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Todas las Posibilidades Freddy Aguasvivas

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Capítulo X


El Zar de las finanzas











  • Yo siempre he dicho que, cuando me muera, mi epitafio preferido sería: era un hombre íntegro, honesto, que siempre hizo lo mejor que pudo. Ernesto Gómez reía. No podía hacer menos.

Estaba leyendo la edición de mayo de la revista Mercado y sencillamente no podía creer que el hombre que había sido enjuiciado como cómplice del desfalco y lavado más grande que se haya producido en la República Dominicana – y tal vez uno de los más grandes del mundo – sea la misma persona que aparece en este reportaje.

Captado por la cámara digital de Virgilio de Jesús, en la portada de la revista se veía a don Luis Álvarez Renta con una sonrisa cándida y un porte de lord inglés capaz de convencer a cualquier mortal de las bondades que en abundancia le descubrían en el reportaje de la periodista Beatriz Bienzobas. Bajo el título de “El Negociador: Unir intereses encontrados ha sido la clave de Luis Álvarez Renta para protagonizar las transacciones de mayor envergadura de este país”. La comunicadora española se explayaba en grandes elogios y virtudes detectadas en el hombre de empresa, sin explicar si el título de negociador le había sido dado por los “negocios” que hacía o por su capacidad para articular innumerables transacciones comerciales con ensortijados procedimientos.

Gómez seguía leyendo con deleite. “Nunca dependimos de ninguna empresa o asociado extranjero y nunca hemos firmado un contrato con nadie.” Muy convencida la periodista agregaba “Parece mentira pero es así. En Álvarez Renta y Asociados todos los trabajos o negocios realizados han sido a base de un apretón de manos o una simple confirmación por teléfono y nunca ha habido un problema. Nadie puede decir que en esta oficina no se ha trabajado la consultoría y la banca de inversión dentro de la más alta norma de la ética internacional”. Por el deficiente uso del lenguaje y la falta de signos, Ernesto no podía distinguir si la última frase la dijo el Consultor de negocios o eran parte de los exaltados elogios de la escribidora del artículo al talentoso señor Álvarez Renta.

El periodista separó la mirada de la revista por un momento y empezó a sacar cuentas. La edición era de principios del mes de mayo del mismo 2003. Álvarez Renta había diseñado la ingeniería financiera que produjo el acuerdo de fusión entre Baninter y el Banco del Progreso el 24 de marzo de ese año. Sin embargo, mientras se desarrollaba el proceso de acuerdo y la Junta Monetaria resolutaba su no objeción el 24 de marzo, el famoso consultor había retirado de las cuentas de Baninter RD$327 Millones de pesos entre el día 20 y 28 de marzo y le habían sido borradas sumas millonarias en dólares de las empresas de su propiedad o por lo menos las que manejaba a su antojo, que para los fines legales y de los daños causados a la sociedad dominicana, tenían el mismo efecto. Volvió a leer lo del epitafio: “era un hombre íntegro, honesto, que siempre hizo lo mejor que pudo”.

Siguió paseando su vista por el artículo. “Hace un tiempo tuve que pedir un préstamos en EEUU por una cantidad apreciable, y quienes me estaban dando el préstamo querían saber cómo yo había hecho toda mi fortuna y cómo trabajaba; les pareció extraordinario que no tuviera un solo contrato. Tuve que poner a escribir a algunos clientes diciendo que tenían relaciones de negocios conmigo...”

  • Quizás no sea humilde decirlo, pero yo no tengo competencia, soy una persona muy particular. No doy a basto, si quisiera trabajar 20 veces más, lo haría, pero ahora estoy haciendo lo contrario, me estoy retirando”. Este mismo Álvarez Renta era el que había establecido unos párrafos más adelante que “Soy un capitalista nato, pero hay un momento en que uno se pregunta ¿para qué más dinero”.

