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Todas las Posibilidades Freddy Aguasvivas

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Capítulo XII


Vendiendo algo que no es suyo











Ramoncito, acostado de cara al techo, ordenó a su cerebro encender la pantalla virtual que le servía de transporte para viajar al pasado reciente. Como por arte de magia le parecía ver las imágenes que le devolvían a su confortable despacho de la avenida Churchill con 27 de Febrero... era todo tan real.



  • Señor Báez, han llegado don Luis Álvarez y doña Vivian –le anunció Lourdes.

  • Hágalos pasar, por favor –ordenó el presidente de BANINTER.

Álvarez Renta le había anunciado por teléfono que él y la señora Vivian Lubrano tenían una idea genial para resolver algunos problemitas de liquidez que empezaban a presentarse en el banco. Habían exagerado un poco con las últimas inversiones en el Canal 27, Áster, Canal 13 de Telecentro y Supercanal 33. Estos medios habían hecho sacar demasiado dinero junto y sin que ninguno de ellos produjera gran cosa para ingresar al Baninter. No cubrían ni siquiera sus nominas.

Si sumaban a todo esto las grandes inversiones que habían significado la compra de Listín Diario y la estructura del grupo Hazím, estaban hablando de cinco o seis mil millones de un golpe, en un año, sin recibir ingresos por ninguna vía. Bueno, Luis Álvarez siempre tiene una salida para todos estos embrollos, había que escucharle. De hecho se decía que él y Vivian Lubrano tenían los dos mejores cerebros financieros del área y una increíble destreza para articular ingenierías empresariales al más alto nivel.

  • Buenos días Ramoncito... ¿cómo te encuentras? –saludó el asesor financiero.

  • Buenos días, jefe – saludó la dama.

  • Bien, dentro de lo que cabe. Cuéntenme, ¿qué tenemos de nuevo?

  • Hay un tema que no podía tratarlo por teléfono, porque sabes que nos escucha mucha gente a la vez, sobre todo la competencia. Pero es muy interesante –adelantó Álvarez Renta, para luego proseguir –Te tenemos un manjar. Una bicoca. La Asociación Popular de Ahorros y Préstamos. Esa gente tiene catorce mil millones de pesos en ahorros y ese es el dinero más seguro del mundo, porque nadie lo mueve y es baratísimo. La gran mayoría está depositado en cuentas de ahorros que duran muchísimos años para moverse. Pero los certificados a plazo son duraderos, tradicionales y confiables. Es la mejor fuente de ingresos seguros para nosotros capitalizarnos con ese dinero y podemos usarlo con toda confianza, ya que en veinte años nadie habrá notado que lo estamos moviendo. He hablado con doña Vivian y ella está preparando toda la estructura necesaria para poner este plan en movimiento, si tú das la autorización.

  • Okay, pero nadie ha podido usar el dinero de las asociaciones, tienen una política muy rígida y sabes que sólo nos dan una tajadita. ¿cómo podemos hacer esa operación? –se interesó Ramoncito.

  • Bueno, no es que sea fácil, pero con una ingeniería financiera podemos lograr atar todos los cabos y los colocamos en nuestras manos –argumentó doña Vivian –Hay que hacer algunos amarres en el congreso, pero eso lo tenemos controlado con Ángel Rondón. Él ha preparado toda la estrategia para quedarnos con esa institución.

  • Catorce mil millones son una buena presa. Con eso salimos de todos los problemas y nos vamos por encima del Popular –calculó Báez Figueroa.

  • No tan de prisa... eso hay que hacerlo sin levantar ronchas para evitar un escándalo. Acuérdate de la filosofía de las asociaciones mutualistas. Debemos actuar con mucho cuidado y empezar de inmediato a hacer los amarres. Tú tienes que saber que eso cuesta un dinero. Catorce Mil millones no se obtienen de la noche a la mañana y menos en este país –dijo Álvarez Renta.

  • Empecemos a trabajar. Yo estoy de acuerdo, por un botín así, vale la pena cualquier inversión. Eso nos saca de todos los problemas de liquidez.

