Página principal



Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del

Descargar 5.63 Mb.

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del





Descargar 5.63 Mb.
Página76/181
Fecha de conversión05.08.2018
Tamaño5.63 Mb.
1   ...   72   73   74   75   76   77   78   79   ...   181
Caballo de Troya

J. J. Benítez

149

Lejos de echarme atrás o de mostrar inquietud, correspondí a la sonrisa del legionario con

otra más intensa, dándole a entender que sabia que se trataba de una broma.

Aquel gesto, que el soldado interpretó como un rasgo de valor, y que me valió su respeto,

iba a resultarme -sin yo proponérmelo- de suma utilidad durante el prendimiento del Galileo en

la noche del día siguiente.

En ese momento, el centinela que había acudido al interior de la fortaleza, reclamó nuestra

presencia desde el portalón de la torre. José y yo salvamos los diez o quince metros de terreno

baldío que separaba el muro o parapeto exterior de piedra de un profundo foso, de 50 codos

(22,50 metros), excavado por Herodes cuando mandó reedificar una antigua fortaleza de los

macabeos y a la que dio el mencionado título de Antonia, en honor de Marco Antonio. Este foso,

seco en aquella época, rodeaba la residencia del procurador romano en todo su perímetro,

excepción hecha de la cara sur que, como ya expliqué, se hallaba adosada al muro norte del

Templo. Sus cimientos eran una gigantesca peña, alisada íntegramente en su cima y costados.

Herodes, en previsión de posibles ataques, había cubierto estos últimos con enormes planchas

de hierro, de forma que el acceso por los mismos resultase impracticable. Y sobre esta sólida

base se levantaba un magnifico baluarte, construido con grandes piedras rectangulares. Allí

tendrían lugar los sucesivos interrogatorios de Pilato a Jesús, así como el salvaje castigo de la

flagelación.

Al cruzar el puente levadizo -de unos cinco metros de longitud y construido a base de

gruesos troncos sobre los que se había fijado una espesa cubierta de metal- no pude resistir la

tentación de levantar la mirada. La pétrea fachada gris-azulada, de cuarenta codos de altura,

se hallaba dividida en dos secciones simétricas y perfectamente almenadas. Cada uno de estos

bloques, de unos cincuenta metros de longitud, presentaba tres hileras de ventanas (las

correspondientes a la primera planta en forma de troneras). Y en el centro, entre las dos alas

que formaban la fachada, una especie de terraza o mirador, de unos veinte metros, con los

prismas de la almena algo más pequeños que los de las zonas superiores. Los cuatro ángulos

del «castillo» habían sido reforzados por otras tantas torres, igualmente fortificadas. Yo conocía

por Flavio Josefo las dimensiones de las mismas1, pero, al contemplarlas a tan corta distancia,

se me antojaron mucho más airosas.

En la boca del túnel que constituía la entrada principal a la fortaleza nos aguardaban el

centinela que habíamos encontrado junto al muro exterior y un oficial.

Al descubrir en su mano derecha un bastón de madera de vid comprendí que me hallaba

ante un centurión. Su estatura era algo superior a la media normal de los legionarios, pero

quizá se debía al penacho de plumas rojas que adornaba su casco.

Tras saludarle, José se identificó ante el jefe de centuria, manifestándole que era amigo del

procurador y que había sido concertada una audiencia para aquella mañana. El centurión -

también en griego- correspondió al saludo y me rogó que me identificara. Después, dirigiéndose

a uno de los soldados que montaba guardia a la puerta de una estancia situada a la derecha del

túnel, le pidió algo. El legionario se apresuró a entrar en lo que debía ser el «cuarto de guardia»

y regresó al momento con una tablilla encerada. En aquella especie de «pizarra» habían sido

escritos algunos nombres. Del ángulo superior izquierdo del marco de la tablilla colgaba una

corta y manoseada cuerda a la que había sido atado un clavo de bronce de unos ocho

centímetros de longitud y que, a juzgar por los trazos de la superficie encerada, hacía las veces

de buril o «stylo».

El centurión leyó el contenido y devolvió la tablilla al legionario, que desapareció

nuevamente en el interior de la sala. Para entonces, varios de los soldados que formaban la

«excubiae» o guardia de día en aquel sector de la fortaleza -y que descansaban en uno de los

bancos de madera del interior del cuarto- se habían asomado a la puerta, observándonos con

curiosidad.

-¿Qué contiene esa jarra? -preguntó de improviso el centurión.

Gracias al cielo, José se adelantó:

-Es vino de las bodegas subterráneas de Gabaón... Sé que al procurador le gusta...

1 En su obra Guerra de los Judíos (libro Sexto), Josefo asegura que tres de las torres tenían 50 codos (22,50

metros), y la cuarta -la que se hallaba adosada al templo- 70 codos (31,50 metros). Estos datos se aproximan bastante

a nuestras mediciones desde el módulo. (N. del m.)

Caballo de Troya

J. J. Benítez

150

-Tendrán que abrirla -repuso el oficial, al tiempo que hacía una señal a uno de los soldados

que contemplaba la escena.

Crucé una rápida mirada con José y éste, sin inmutarse, tomó el ánfora, retirando la tapa de

barro que la cerraba. El legionario se hizo cargo del recipiente, llenando un cacillo de latón.

Después de oler el contenido se llevó el rosado liquido a los labios, bebiendo.

El centurión dio por buena la comprobación y nos rogó que entregáramos las armas. El de

Arimatea le explicó que éramos hombres de paz y que no portábamos espada. Pero el oficial,

sin prestar demasiada atención a las palabras del anciano, ordenó a dos de los centinelas que

registraran nuestro atuendo. Después de palpar costados, cintura, pecho y brazos, los

legionarios movieron negativamente sus cabezas. En ese instante, el concienzudo oficial se fijó

en mi vara.