Luis Álvarez Renta había nacido en Sudamérica el 9 de abril de 1950, cuando las urgencias del exilio habían obligado a su padre a cobijarse bajo la amplia sábana de la solidaridad venezolana, para escapar de las larguísimas manos del tirano Trujillo. Y el profesor Juan Bosch tuvo que ver con eso por allá por los años 30. Don Virgilio Álvarez había sido criado en realidad por su hermana mayor doña Gracita Álvarez de Tejera y don Emilio Tejera, con el apoyo y la cercanía de su hermana Clara Tejera Álvarez de Read y Donald Read Cabral. La madre de Virgilio Álvarez tenía 48 años cuando lo trajo al mundo y lo entregó a Gracita, su hija mayor, que le llevaba 20 años al recién nacido y estaba muy bien casada con don Emilio. Eso posibilitó la tutela de los Tejera. Doña Gracita Álvarez de Tejera tenía un colegio en la planta baja de la casa de los Read Cabral de la calle Cervantes. En el año 1936 vino de La Vega un joven estudiante brillante que había ganado una beca: Juan Emilio Bosch y Gaviño. Ahí coincide con don Virgilio Álvarez y empiezan las labores conspirativas contra la tiranía, que los llevaría al exilio en el año 1939, en el caso de los Álvarez, a Venezuela, cuando don Emilio consiguió que Enrique Blanco Fombona lo llevara, en el mismo carro de la embajada venezolana, hasta una goleta anclada en el puerto. Ya en el exilio, nació Luis Rafael Álvarez Renta en Caracas. Las coincidencias políticas de Álvarez padre con Juan Bosch fueron efímeras. La cercanía con los Read Cabral, a través de su esposa Clara Tejera de Read, uniría tanto a Luis Álvarez padre como a don Ramón Báez Romano a los planes golpistas del triunvirato en 1963. El ingeniero Álvarez padre, sería el Secretario de Estado de Obras Públicas del gobierno ilegítimo desde que regresó al país a principios del año 1964. Ese grupo de ricos había derrocado al Presidente Bosch en septiembre de 1963.

La oligarquía rancia empezaría a sufrir los primeros embates de sus desafueros en el año 1965, cuando las masas iracundas arrasaron la hermosa casa de Ramón Báez Romano, nieto del presidente Buenaventura Báez y la de Virgilio Álvarez, a quienes dejaron en la inopia total. La desgracia los uniría aún más y Luis Álvarez padre necesita acudir a sus amigos Ramón Báez Romano y Papía Najri para que le presten RD$7 mil pesos cada uno, para reconstruir su vivienda y relanzar sus planes empresariales. Gracias a la benevolencia de estas dos figuras, arrancaría un proyecto inmobiliario financiero en la última mitad de la década del 60, que llevaría a su hijo más brillante a contar con ¡cientos de millones de dólares! tres décadas después. Virgilio Álvarez había lotificado la propiedad de la familia, empezando en la estación de combustibles Texaco, en Camino Chiquito, en los límites de Arroyo Hondo, hasta llegar un poco más allá de la Iglesia del mismo sector. El padre, había financiado los solares a una buena cantidad de familia para construir la primera urbanización de la zona. Los documentos de esos préstamos serían utilizados por Luis Álvarez Renta, el avezado hijo economista, para dar inicio a una importante entidad financiera que lo catapultaría en el mundo de los negocios, de las altas finanzas y la banca de inversión.

Luis Álvarez Renta fue un estudiante meritorio del Colegio Loyola a mediado de la década del 60. Desde ahí pasó a estudiar en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña –UNPHU–, donde se graduó Magna Cum Laude en Ciencias Económicas y Administración en el año 1972. Para la época Álvarez Renta se trasladó a la ciudad de Boston en Estados Unidos, para avanzar en un curso de post grado en Economía y Finanzas en el instituto Tecnológico de Massachusetts en 1974.

El reputado consultor comenzó a trabajar en la empresa Compañía Financiera del Caribe, donde tuvo la oportunidad de participar en la formación del Banco Metropolitano y el Banco de Boston, el cual, muchos años después, se convertiría en el Banco Dominicano del Progreso. En estas instituciones financieras, fue donde hizo sus pinitos el doctor Álvarez Renta como asesor económico y miembro alterno. En esos mismos años se emplea en la Price Waterhouse & Co. Entre el año 1978 y 1980 fue escogido por el señor Ramón Báez Romano para que le acompañe en el ministerio de Industria y Comercio en función de subsecretario de la cartera. Como una muestra más de su habilidad, en poco tiempo el futuro consultor pasó a ocupar la Dirección General del Centro Dominicano de Promoción de las Exportaciones – (CEDOPEX) – En esta época funda la empresa consultora (1980) Luis Álvarez Renta & Asocs., como una empresa consultora.