  • Hay que empezar con Azor. Sabes bien lo ambicioso que es y querrá volar alto. Pero también tenemos que llamar a Ángel Rondón. Hay que hacer algunos arreglos al Código Monetario y Financiero y él es el experto en esas modificaciones –el Consultor quería dejar claro que contaba con la anuencia del jefe para dar todos los pasos necesarios.

Ángel Rondón tenía la habilidad de convencer a los senadores y diputados de la necesidad de las leyes, y de los beneficios de sus modificaciones. Armado solo con un maletín en las manos, no había caso que se pusiera a su cuidado que no fuera resuelto. Era caro, pero eficaz. Para que Baninter pudiera usar a su antojo los recursos de la Asociación Popular de Ahorros Y Préstamos, era necesario modificar algunos artículos de la Ley Monetaria y Financiera (Código Monetario) para que permitiera la fusión entre una Asociación de Ahorros y Préstamos y un banco múltiple. Este proyecto cursaba en el congreso. Resuelto este escollo, todo marcharía sobre ruedas. Con la ley vigente, las asociaciones de ahorros y préstamos eran entidades mutualistas que sólo podían fusionarse entre sí, pero nunca con un banco comercial.

  • Haz lo que tengas que hacer. Ese negocio lo necesitamos de vida o muerte. Estamos hablando de 14 billones de pesos. Eso no lo tiene ningún banco disponible en este momento con dinero tan barato. Con esos activos nos disparamos y salimos de los problemas.

  • Lo que no has tomado en cuenta de esta ingeniería financiera es que matamos dos pájaros de un tiro, porque también le damos un golpe de gracia a la competencia –le explicó el Consultor.

  • ¿Cómo así, en qué afecta a la competencia? –preguntó sin caer todavía en la cuenta de la insinuación.

  • Ramoncito, ¿dónde tiene la Asociación Popular la mayoría de ese dinero? –preguntó con picardía el hombre de negocios.

  • Coño, en el Popular. Si le sacan todo ese dinero de un golpe, el palo que le damos es fuerte – ahora Ramón Báez sonrió con deleite, poniendo cara de gran satisfacción –. Ustedes son unos genios. Así, si no lo bajamos a segundo lugar, nos ponemos muy cerca del ellos.

  • Sólo imagínate – calculó Luis Álvarez Renta – que ellos tengan cinco o seis mil millones en el Popular. Cuando nos hagamos dueños, aunque sea paulatinamente, los vamos trayendo para acá. Ellos disminuyen sus activos en seis mil millones y nosotros lo aumentamos en diez mil millones. ¿Quién será el número uno? –la sonrisa de Guasón le atravesaba toda la cara. Se vanagloriaba de ser un genio de las finanzas y de pensar en todas las soluciones para los grandes problemas del empresariado nacional y hasta internacional. Sus neuronas estaban adiestradas para las grandes soluciones, para articular una operación con la otra y hacer del imposible un hecho relativamente fácil para sus habilidades y trucos.

Las asociaciones mutualistas o de ahorros y préstamos para la vivienda son entidades sin fines de lucro creadas mediante la ley 5897 del 14 de mayo de 1962, promulgada por el presidente del Consejo de Estado, doctor Rafael F. Bonelly, con la finalidad de fomentar el hábito del ahorro para dedicarlo a la construcción, adquisición y mejoramiento de la vivienda. Las asociaciones de ahorros y préstamos para la vivienda, aunque otorgaban préstamos con garantía para cualquier actividad que calificara dentro de los parámetros del banco, la gran mayoría de los recursos estaban destinados a la construcción de vivienda, especialmente de la clase media, los profesionales y trabajadores de cierto nivel. Para sus inicios, todas estas entidades empezaron con urbanizaciones sociales en las ciudades donde operaban, las cuales hacían financiamientos con muy bajos intereses para los ahorrantes y cuotas accesibles a 20 años para pagar. El modelo tuvo un éxito inmediato. El crecimiento no se hizo esperar. Muy pronto estas entidades acumulaban grandes sumas de dinero en ahorros a una baja tasa de interés.

