos de Caifás pudieran reaccionar, introduje mis dedos en el desgarrón que

había ocasionado la daga del bandido que había tratado de asaltarme en la noche del pasado

jueves y, con dos fuertes tirones, conseguí un reducido trozo de mi túnica. Lo introduje en la

boca del cántaro, humedeciéndolo cuanto me fue posible. Y acto seguido regresé a la pared

sobre la que seguía apoyado Jesús, pasando el suave lienzo color hueso sobre la deformada

nariz, labios, cejas y párpados1.

Al tentar la hinchazón del pómulo derecho deduje que el bastonazo había interesado una

amplia área del hueso malar, alcanzando parte de ese ojo derecho. Si aquel hematoma seguía

prosperando, lo más probable es que el Nazareno terminase por experimentar serias

dificultades a la hora de mantener abierto dicho ojo.

En cuanto a la nariz, la lógica imposibilidad de no poder practicar una radiografía me dejó

con la duda de si aquel impacto había fracturado los huesecillos «propios» o nasales. Estos dos

huesos, como saben todos los médicos, son frágiles, pudiendo ser hundidos con un puñetazo.

En mi opinión, y después de aquella exploración, los trece huesos de la cara de Jesús

parecían intactos. Insisto, sin embargo, en mis serias dudas sobre la pareja de nasales. Dada la

violencia del golpe, cabía la posibilidad de que hubieran sido dañados. (Entiendo, además, que

la famosa profecía en la que se recoge que «ninguno de los huesos del Mesías sería fracturado»

bien pudo referirse a los huesos «largos».) Hubo un especial detalle que, con la debida reserva,

me inclinó a creer desde el primer momento que dichos huesecillos nasales podían hallarse

hundidos.

A lo largo de esta segunda limpieza, y cuando toqué la inflamada masa muscular de la nariz

(«piramidal» y «transverso», fundamentalmente), al palpar el área del cartílago nasal, el rabí

retrocedió levemente. A pesar de mi extrema suavidad, el simple roce del tejido con aquel

punto de su nariz multiplicó su dolor.


1   ...   118   119   120   121   122   123   124   125   ...   181

Similar:

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconCuestionario para la evaluacion de cursos de formacióN
Señala cuáles han sido los motivos que te han llevado a participar en esta actividad de formación
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconDesarrollo e Implantación de un Sistema appcc en una Industria de fabricación de mermelada de fresa docx
A mi familia y amigos por la paciencia que han tenido y el apoyo que siempre me han
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSistema evaluacion de desempeñO
Durante los últimos años de Gestión Pública, los temas relacionados con el proceso de Modernización del Estado han sido ampliamente...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconPliego de condiciones definitivos
Los pliegos de condiciones del presente proceso de Selección Abreviada han sido elaborados
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconNomenclatura química
En la naturaleza encontramos multitud de tipos de materia diferente. El objetivo de los químicos ha sido siempre el de poder clasificarlos,...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSeguridad social
Los menores de 18 años, o mayores con discapacidad igual o superior al 65 %, y hayan sido abandonados por sus padres, siempre que...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconUniversidad regional autonóma de los andes “uniandes”
A mis padres, esposo e hijo quienes han sido el cimiento primordial para la
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconMiércoles 15 de julio de 2009
Los datos personales recogidos han sido incorporados y tratados en el fichero “Sistema Integral de Gestión y Seguimiento Admi
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconRestrictedcode
Se han hecho esfuerzos sustanciales por reestructurar el sector de la electricidad. La liberalización del sector de los servicios...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconInformación importante que los electores deben conocer
En los Boletines Oficiales del País Vasco y de Galicia de fecha 2 de agosto de 2016, han sido publicadas las convocatorias de elecciones...


Descargar 5.63 Mb.