Ernesto revisó sus apuntes. El doctor Luis Álvarez Renta había sido nombrado como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Dominicana en Francia, una semana después de haber organizado la cuestionada fusión entre Baninter y el Banco del Progreso, el día 2 de abril de 2003, mediante el Decreto No. 313-03 firmado por el presidente Hipólito Mejía. Fue efímera su estadía como diplomático. Tenía cuarenta y dos días de haber llegado a París, y había salido a cazar patos con algunos amigos de la aristocracia francesa, cuando recibió las citaciones judiciales y el decreto de su cancelación definitiva el 14 de mayo.

Desde el mes de septiembre del año 2002 el Banco Central había detectado problemas de liquidez en Baninter por las líneas de redescuento que había tenido que otorgarle. Unos RD$500 millones de pesos le fueron concedidos y el hecho de que no los pudo devolver en los siete días que le fueron dados de plazo para el pago, puso sobre aviso a las autoridades, no sólo del incumplimiento, si no, que además, el banco seguía requiriendo auxilio del dinero de la Autoridad Monetaria para cubrir la gran cantidad de recursos que estaban siendo retirados. No era normal. Algo raro estaba pasando. Para el mes de febrero ya la situación era dramática, porque la Junta Monetaria había autorizado más de RD$10 mil millones de pesos en redescuentos y esa era una cifra respetable. Superaba con mucho lo que la prudencia aconsejaba y la ley permitía.

Si el Banco Central y la Superintendencia de Bancos se hubiesen tomado la molestia de por lo menos cumplir con su papel, el dinero del Estado no hubiese salido para cubrir las cuentas y sobregiros de las empresas vinculadas al llamado Grupo Baninter, que no eran más que las empresas de Ramoncito. Como estaban sucediendo los hechos, era imposible parar la hemorragia financiera. La mayoría de los recursos eran desviados hacia las cuentas incobrables de las empresas deficitarias de Ramón Báez Figueroa y Luis Álvarez Renta. Más de RD$17 mil millones de pesos fueron borrados, y sus sobregiros y préstamos cubiertos con el dinero del Banco Central, con el agravante de que ni siquiera iban a cubrir los déficit de los ahorrantes, más bien estaban siendo borradas las deuda y sobregiros de las empresas propiedad de los responsables del fraude. Baninter estaba registrando como depósitos del público las líneas de redescuentos que le prestaba el Banco Central.

De esto se desprende que para el mes de abril del 2003 –cuando fue nombrado embajador en Francia– tanto las autoridades, como el mismo Presidente de la República, el ingeniero Hipólito Mejía, tenían conocimiento de las andanzas de Luis Álvarez Renta.

Sólo hacía siete días que el gran negociador había armado el muñeco de fusión bancaria que representaba una emboscada para las autoridades monetarias del país, pretendiendo que se aceptara como bueno y válido todo el desastre que había acontecido en Baninter, y más que eso, avalar el desfalco y solventarlo con dinero del pueblo, mientras los perpetradores del hurto salían con una sonrisa en los labios a conquistar el mundo. Diez millones de dólares cobraría el consultor, por un contrato entre las partes que además de burdo, era absolutamente ilegal e inconstitucional.

Hipólito sabía de todo esto, el 2 de abril y aún así lo nombró Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Dominicana en Francia. Qué manera de encubrir con inmunidad diplomática a este personaje, tan sólo cinco días después de su nombramiento, el Banco Central tendría que tomar el control de Baninter” pensó Ernesto Gómez mientras lanzaba la revista, irritado, en una esquina de su atiborrado escritorio.

De acuerdo a los testimonios en poder de Ernesto Gómez, cuando la fusión fue firmada por los banqueros, Luis Álvarez Renta se comprometió a llevar los documentos al Banco Central para la reunión de la Junta Monetaria, pero sólo llegó la carta de presentación, sustrayéndose el acuerdo de intención y el anexo con los activos y pasivos – “yo resuelvo eso con el Banco Central” – se le oyó decir cuando salía diligente a cumplir con esa encomienda.