El esquema era muy funcional. Por las facilidades que otorgaban a los ahorrantes para construir o adquirir sus viviendas de los proyectos que ellos patrocinaban. La masa de ahorrantes del país colocó su dinero en sus manos, con la esperanza de calificar para un techo propio. Como el déficit habitacional de los años 60 era muy alto, el principal objetivo de cualquier familia de clase media, sobre todo los matrimonios jóvenes, era guardar algunas reservas como forma de lograr su meta primordial de tener una casa. Desde esa óptica, el alud de ahorrantes que se acercó a esas entidades sin fines de lucro fue extraordinario, con el beneficio adicional de que los depositantes se sentían dueños de la asociación.

El dinero captado en esas cuentas es el más barato del mercado y el más seguro, por su escasa movilidad. Cuando una gente podía guardar cinco ó diez mil pesos, y más en los segmentos de la clase media tradicional y de personas mayores de edad, que lograban colocar cincuenta, cien mil o medio millón de pesos en libretas o certificados, se sentían sumamente seguras y confiadas en su futuro. Esto lo hacían para recibir cada mes los intereses que estos ahorros les representaban. Era un gran negocio, captar dinero al 3% ó 4% anual, y prestarlo al 18% ó 24%, garantizados por una vivienda nueva.

Sin embargo, el sistema de ahorros y préstamos tenía sus pros y sus contras. Al no tener dueño, nadie se podía alzar con el dinero de los ahorrantes. Era un patrimonio de las comunidades y hay que decir que en las primeras tres décadas de existencia, las asociaciones se manejaron con mucha moderación y sobriedad, salvo raras excepciones que confirmaban la regla.

Nadie era dueño absoluto de las asociaciones porque todos los que tenían una cuenta con más de RD$100 pesos, poseían el derecho de voz y voto en las asambleas anuales, pero ninguno podía tener más de 50 votos, por más dinero que tuviera ahorrado.

El truco estaba en el Consejo de Directores. Para ser elegido miembro del Consejo por tres años, tenía que ser en una asamblea anual con la mayoría de los “propietarios” presentes. Es decir, con todos los ahorrantes. Como era muy difícil juntar 30 ó 40 mil depositantes en una asamblea cada año, ahí se manifestaba la debilidad y la trampa que permitía perpetuarse en el poder al Consejo de Directores inicial. La primera asamblea, que funcionaba como constitutiva, se hacía con el quórum presente, cualquiera que éste fuera, al ser los fundadores los que encaminaban las gestiones de constitución y sólo se necesitaba de cinco personas como socios para comenzar el negocio. Este consejo podía ser reelecto indefinidamente.

Pero a partir de ahí, los estatutos permitían que ese Consejo de Directores “votara” por todos los socios ausentes en las próximas asambleas, para impedir que la entidad dejara de funcionar por no poder reunir nunca un quórum de 40 ó 50 mil personas ahorrantes. Desde esa época se colocó detrás de la libreta de ahorros que usted recibe y firma, una declaración en la cual usted acepta y autoriza que el Consejo de Directores lo represente en las asambleas anuales, si usted no puede ir a votar.

Con ese mandato expreso, nunca más podrán ser sustituidos los miembros de un Consejo de Directores, a menos que no sea por conspiración interna de los integrantes. Si se hace una evaluación de las asociaciones de ahorros y préstamos de cada provincia, la gran mayoría de los miembros del Consejo tiene más de 30 años como directores, y los nuevos han ocupado posiciones cuando los fundadores han muerto o los que por alguna razón han renunciado, o han sido expulsados por faltas graves. Los gestores iniciales de estas entidades, se cuidaban de construir un órgano directivo que respondiera a sus intereses, generalmente colocando familiares, amigos, socios y relacionados, de tal manera que siempre se tenía el control del voto tanto de los miembros titulares como de los suplentes.

En este contexto tenía que trabajar Luis Álvarez Renta y Vivian Lubrano de Castillo en su estrategia de dominio de los fondos para ser absorbidos por Baninter. Por regulaciones de la Junta Monetaria y la Superintendencia de Bancos, los fondos de esas entidades mutualistas tenían que ser depositados en diferentes bancos, para protegerlos de la potencial quiebra y que ésta no se llevara de paso los recursos de los ahorrantes. Parece ser que por ahí andaban las maquinaciones del estratega y asesor financiero. Romper ese cerco jurídico, alterando el Código Monetario y Financiero, de manera que se pudiera permitir la fusión entre un banco de Servicios múltiples y una asociación de ahorros y préstamos para la vivienda.

