Página principal



Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del

Descargar 5.63 Mb.

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del





Descargar 5.63 Mb.
Página136/181
Fecha de conversión05.08.2018
Tamaño5.63 Mb.
1   ...   132   133   134   135   136   137   138   139   ...   181
Caballo de Troya

J. J. Benítez

262

Los golpes, cada vez más implacables, fueron humillando poco a poco el cuerpo del Maestro,

que terminó por doblar las rodillas, mientras sus dedos, chorreando sangre, se crispaban por el

dolor. A cada latigazo, Jesús había empezado a responder con un corto y apagado gemido.

Una vez «traducidas» las ondas ultrasónicas a imágenes, el resultado de la flagelación apareció

ante nosotros en todo su dramatismo. Los verdugos, consumados «especialistas», sabían muy

bien qué zonas podían tocar y cuáles no. Desde un primer momento nos llamó la atención el

hecho increíble de que ninguna de las costillas hubiera sido fracturada. La precisión de los

latigazos, en cambio, había ido abriendo los costados de Jesús, hasta dejar al descubierto las

bandas fibrosas o aponeurosis de los músculos serratos. El dolor al lastimar estas últimas

protecciones de las costillas tuvo que alcanzar umbrales difíciles de imaginar. En opinión de los

expertos de Caballo de Troya, superiores, incluso, a los 22 «JND»1.

Por supuesto, amplias áreas de los músculos de la espalda -dorsales, infraespinosos y

deltoides- aparecieron rasgadas y sembradas de hematomas que, al no reventar, tensaron

extraordinariamente lo que le quedaba de piel, multiplicando la sensación de dolor.

En aquel examen de los tejidos superficiales, los investigadores quedaron sobrecogidos al

comprobar cómo los legionarios habían elegido las zonas más dolorosas, pero menos

comprometidas, de cara a una posible parada cardíaca, que hubiera fulminado quizá al

Nazareno. Eligieron principalmente las partes delanteras de los muslos, pectorales y zonas

internas de los músculos, evitando corazón, hígado, páncreas, bazo y arterias principales, como

las del cuello.

Al cambiar la frecuencia de los ultrasonidos, pasando a 3,5MHZ, el análisis de los órganos

internos puso de manifiesto, desde el primer momento, una considerable pérdida de sangre. La

volemia de Jesús (o volumen total de sangre) fue fijado entre seis y seis litros y medio. Pues

bien, después del durísimo castigo de la flagelación, esa volemia había descendido en un 27 por

100. Eso significaba que el Galileo había derramado en total, desde los ultrajes en la sede del

Sanedrín, alrededor de 1,6 litros de sangre. Una cantidad importante, aunque no lo suficiente

como para alterar de forma definitiva -física y psíquicamente- a una persona normal. Y una

prueba de ello es que Jesús de Nazaret aún tuvo fuerzas y claridad de mente para responder a

las preguntas que se le formularon después de los azotes. Sin embargo, aquel derrame

circulatorio tuvo que provocar en él una creciente angustia, palpitaciones esporádicas, debilidad

y, sobre todo, una sed sofocante.

En cuanto a su frecuencia cardíaca, las oscilaciones fueron continuas. En algunos de los

golpes especialmente en uno de los últimos, que caería directamente sobre los testículos-, el

pico alcanzó las 170 pulsaciones por minuto, cayendo rápidamente a 90 y provocando el

segundo desvanecimiento.

La tensión arterial, por la intensa descarga de adrenalina, se elevó también algunos

momentos hasta 210 mm H20 de máxima, si bien luego el progresivo agotamiento de la

adrenalina fue dando lugar a un dominio del sistema vago y su intermediario, la acetilcolina,

que se acompañó de un descenso de la tensión arterial que ya al final del suplicio se tradujo en

un casi total estado de postración.

El análisis del torrente sanguíneo nos permitió también la confirmación de un hecho que

resultaba evidente: el sucesivo aumento de los índices de sodio, cloro y de la presión osmótica

eran señales inequívocas de la importante deshidratación que había empezado a experimentar

el organismo del Hijo del Hombre.

¡Quadraginta!

El golpe 40, que en realidad hacia el número 80, si tenemos en cuenta los 40 primeros, cayó

sobre un hombre prácticamente derrotado. El Maestro, con el cuerpo deformado por los

hematomas y materialmente bañado en sangre, apenas si se movía. Sus imperceptibles

lamentos se habían ido apagando y sólo resonaba ya en el patio el chasquido de los látigos al

clavarse en su carne y el cada vez más agitado resoplar de los verdugos, visiblemente

agotados.

1 Un aumento en la intensidad de un estímulo que origina una diferencia perceptible en el grado de dolor recibe la

designación de «diferencia apenas perceptible» o «just noticeable difference» (JND). Aplicando todas las intensidades

de estímulos entre el nivel en que no hay dolor y el nivel del dolor más intenso se ha comprobado que el paciente

medio puede distinguir unos 22 «JND». (N. del m.)

Caballo de Troya

J. J. Benítez

263

Hacía tiempo que el Nazareno se había hecho prácticamente un ovillo, con la cabeza y parte

del tórax reclinados sobre los brazos, en posición fetal. Los golpes, cada vez más lentos y

espaciados, seguían desgarrando sus nalgas, vientre, costados y zonas laterales de las piernas,

hiriendo, incluso, las plantas de los pies.

Algunos de los legionarios, aburridos o conmovidos por aquella salvaje paliza, habían

empezado a abandonar el lugar, ocupándose en sus quehaceres habituales.