Ciertamente Luis Álvarez Renta se había perfilado como un buen manejador de grandes negocios. Como lo describía la revista Mercado en algunos párrafos, era un hombre sumamente inteligente, con excelentes relaciones en el mundo empresarial, muy especialmente en el sector bancario. Sin embargo, para muchas personas consultadas por el periodista Ernesto Gómez, Álvarez Renta en realidad lo que hacía era lobbismo. Tomaba conocimiento de las necesidades de financiamiento de algunas empresas y les diseñaba un esquema apropiado para obtener los préstamos, de los cuales había que considerar la parte de su comisión. Con los presidentes de los principales bancos del país, Álvarez Renta mantenía muy buenas relaciones y por eso le era muy fácil armar un negocio en el que los involucrara. El convenio de Baninter con el Banco del Progreso no era el primero ni el único de esa naturaleza. En realidad había participado en varias de las fusiones bancarias de la última década y había estructurado muchos de los negocios importantes que se han implementado en la República Dominicana. Definir como consultorías sus incursiones en las actividades de lobbismo empresarial, no era una forma muy correcta de nombrarlo. Álvarez Renta conciliaba intereses disímiles, cobrando su intermediación y garantizando una tajada para todo el que ayudara a la solución planteada. El procedimiento era efectivo pero caro. Pero también arriesgado. Cuando la guerra de los fósforos, entre Ricardín Hernández y Rafael Perelló, él se presentó con una oferta de compra compulsiva a Industrias Banilejas, conminando a Don Masú, el propietario de Indubán y patriarca de los Perelló y Rafael Perelló lo llamó a su oficina, le pidió explicación de su oferta y lo echó violentamente de su despacho en la Máximo Gómez.

Definitivamente había sido una carrera abundante la de este señor. Ernesto Gómez soltó también el currículum con aire de hastío. Habría que ver cuánto hay de verdad en todo su historial. Hay que estudiar su fortuna y dar seguimiento a los movimientos de las cuentas que salen a relucir en el informe Baninter. Una cosa está clara, este señor en muy pocos días movió más de US$80 millones de dólares de las arcas de Baninter hacia sus cuentas en Miami y otros países, mientras que el Banco Central ha tenido que pagar ese dinero, que era de los ahorristas. De una manera u otra, los recursos económicos del pueblo dominicano, estuvieron en las manos de estas personas y por esta razón, es necesario indagarlos a fondo y tratar de ubicar su paradero.

Ernesto siguió escarbando documentos del dossier denominado LAR en sus archivos y se encontró con una férrea oposición del gobierno francés a dar el plácet para que el famoso asesor financiero residiera en calidad de embajador en Francia. Por otro lado, en los centros de poder de París se especulaba mucho sobre la amistad de Luis Álvarez con el presidente de Haití, Jean Bertrand Aristide, llegando a considerársele en la capital francesa como el testaferro del mandatario haitiano. Ambos viajaban frecuentemente en el avión privado de Álvarez Renta. Causaba aprensión en los círculos diplomáticos parisienses el hecho de que el recién nombrado llegara a esa capital en su propio jet privado y de inmediato hiciera traer su hermoso yate, para ofrecer agasajos en su interior a la crema y nata de Europa.

Luis Álvarez Renta tenía un cerebro privilegiado. Nadie osaba dudar de sus habilidades ni de los extraordinarios conocimientos financieros y empresariales que tenía. En el área bancaria había cultivado una experiencia de inconmensurable valor. De una manera u otra Álvarez Renta había estado involucrado en las más grandes transacciones económicas que se han realizado en la República Dominicana en los últimos quince años. Organizaba grupos o dividía emporios y consorcios. Entrelazaba múltiples operaciones empresariales, buscando el know how de cada uno para confeccionar un Joint Venture a la altura de los más grandes consorcios norteamericanos o europeos. Tenía una visión cosmopolita de los negocios y más que eso, era poseedor del don del pragmatismo: ¿qué hay que hacer para que un negocio se dé? Cuando las grandes transacciones se complicaban, cuando los mega negocios se estancaban, cuando las cosas se ponían difíciles en el aspecto financiero, para llevar a cabo el gran sueño de fusión o alianza, ahí aparecía él y diseñaba una ingeniería financiera y comercial para permitir que los negocios fluyeran, con tanta ligereza, que parecían simples ecuaciones matemáticas. Pero ese era su arte. Hacer magia financiera. Fabricar milagros económicos, transgredir todas las fórmulas algebraicas para demostrar que con el Teorema de Pitágoras no se puede sacar la raíz cuadrada al número 2. Era un artista de las finanzas, un ingeniero de la economía, un arquitecto de los negocios. Pero resultó ser más ambicioso que inteligente, y en el caso Baninter metió las dos piernas hasta la cintura, aunque algunos creen que hasta el cuello, y tal vez más.