En el caso de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, durante décadas el señor Azor Hazoury Tomes había concentrado un gran poder. En realidad tenía un feudo en la composición del directorio. Hijas, yernos, cuñados, socios, sobrinos y demás relacionados. Contaba con un poder inmenso. Eso lo llevó a negociar con absoluta confianza.

Azor Hazoury tenía como suplentes a sus dos hijas Mari Ángela y Soraya Hazoury. Mari Ángela es la esposa del otro director de la APAP, Ricardo Pellerano Paradas, por consiguiente yerno del presidente ejecutivo de la entidad. Pellerano Paradas, tiene como suplente a su hermano Luis Rafael Pellerano. Otros dos directivos vinculados a la familia Hazoury son los hermanos Eliseo y José Fernández, el primero esposo de la señora Soraya Hazoury, la otra hija de Azor. Además son directores los señores Bialines Espinosa, primo hermano de la esposa del doctor Hazoury y Lawrence Hazoury, sobrino de éste. Miguel Pimentel Kareh, miembro titular, tiene como suplente al señor Alejandro Fondeur, quien es esposo de una sobrina del doctor Azor Hazoury.

Los únicos cuatro miembros que no están ligados directamente a la familia Hazoury son el presidente, el respetable médico Héctor Mateo, Ligia Bonetti de Valiente, Pedro T. Esteva Troncoso y Mónica Armenteros de Torrón. La mayoría controlada por el doctor Hazoury era aplastante.

Las negociaciones no se hicieron esperar. El doctor Azor Hazoury, Miguel Pimentel Kareh y Ricardo Pellerano Paradas recibieron la propuesta con júbilo. El muñeco se formó en muy poco tiempo. Como se diría en buen dominicano “un número que gusta y un billetero que insiste...” La similitud de fines, la conjunción de intereses y la misma carencia de valores morales hizo muy fácil la operación. Sólo hay que resolver el problema institucional creado por la ley, con la prohibición de fusiones entre las asociaciones de ahorros y préstamos y los bancos comerciales. Para eso estaba Ángel Rondón Rijo. Él tenía el arte de resolver esos escollos con una facilidad sorprendente. Era un congreso dentro del congreso, pero mejor remunerado.

Para el mes de agosto del año 2002 la operación había sido articulada, con un acuerdo de US$90 millones de dólares, a ser pagados a los tres directores que encaminaron la estafa: doctor Azor Hazoury Tomes, el ingeniero Miguel Pimentel Kareh y el doctor Ricardo Pellerano Paradas. Ángel Rondón servía de bisagra. La transacción estaba consumada. El negocio no había sido malo para el Baninter y Ramoncito. Pagó US$55 millones en papeles y documentos (sólo US$15 millones fueron emitidos en efectivo) y recibió más de US$20 millones de dólares de inmediato de la Asociación Popular, cuando esta hizo un depósito a plazo en Baninter de más de RD$360 millones de pesos. Al final, como era parte de la habilidad de doña Vivian y don Luis Álvarez, Ramoncito recibía US$20 millones y entregaba US$15 millones de dólares, porque los documentos que había emitido no tenían ningún valor ni soporte económico.

Sin que se informara nada al país, ni a los ahorristas de la Asociación Popular, doña Vivian Lubrano de Castillo fue nombrada vicepresidenta Ejecutiva de la entidad mutualista, por Ramón Báez Figueroa, su nuevo “dueño”, sustituyendo a Azor Hazoury. Ésta empezó a tomar el control de la misma, en coordinación con el anterior incumbente. En la sede central de la APAP se estaban habilitando las oficinas que utilizaría la inteligente dama, pero ya, desde Baninter, había empezado a ejercer sus funciones de principal ejecutiva de la entidad comprada, incluyendo el depósito de RD$365 millones en una supuesta “compra de cartera”.