Civilis, que venía observando el progresivo agotamiento de los verdugos, dirigió una

significativa mirada a Lucilio, el gigantesco centurión que yo había visto en el apaleamiento del

soldado romano. El de Pannonia comprendió las intenciones del primus prior y, abriéndose paso

a empujones entre los miembros de la cohorte, levantó su brazo capturando al vuelo el flagrum

del legionario situado a la derecha del Maestro, cuando aquél se disponía a descargar un nuevo

golpe.

La súbita presencia de aquella torre humana, empuñando el látigo de triple cola, fue

suficiente para que ambos verdugos se retiraran, dejándose caer -casi sin respiración- sobre las

losas del patio.

Y la soldadesca, conocedora de la fuerza y crueldad del oficial, guardó silencio, pendiente de

todos y cada uno de los movimientos de aquel oso.

Lucilio acarició las correas, limpiando la sangre con sus dedos. Después, colocándose a un

metro del costado izquierdo del prisionero, levantó su brazo derecho, lanzando un preciso y

feroz latigazo sobre la parte baja de las nalgas de Jesús. El zurriagazo debió tocar el coxis y el

afilado dolor reactivó el sistema nervioso del rabí, que llegó a incorporarse durante algunos

segundos. Pero, en medio de grandes temblores, sus músculos fallaron, hincándose de rodillas.

Los legionarios acogieron aquel estudiado ataque con una exclamación que iría repitiéndose

a cada latigazo:

-¡Cedo alteram!

Un segundo golpe, dirigido esta vez a la corva izquierda, hizo gemir al Maestro, al tiempo

que la soldadesca repetía entusiasmada:

-¡Cedo alteram!

El tercer, cuarto y quinto latigazos cayeron sobre los riñones...

-¡Cedo alteram...! ¡Cedo alteram...! ¡Cedo alteram..!

La violencia de Lucilio era tal que los astrágalos de carnero quedaban incrustados en la

carne, provocando en cada golpe una copiosa hemorragia.

-¡Cedo alteram...! ¡Cedo alteram...!

Las descargas sexta y séptima se centraron en cada uno de los pabellones auditivos de

Jesús. Y casi instantáneamente, por ambos lados del cuello corrieron unos gruesos goterones

de sangre. El Maestro inclinó su cabeza sobre el aro de metal y el centurión buscó el costado

derecho, vaciando toda su furia sobre el ombligo de Cristo.

-¡Cedo alteram!

El salvaje impacto sobre el vientre del reo afectó decisivamente a su ya castigado diafragma,

cortando prácticamente su penosa respiración. Aquel, probablemente, fue uno de los momentos

más delicados del castigo. Durante unos segundos que me parecieron interminables, la caja

torácica del Galileo permaneció inmóvil. Pero, al fin, los músculos intercostales reaccionaron,

aliviando la tensión pulmonar.

-¡Cedo alteram!

El noveno latigazo, propinado por el coloso en el desgarrado costado derecho de Jesús -y

pienso que lanzado con toda intención sobre los abiertos músculos serratos para disparar así la

congelada respiración del reo- emitió un sonido hueco: como si las tabas hubieran golpeado

directamente sobre las costillas.

El ímpetu del oficial, que había empezado a sudar copiosamente por su frente, fue tal que el

cuerpo del Nazareno se desequilibró, cayendo sobre el lado izquierdo.

Es muy posible que en aquellos instantes, otro dolor -difuminado por el atroz calvario de la

flagelación- estuviera golpeando el organismo del Galileo. Me refiero a la vejiga urinaria de

Jesús. Su rebosamiento debía ser tal que, involuntariamente, los esfínteres de los uréteres se

abrieron, provocando una abundante micción. (Aproximadamente, a juzgar por el tiempo que

duró el derrame urinario, la vejiga debía albergar entre 350 y 400 centímetros cúbicos.) Por

fortuna, la orina -aunque sumamente amarilla- no arrastraba sangre.


1   ...   132   133   134   135   136   137   138   139   ...   181

Similar:

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconCuestionario para la evaluacion de cursos de formacióN
Señala cuáles han sido los motivos que te han llevado a participar en esta actividad de formación
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconDesarrollo e Implantación de un Sistema appcc en una Industria de fabricación de mermelada de fresa docx
A mi familia y amigos por la paciencia que han tenido y el apoyo que siempre me han
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSistema evaluacion de desempeñO
Durante los últimos años de Gestión Pública, los temas relacionados con el proceso de Modernización del Estado han sido ampliamente...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconPliego de condiciones definitivos
Los pliegos de condiciones del presente proceso de Selección Abreviada han sido elaborados
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconNomenclatura química
En la naturaleza encontramos multitud de tipos de materia diferente. El objetivo de los químicos ha sido siempre el de poder clasificarlos,...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSeguridad social
Los menores de 18 años, o mayores con discapacidad igual o superior al 65 %, y hayan sido abandonados por sus padres, siempre que...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconUniversidad regional autonóma de los andes “uniandes”
A mis padres, esposo e hijo quienes han sido el cimiento primordial para la
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconMiércoles 15 de julio de 2009
Los datos personales recogidos han sido incorporados y tratados en el fichero “Sistema Integral de Gestión y Seguimiento Admi
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconRestrictedcode
Se han hecho esfuerzos sustanciales por reestructurar el sector de la electricidad. La liberalización del sector de los servicios...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconInformación importante que los electores deben conocer
En los Boletines Oficiales del País Vasco y de Galicia de fecha 2 de agosto de 2016, han sido publicadas las convocatorias de elecciones...


Descargar 5.63 Mb.