En definitiva, su falta de escrúpulos comerciales y empresariales, adherida a esa gran capacidad de hacer negocios, le dio a Luis Álvarez Renta un extraordinario poder. Tanto, que era buscado para los negocios más insólitas. Veamos:









Julito Hazim recibió en su oficina de la Universidad INCE de la avenida Gustavo Mejía Ricart, a los miembros de la Asociación de Televisoras de UHF presidida por José Cubilete. Lo acompañaban el licenciado Miguel De Camps y Johnny Dauhajre, entre otros integrantes de la entidad que defendía los derechos de las empresas televisoras de canales de Ultra High Frecuency. En el Congreso Nacional desde hacía varios meses que se estaba discutiendo la Ley de Telecomunicaciones, un tema que se había calentado en los últimos días porque la misma implicaba una gran cantidad de cambios en el espectro radioeléctrico. De hecho la empresa Tricom, propiedad de don Arturo Pellerano, había llevado la voz cantante para la aprobación de la pieza legislativa. El financista Luis Álvarez Renta había sido contratado para la asesoría en todo lo que tenía que ver con la modificación de la Ley de Telecomunicaciones.

En la nueva ley, el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL) desconocía algunas prerrogativas de los canales de UHF. La asociación defendía los derechos adquiridos por los propietarios de esas frecuencias. De Camps había llamado por teléfono al presidente del Senado.

  • Vamos para el Congreso, Amable Aristy Castro nos va a recibir y ahí podemos comprometerlo con nuestras demandas. Él tiene sus aspiraciones y no querrá ponerse en contra de decenas de canales televisivos que le hemos brindado apoyo siempre –propuso Johnny Dauhajre.

  • Vamos allá, pero Amable no es del todo confiable –dijo Miguel De Camps, con esa actitud esquiva que le era inherente.

Julito vio partir al grupo hacia el Congreso a buscar la fórmula que les permitiera seguir operando sin dificultad, con la nueva ley.

Pasaban de las once de la mañana cuando arribaron a la sede de los legisladores en el Centro de los Héroes de Maimón, Constanza y Estero Hondo, en la zona Sur de la capital. Con facilidad lograron ver al presidente del Senado, el licenciado Amable Aristy Castro, quien los esperaba.

  • Don Amable, tenemos un gran problema. La ley que se está discutiendo no contempla los derechos adquiridos de los propietarios de canales de UHF y no pueden pasar esa ley en esas condiciones. Necesitamos que se nos tome en cuenta. Es importante que los legisladores sepan que somos cerca de 30 canales televisivos que todos, por el aire, llegamos a muchísimos hogares, además de que nos hemos insertado en la mayoría de los telecables del país, por lo que tenemos una gran audiencia –reclamaron.

  • ¿Cual es su demanda en concreto? ¿qué debemos incluirle a la Ley? –preguntó el presidente de la Cámara Alta.

Los propietarios de televisoras quisieron explicarle los pormenores, pero don Amable reaccionó contrariado. Escapaba a sus conocimientos tanto tecnicismo y tenía mucha prisa, con otros compromisos. Había sido una cita concertada por teléfono y con algunos minutos de antelación.

  • Vamos a hacer una cosa: Tráiganme todo lo que ustedes quieren que le integremos por escrito, y yo lo incluyo en la agenda para que votemos por esa modificación –les explicó Amable.

  • No hay problemas. Vamos a redactar nuestra posición, para que usted la proponga y nos dé su apoyo –solicitaron los quejosos.

La tarea no era tan simple como parecía. Redactar el párrafo o los párrafos para modificar una ley e incluirle elementos contrarios a los intereses de los sectores que estaban patrocinando las modificaciones mayores, era labor complicada, porque ya esos grupos tenían de por sí todos sus amarres hechos. Por eso se requería de precisión y prudencia para no chocar con los que ya habían abogado para introducir sus preceptos y concepciones de la Ley. Los sectores poderosos que patrocinaban los cambios, no iban a permitir que un grupo de advenedizos les variara sustancialmente las normas y los cánones que debían regir las telecomunicaciones. Pero tampoco se podía hacer una exigencia mediatizada, que luego no sirviera para reclamar sus derechos. El injerto tenía que ser tan preciso que les garantizara sus reclamos y que no atropellara los derechos de quienes habían auspiciado la modificación de la Ley. Demasiados intereses estaban en juego y ellos, que sólo contaban con su influencia como medios, no tenían con qué pagar cambios muy profundos.