-Deberás dejarla al cuidado de la guardia -me dijo.

Y antes de que pudiera reaccionar, otro de los romanos me arrebató la «vara de Moisés». El

corazón me dio un vuelco. Aquello no estaba previsto. Y aunque el cilindro de madera había

sido acondicionado para soportar los más violentos vaivenes y encontronazos, el solo

pensamiento de que pudiera ser dañado o extraviado me sumió en una profunda inquietud.

Aquello, además, significaba no poder filmar la entrevista con Poncio Pilato.

Por otra parte, saltaba a la vista que el centurión no estaba dispuesto a dejarme pasar con el

cayado. Si verdaderamente quería llevar adelante el proyecto de Caballo de Troya tenía que

resignarme y confiar en la fortuna. Guardé silencio, tratando de no conceder demasiada

importancia a mi vara. Lo contrario hubiera despertado recelos y suspicacias nada deseables en

aquella irrepetible oportunidad.

El centurión hizo entonces una señal con su mano, indicándonos que le siguiéramos.

Salimos del túnel abovedado y nos encontramos en un espacioso patio cuadrangular -a cielo

abierto- de unos cincuenta metros de lado y pavimentado con losas de caliza dura de un metro

cuadrado cada una. Un sinfín de puertas, coronadas por dinteles de madera -formando arcos de

medio punto- se alineaban en los laterales, bajo otros tantos pórticos sustentados por

columnatas. Aquella fortaleza, como pude verificar conforme fui adentrándome en ella, había

sido edificada con todo esmero.

Por aquel gran patio, al que desembocaban los dormitorios, las caballerizas y algunos

almacenes, iban y venían numerosos legionarios. Muchos de ellos -libres de servicio- vestían

tan sólo la corta túnica granate de lana, ceñida por un cinturón muy liviano.

El centurión que nos guiaba cruzó por el centro del patio, rodeando una fuente circular sobre

cuyo centro se erigía una hermosa representación, también en piedra y a tamaño natural, de la

diosa Roma. La estatua vestía una túnica con múltiples pliegues, dejando al descubierto el

pecho derecho de la diosa. En la diestra sujetaba una lanza y sobre la mano izquierda sostenía

una esfera de la qué brotaba un chorro de agua. Esta iba almacenándose en el estanque

circular que constituía la parte baja de la fuente. Varios soldados de la caballería romana se

hallaban lavando y cepillando media docena de caballos. A diferencia de los infantes, los jinetes

vestían una chaquetilla morada de manga larga y un pantalón rojo, muy ajustado, que se

prolongaba hasta la espinilla.

Al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, con nuestros ejércitos occidentales, ninguno de

aquellos soldados se cuadró o saludó al paso del centurión. Este, siempre, con su «uitis» o vara

de sarmiento en su mano derecha y recogiéndose la holgada toga o capa de color púrpura

sobre el brazo izquierdo, proseguía su camino hacia el fondo del patio.

A derecha e izquierda, y especialmente bajo los pórticos, otros legionarios atendían a la

limpieza de sus armas o sandalias. En una de las esquinas, un concurrido grupo de soldados

formaba corro en torno a algo que ocurría sobre el pavimento. A pesar de mi curiosidad no

pude aproximarme. El oficial, que no volvió la cabeza ni una sola vez, seguía a buen paso hacia

las escalinatas que se divisaban ya en la zona este del patio.

Antes de abandonar aquel recinto me llamó la atención otra escena. A nuestra derecha, e

inmóvil sobre el enlosado, uno de los legionarios cargaba sobre su nuca y hombros un pesado

saco. La carga obligaba al infante a mantener el tronco y la cabeza ligeramente inclinados hacia

el suelo. Junto a él, otro legionario -con su vestimenta y armas reglamentarias- no perdía de

vista al compañero. A mi regreso de la entrevista con el procurador romano iba a tener

cumplida explicación de todo aquello...


1   ...   72   73   74   75   76   77   78   79   ...   181

Similar:

Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconCuestionario para la evaluacion de cursos de formacióN
Señala cuáles han sido los motivos que te han llevado a participar en esta actividad de formación
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconDesarrollo e Implantación de un Sistema appcc en una Industria de fabricación de mermelada de fresa docx
A mi familia y amigos por la paciencia que han tenido y el apoyo que siempre me han
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconPruebas de hipótesis de una poblacion
...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSistema evaluacion de desempeñO
Durante los últimos años de Gestión Pública, los temas relacionados con el proceso de Modernización del Estado han sido ampliamente...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconPliego de condiciones definitivos
Los pliegos de condiciones del presente proceso de Selección Abreviada han sido elaborados
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconNomenclatura química
En la naturaleza encontramos multitud de tipos de materia diferente. El objetivo de los químicos ha sido siempre el de poder clasificarlos,...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconDe intereses, multas y recargos
Legal, apoderado especial o general del contribuyente con ruc nº., solicito que los valores que han sido reconocidos a mi favor por...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconSeguridad social
Los menores de 18 años, o mayores con discapacidad igual o superior al 65 %, y hayan sido abandonados por sus padres, siempre que...
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconUniversidad regional autonóma de los andes “uniandes”
A mis padres, esposo e hijo quienes han sido el cimiento primordial para la
Su especialidad siempre han sido los ovnis y la secuela de hipótesis que desencadenan en la imaginación del iconRestrictedcode
Se han hecho esfuerzos sustanciales por reestructurar el sector de la electricidad. La liberalización del sector de los servicios...


Descargar 5.63 Mb.