Página principal



Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del

Descargar 5.63 Mb.

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del





Descargar 5.63 Mb.
Página135/181
Fecha de conversión05.08.2018
Tamaño5.63 Mb.
1   ...   131   132   133   134   135   136   137   138   ...   181
Caballo de Troya

J. J. Benítez

260

La descarga fue tan brutal que las rodillas del reo se doblaron, clavándose en el enlosado de

caliza con un sonido seco. Pero, en un movimiento reflejo, el Galileo volvió a incorporarse, al

tiempo que el segundo verdugo descargaba un nuevo golpe con su bífido fiagmm.

-¡Tres...!

-¡Quattour...!

Aquellos soldados, consumados profesionales, manejaban los látigos haciendo girar

simplemente sus muñecas. De esta forma, las correas se rizaban, consiguiendo un máximo

efecto con un mínimo de esfuerzo.

-iQuinque!

El entrechocar de los huesecillos y de las bolas de metal fueron el único sonido perceptible

durante los primeros minutos. Jesús, totalmente encorvado, no había dejado escapar aún un

solo gemido. Los astrágalos y las piezas de plomo caían sobre la espalda, arrastrando en cada

retirada algunas porciones de piel. Desde el primer latigazo, varios regueros de sangre habían

empezado a correr por el cuerpo, deslizándose hacia los costados y goteando sobre el

pavimento.

Tal y como sospechaba, después del fenómeno del sudor sanguinolento, la piel del Maestro

había quedado en un estado de extrema fragilidad. Y aquella lluvia de golpes múltiples no tardó

en abrirla, convirtiendo los hombros, espalda y cintura en una carnicería. Poco a poco, a cada

silbido del «flagrum», las tabas y bolas penetraban en la piel, provocando su ablación o

separación, desgarrando los tejidos musculares y arrastrando vasos y nervios.

¡Triginta!

Al llegar al golpe número treinta, el reo se desplomó, manteniéndose de rodillas y con los

dedos fuertemente sujetos al aro de metal de la columna.

La espalda, hombros y zonas lumbares aparecían ya encharcadas en sangre, con un sinfín de

hematomas, azulados y gruesos como huevos de gallina. Las correas, por su parte, hablan ido

dibujando decenas de estrías -similares a arañazos- de una tonalidad vinosa. La presencia de

aquella multitud de hematomas -algunos de los cuales hablan empezado a estallar-, me hizo

sospechar que el dolor que soportó Jesús de Nazaret en aquellos primeros minutos tuvo que ser

de auténtico paroxismo.

Pero, afortunadamente para él, los golpes, descargados con tanta saña como precisión,

fueron abriendo muchos de los hematomas, convirtiendo la espalda en un río de sangre y,

consecuentemente, disminuyendo el dolor en cierta medida.

¡Quadraginta!

El latigazo número cuarenta llegó a los cuatro o cinco minutos de haberse iniciado el suplicio.

Pero, lejos de estremecerse, como había ocurrido con los anteriores golpes, el cuerpo del

Nazareno no reaccionó. Civilis levantó su vara de vid, interrumpiendo la flagelación. Y uno de

los sudorosos verdugos se echó sobre el reo, tirando de sus cabellos. Tras comprobar que se

hallaba inerme, soltó la cabeza, que cayó desmayada entre el hueco de los brazos.

El centurión apremió a sus hombres. Uno de los legionarios llenó un cubo con el agua de la

fuente, arrojándolo sobre la nuca del Nazareno. Al contacto con el líquido, la cabeza de Jesús se

movió ligeramente, mientras parte de la sangre escurría hasta el suelo, arrastrada por el agua.

Desde hacía rato, la columna, una amplia franja de la pared circular de la fuente y los

rostros, brazos y túnicas de los verdugos aparecían teñidos de rojo. La hemorragia,

generalizada ya en espalda y zona de riñones, había empezado a ser preocupante.

Aunque el suplicio había sido detenido en el golpe número 40, coincidiendo así casualmente

con la fórmula judía de flagelación1, la intención de Pilato -que seguía impasible y silencioso el

desarrollo de la tortura- era que aquella masacre continuase.

Los verdugos aprovecharon el breve descanso para inclinarse sobre el estanque y refrescar

sus caras, al tiempo que refregaban los brazos, tratando de limpiar los lamparones de sangre.

Aunque los legionarios encargados del tormento conocían el latín, estoy casi seguro que -a

1 La ley judía establecía para el castigo de la flagelación un total de 40 azotes menos uno. Así estaba escrito: «en

número de cuarenta» (El añadido, según R. Yehudá, sería el cuarenta). El reo era azotado can las manos atadas a una

columna. El servidor de la sinagoga le agarraba los vestidos y si se desgarraban, se desgarraban y si se destrozaban, se

destrozaban, hasta que le quedaba el pecho descubierto. Tras él había colocada una piedra y sobre ella se subía el

servidor de la sinagoga teniendo en su mano una correa de ternero. Ésta estaba primeramente doblada en dos y las

dos en cuatro; otras dos correas subían y bajaban en ella. (N. del m.)

Caballo de Troya

J. J. Benítez

261

tenor de sus barbas ralas y abundantes- eran mercenarios sirios o samaritanos. Generalmente,

los romanos designaban a éstos cuando el condenado era un judío. El odio ancestral de aquellos

contra los hebreos les convertía en ejecutores ejemplares...

El Maestro había ido recobrándose. Uno de los verdugos le tomó entonces por las axilas,

tirando de él hacia arriba. Pero el peso era excesivo y tuvo que pedir ayuda. Cuando, al fin,

lograron incorporarlo, otro soldado -con un cazo de latón entre las manos- se situó frente al

destrozado Nazareno, mientras los sayones, sin ningún tipo de contemplaciones, jalaban de sus

cabellos, obligando a Jesús a levantar el rostro. Y así lo mantuvieron hasta que el romano que

portaba el cazo vació el contenido del mismo en la boca del Galileo. Al preguntar a Civilis de

qué se trataba, me explicó que aquel cazo contenía agua con sal.