Les tomó toda la tarde consultar a los abogados, expertos en leyes y propietarios de canales de UHF, para redactar un párrafo que pudiera armonizar todos esos intereses. Los propietarios sabían que era un equilibrio peligroso el que se buscaba y había que hilar muy fino, para no dañar todo el esfuerzo.

Eran ya las seis de la tarde cuando Miguel De Camps, Johnny Dauhajre y José Cubilete llegaron al Congreso de nuevo con un folder bajo el brazo, que contenía la totalidad de sus aspiraciones en una cuartilla. Cuando quisieron subir al segundo piso, al salón de sesiones, en la escalinata se encontraron con el ingeniero Ramón Alburquerque de la bancada del PRD. Le abordaron, pero la respuesta fue frustratoria:

  • Yo lo siento, pero ya esa Ley se aprobó hace rato... –les dijo el Senador de Monte Plata.

La desmoralización cundió en el grupo. ¿Qué se podía hacer en unas circunstancias como ésas, con todos los documentos que decían cuál texto se había aprobado? Nada... la situación era de desánimo total. Habían perdido demasiado tiempo redactando tres párrafos, pero era que no podían ponerse de acuerdo en los conceptos.

  • Déjenme llamar a Radhamés Cornielle. Él nos puede orientar sobre qué hacer en este caso –sugirió Miguel De Camps.

El abogado les recomendó que lo visitaran, para no hablar por teléfono y la comisión, con pocas esperanzas, salió hacia las oficinas de Tricom en la avenida Lope de Vega en Piantini, para verse con el jurista.

  • Debemos llamar a Luis Álvarez Renta –fue el consejo que recibieron de Radhamés Cornielle. El financista aceptó recibirlos a las 8:00 PM en su apartamento de la torre Diandy XVIII.

Exactamente a las ocho de la noche llegó la comisión de los ejecutivos de televisión de UHF a la residencia del empresario y asesor financiero.

Le explicaron sus exigencias con lujos de detalles. Cuando el financista entendió los reclamos de los propietarios de televisión, llamó a París Goico, secretario vitalicio del Senado.

  • Parisito, es Luis Álvarez. ¿Ya te llegaron los documentos de la Ley de Telecomunicaciones? Pues Hazme el favor, ven para mi casa, que tengo unos amigos a quienes debemos que resolverles algunos problemitas que tienen que ver con esa ley –le ordenó el experto en negocios y transacciones.

Parisito tan pronto como pudo al hermoso apartamento de Luis Álvarez Renta en el exclusivo sector capitalino. El economista le explicó los reclamos de la comisión, y le pidió por favor que le introdujera los párrafos que le habían entregado sus amigos en el texto de la nueva ley.

Así sería. La ley fue promulgada y publicada con los injertos que se le introdujeron en el despacho de Parisito Goico, después de haber sido aprobada, y los propietarios de canales de UHF quedaron sumamente satisfechos, sobre todo, porque don Luis Álvarez Renta, justo es decirlo, no les cobró ni un centavo por este gran servicio. El dijo que ya estaba suficientemente satisfecho por otras vías.

Es muy probable que ninguno de los legisladores que aprobó la iniciativa legislativa nunca le haya dado una lectura a la pieza después que fue promulgada por el Poder Ejecutivo.