Por supuesto, el ejército romano conocía muy bien los graves problemas que podían

derivarse de un castigo como aquél. En especial, el referido a la deshidratación. Aunque Jesús

había sido obligado en la sede del Sanedrín a ingerir una considerable cantidad de agua, sus

profusas sudoraciones en el huerto de Getsemaní y ahora, durante la flagelación, unidas a las

importantes hemorragias que llevaba experimentadas tenían que haber mermado sus reservas

o balance hídrico corporal, tanto intracelular como extracelular. Aquella agua con sal, por tanto,

constituía un refuerzo decisivo, si es que Poncio deseaba realmente que el prisionero no

muriese durante los azotes. (También existía el peligro de que la excesiva concentración de

cloruro sódico en el agua -lo ideal hubiera sido una proporción del 0,85 por 100- pudiera

acarrear la aparición de edemas o hinchazones blandas en diversas partes del cuerpo.)

Pero, tal y como había sentenciado Civilis, las pretensiones del procurador eran machacar

hasta el límite al reo, de tal forma que su lamentable estado pudiera satisfacer y conmover los

agresivos ánimos de los saduceos.

Así que, una vez apurado el contenido del cazo, el centurión levantó su bastón y los

legionarios recogieron los flagrum, prosiguiendo el castigo.

-¡Unus!

Aquel nuevo golpe y los que siguieron fueron dirigidos especialmente a los muslos, piernas,

nalgas, vientre y parte de los brazos y pecho. La espalda y cintura quedaron en esta ocasión al

margen.

Las descargas de las correas, enroscándose en las piernas del Maestro, obligaron a éste a

una suprema contracción de los paquetes musculares, en especial de los situados en las caras

posteriores de los muslos, que quedaron así sujetos a una mayor vulnerabilidad. Muy pronto, la

piel fue abriéndose, provocando una hemorragia mucho más intensa que la de la espalda.

-iDecem!

En un titánico esfuerzo por soportar el dolor, Jesús de Nazaret se había aferrado a la argolla

de la columna, levantando el rostro hasta donde le era posible. Los músculos de su cuello,

tensos como la cuerda de un arco, contrastaban con las fosas supraclaviculares inundadas por

un sudor frío que chorreaba sin cesar y que iba destiñendo el rojo encendido de la sangre.

-¡Duo-de-viginti!

El verdugo cantó el golpe número 18, lanzando su látigo sobre el pecho del reo. Y una de las

parejas de huesecillos de carnero debió herir el pezón izquierdo de Jesús. El intensísimo dolor

provocó un vertiginoso movimiento reflejo y el gigante se incorporó con todas sus fuerzas, al

tiempo que sus dientes -sólidamente apretados unos contra otros- se abrían, emitiendo un

desgarrador gemido. Era el primer lamento del rabí.

El tirón fue tan súbito y potente que las cuerdas que le sujetaban a la argolla se rompieron y

el cuerpo del Maestro se precipitó hacia atrás violentamente. Aquello pilló desprevenidos a los

verdugos y al resto de la tropa, que retrocedieron asustados.

El Nazareno cayó pesadamente sobre sus espaldas, resbalando sobre el enlosado y dejando

un ancho reguero de sangre. Cuando los legionarios se precipitaron sobre él, levantándole

pesadamente, la respiración de Jesús se había hecho sumamente agitada.

Yo aproveché aquel momento de confusión para ajustarme las «crótalos» e iniciar una

exhaustiva exploración de los destrozos ocasionados por la flagelación. Pulsé el clavo de los

ultrasonidos a su posición más profunda (7,5 MHZ o megaerz) y me dispuse a rastrear, en

primer lugar, los tejidos superficiales.

Los soldados habían arrastrado al reo hasta la pequeña columna, sujetándolo nuevamente a

la argolla. Y los verdugos reanudaron los azotes, sumamente irritados por aquel contratiempo.


1   ...   131   132   133   134   135   136   137   138   ...   181

Similar:

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconCuestionario para la evaluacion de cursos de formacióN
Señala cuáles han sido los motivos que te han llevado a participar en esta actividad de formación
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconDesarrollo e Implantación de un Sistema appcc en una Industria de fabricación de mermelada de fresa docx
A mi familia y amigos por la paciencia que han tenido y el apoyo que siempre me han
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconPruebas de hipótesis de una poblacion
...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSistema evaluacion de desempeñO
Durante los últimos años de Gestión Pública, los temas relacionados con el proceso de Modernización del Estado han sido ampliamente...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconPliego de condiciones definitivos
Los pliegos de condiciones del presente proceso de Selección Abreviada han sido elaborados
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconNomenclatura química
En la naturaleza encontramos multitud de tipos de materia diferente. El objetivo de los químicos ha sido siempre el de poder clasificarlos,...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconDe intereses, multas y recargos
Legal, apoderado especial o general del contribuyente con ruc nº., solicito que los valores que han sido reconocidos a mi favor por...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSeguridad social
Los menores de 18 años, o mayores con discapacidad igual o superior al 65 %, y hayan sido abandonados por sus padres, siempre que...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconUniversidad regional autonóma de los andes “uniandes”
A mis padres, esposo e hijo quienes han sido el cimiento primordial para la
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconRestrictedcode
Se han hecho esfuerzos sustanciales por reestructurar el sector de la electricidad. La liberalización del sector de los servicios...


Descargar 5.63 Mb.