Definitivamente hay un “congreso” detrás del Congreso, y no es posible determinar a ciencia cierta la cantidad de leyes, resoluciones, préstamos y financiamientos que los auténticos legisladores han levantado sus manos para aprobar una cosa y se publica, se promulga y se ejecuta otra muy diferente. Pero eso, en este momento, no es trascendental ni importa a nadie. Por ahora lo que importa es determinar el poder, los métodos y procedimientos que utiliza Luis Álvarez Renta en toda la ingeniería financiera que hace con sus clientes. En este caso, la empresa TRICOM había desarrollado una lucha tenaz para lograr el balanceo de los cobros realizados por el tráfico de llamadas. CODETEL estaba sirviéndose con la cuchara grande, porque tenía la propiedad de la gran mayoría del cableado y los troncales de líneas telefónicas en la República Dominicana. Cuando el congreso aprobó la obligatoriedad de la interconexión, para que circularan libremente llamadas de una empresa telefónica entre los clientes de la otra, CODETEL había salido perjudicada, porque superaba con mucho a su competidor. Pero había compensando un poco cobrando el tráfico de minutos por sus redes, a la empresa de la competencia. Esto había obligado a TRICOM a buscar una solución legislativa para los altos costos por la interconexión y el sistema de balanceo, era un embudo que le convenía. Esta empresa no cobraría nada a CODETEL por circular por sus redes, pero CODETEL no podría cobrarles nada a ellos por usar las de la competencia. Parecía un trato igualitario, pero las redes utilizadas por TRICOM triplicaban las que eventualmente pudiera utilizar CODETEL. Pero la ley tiene que ser “igual para todos, para ser justa” y en ese principio sabiamente manipulado se basó el famoso balanceo... sólo que se mecía mucho más para un lado que para el otro. Luis Álvarez Renta fue la persona contratada por TRICOM para que “convenciera” al Congreso dominicano de la importancia de que la ley “fuera igual para todos” y que si CODETEL usa el cableado de TRICOM, por virtud de la interconexión, TRICOM podía usar el cableado de CODETEL sin ningún pago. Montados en ese carrusel encontraron los tele difusores de alta frecuencia las bases para hacer sus propias modificaciones.







Fidel Pichardo Baba había salido extenuado del juicio. Los magistrados habían dado un receso breve para discutir un incidente y aprovechó para fumarse un cigarrillo en el pasillo del Palacio de Justicia. Estaba recostado en la baranda, a menos de dos metros del ascensor cuando se le acercó el abogado Froilán Tavares hijo

        • Fidel ¿cómo te va? –preguntó el amigo.

        • Bien Froilán ¿y tú?

        • Con mucho trabajo. Oye Fidel, necesito hablar contigo. ¿Tengo algunas cosas que tratarte. Cuándo nos podemos ver?

        • Cuando tú quieras. Sabes que estoy súper atareado con este juicio, pero hay días libres, me llamas y coordinamos.

        • Te voy a llamar, porque hay un tema que necesito plantearte y es urgente.

        • Ok. No tengo problemas –se despidió el Consultor Jurídico del Banco Central y se dispuso a regresar a su audiencia.

Froilán Tavares es hijo de Ramón Froilán Tavares, abogado ya fallecido, que dirigió la Junta Central Electoral en la década de los 80. A su vez es primo hermano de ¿Wendy?, la última novia conocida del licenciado Luis Álvarez Renta.

Fidel Ernesto Pichardo Baba había sido encomendado por la Junta Monetaria para que elaborara un informe en el cual se definiera la situación jurídica de las zonas francas y la pertenencia de la concesión para su explotación. Fidel se encontraba en la etapa de redacción y recomendaciones finales en torno al tema.

El abogado del Banco Central y de la Junta Monetaria tenía en su contra que el doctor Guido Gómez Mazara, en su condición de Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo en el gobierno pasado, sobre el mismo tema, le habían dado una asesoría privada al licenciado Luis Álvarez Renta, en la cual salía muy favorecido el asesor financiero internacional que hoy estaba siendo juzgado como cómplice en la quiebra de Baninter. Los giros y las vueltas que se le había dado al tema desde esa alta instancia del Estado, dificultaban un poco arribar con claridad a una conclusión creíble. En aquella ocasión los abogados de Ramón Báez Figueroa acusaron a Guido Gómez de haber dado una consulta a nombre del Estado Dominicano, favoreciendo al señor Álvarez Renta, en contra, incluso, del mismo Banco Central, en una clara confrontación de intereses que perjudicaba al Estado Dominicano. En su acusación, los abogados de Ramón Báez Figueroa le atribuían a Gómez Mazara haber cobrado cinco millones de pesos a través de su tío político Ángel García Berroa.

En torno a ese pago se produjo un revuelo, porque Luis Álvarez Renta y el pariente de Guido Gómez señalaron que García Berroa había recibido el pago por la compra de unos terrenos turísticos en la comunidad de Miches, por parte de Ramón Báez Figueroa. El desmentido categórico y tajante del banquero y sus abogados no se hizo esperar, lo que dio surgimiento a las especulaciones en torno al desembolso de los cinco millones de pesos que hizo Luis Álvarez Renta a favor del familiar de Guido Gómez, precisamente en los momentos en que salía publicado informe del trabajo que había hecho el Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo en contra del Banco Central, de su gobierno, y a favor de Luis Álvarez Renta.

Froilán Tavares hijo no pudo esperar mucho tiempo. Cuando hubo terminado el juicio, Fidel Ernesto encontró al joven recostado de su vehículo todo terreno.

        • Froilán ¿todavía estás por aquí? –preguntó Fidel.

        • Sí, es que tengo mucha urgencia en hablar contigo. Mira qué pasa mi hermano: Don Luis tiene mucho interés en que tú lo ayudes con ese informe que estás haciendo... con él te puede ir muy bien.

        • Oye, oye, qué tu quieres decir... ¿me estás sobornando?

        • No hombre, déjate de vainas... tú no te imaginas el poder que tiene Luis Álvarez. Él te puede ayudar muchísimo y tú no tienes que hacer nada malo, porque no se trata del juicio, sólo tienes que dar un informe favorable sobre las concesiones de las tiendas de zona franca y te puede ir muy bien.

        • Mira hermano, yo no tengo ningún interés en tu oferta. No me interesa.

        • Es que las cosas se pueden hacer sin que nadie se dé cuenta.

        • ¿De qué me hablas?

        • ¿Tú tienes un apartamento, verdad? –preguntó ansioso el abogado Tavares.

        • Sí, lo tengo. ¿Qué tiene que ver?

        • Mira, él te puede comprar ese apartamento. ¿En cuánto tú crees que está valorado el apartamento ahora?

        • Yo pienso que debe costar como RD$5 millones de pesos, pero yo no lo vendo.

        • Es que él te puede dar diez o doce millones por el apartamento. Piénsalo, hermano, es una buena oportunidad y tú sólo vas a decir que vendiste tu casa y nadie se va a enterar de nada... es una forma muy simple de recibir un buen dinero.

        • Déjame pensarlo. Hablamos mañana –dijo Fidel, tratando de investigar hasta dónde era capaz de llegar el financista acorralado.

        • No seas pendejo. Deja esa seriedad. Podemos sacar mucho provecho.

        • Nos vemos mañana.

        • Ok. Yo te llamo para que luego nos juntemos.

El abogado del Banco Central se marchó muy preocupado. No había tenido recursos holgados en su vida, pero tenía un gran compromiso con su honor y con el gobernador del Banco Central. No Podía fallarse a sí mismo ni a su familia, pero tampoco a él, Héctor Valdez Albizu, que le había depositado su confianza. Doce millones de pesos eran una suma impactante para sus niveles económicos, pero en este proceso no se podían dar el lujo de doblarse. Había que llegar hasta las últimas consecuencias. Esa era la política del gobernador y así tendrían que actuar todos. Al otro día, el abogado y amigo le abordó temprano, desde que llegó al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva.

        • Fidel, el hombre está muy interesado en tú respuesta. ¿Pensaste bien todo lo que te dije...?

        • Sí, lo he pensado, pero no me has dejado dormir con ese problema. Yo voy a dar mi informe como lo tengo planificado, sin ningún tipo de intervención extraña. No me interesa ninguna negociación.

        • Mira Fidel. Esto no tiene que ver con el juicio, es sólo un problema de a quién se le dejan las tiendas ahora. Tú no vas a afectar el caso que estás llevando, o sea que no hay conflicto de intereses. Tú vas a seguir en tu caso.

        • Es que yo no puedo hacer eso, entiéndeme.

        • Te voy a decir una cosa, Luis Álvarez es tan abierto que si yo le digo que el apartamento lo compramos en RD$20 millones él te lo paga así, sin problemas.

        • ¡Coño, ¿tiene tanto dinero ese turpén?

        • El te puede dar lo que tú pidas.

        • No, no puedo meterme en ese lío. Después hablamos. Nos vemos luego, que voy para el juicio.

El doctor Pichardo Baba rindió su informe a la Junta Monetaria, contradiciendo los términos del informe que anteriormente había dado el Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo. Los derechos de la concesión debían rescindírsele al señor Álvarez Renta. La tentación no había podido doblegar al coordinador del Consejo de abogados del Actor Civil. Había otras cosas para él mucho más importantes que un par de millones de pesos, y eso, no tiene precio.
















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