Capítulo XIII


Los demonios del averno












A mediados del mes de septiembre de 2002 Luis Álvarez Renta visitó a Hipólito Mejía en su residencia del sector La Julia de la capital. El asesor financiero era portador de una gran preocupación en torno a lo que estaba pasando en Baninter y quería recabar la opinión de su amigo presidente. Una entidad norteamericana le había hecho una intimación de pago de un préstamo que en realidad había tomado Ramón Báez Figueroa pero que el financista había participado como prestanombres. La General Electric Finances Corpotation había adquirido en subasta los derechos de la deuda que Baninter tenía con el Hamilton Bank de Miami, que se había ido a la quiebra. El 12 de septiembre ellos habían escrito al señor Álvarez Renta requiriendo el pago atrasado. Cuando Luis Álvarez llamó a Soraida Castillo para cuestionarla sobre el atraso, ésta le respondió con la dudosa frase: “Ha habido dificultades para adquirir las divisas... pero eso lo estamos resolviendo en esta semana...” habría dicho la dama funcionaria del área internacional del Banco Intercontinental.

  • Presidente, yo creo que Ramoncito está empezando a tener problemas de liquidez con el banco – le explicó el financista a Mejía.

  • Yo lo que creo es que Ramoncito debe vender a Baninter y salirse de ese problema, ahora que puede – le respondió el presidente, aún sin decirle que ya el Banco Central había iniciado el socorro con el aporte de RD$500 millones en líneas de redescuentos desde el día doce anterior.

  • Bueno, yo estoy de acuerdo, si esa ha sido mi teoría desde hace meses, le he dicho que los bancos dominicanos tienen que congregarse, unirse, para hacer varios bancos más fuertes, porque todos dispersos son bancos pequeños.

  • Vamos a llamar a Ramoncito, para que tú te vayas donde él y conversen sobre ese particular.

Ciertamente el presidente marcó el número del banquero y le informó que Luis Álvarez Renta llevaba una propuesta que era avalada por él y que luego la verían en detalle personalmente. El banquero accedió a recibir al asesor financiero y se pusieron de acuerdo para la visita.





Ramón Báez Figueroa había recibido con agrado la idea de Hipólito Mejía y Luis Alvares Renta de vender Baninter. De hecho les informó que ya él había iniciado contactos en ese sentido. Báez Figueroa, de todas maneras autorizó a Álvarez Renta a escuchar propuestas de grupos financieros que pudieran estar interesados, para explorar esa posibilidad. Luis Álvarez decía no saber que ya se habían iniciado los retiros preocupantes en Baninter ni que el Banco Central había empezado a emitir sus facilidades. Aún así, empezó a hacer diligencias con Bancrédito, Scotiabank, el Progreso, el Bilbao Vizcaya y otros bancos, para proponerles la venta de Baninter, sus empresas relacionadas (como Seguros Intercontinental) Baninter & Trust, entre otros activos.

Para principios del mes de enero el banco de Ramoncito iba de mal en peor. Se había desatado el escándalo de la Pepe Card. Ya con anterioridad, en el mes de diciembre, Báez Figueroa, había sido obligado a retirar los cargos por fraude contra Pepe Goico y compartes. El banco iba a la deriva.

Álvarez Renta puso a funcionar su maquinaria. Había iniciado conversaciones con varios bancos, incluyendo a Bancrédito. Éste había encaminado negociaciones muy en firme durante todo el fin del año 2002 para fusionarse con el Banco del Progreso, incluso ya se habían llegado a todos los acuerdos económicos, pero el hecho de que Arturito Pellerano quería la presidencia reservada para él, castró la intención, porque los accionistas del Progreso se negaron a aceptar ese dominio. Para el día 2 de octubre del año 2002, apenas pasados veinte días de la inquietud que le generó el atraso del pago de Baninter al Hamilton Bank de Miami, Luis Álvarez Renta conversó con el presidente del Grupo Financiero Nacional y de Bancrédito, Arturo Pellerano en un encuentro en el que también participó el periodista Anibal de Castro. En esa reunión el asesor financiero planteó su preocupación por la escalada alcista de la prima del dólar y la necesidad de que la banca dominicana se consolidara, porque esa dispersión los hacía débiles a todos. “Vienen días difíciles para la banca...”, pronosticó el economista y estratega, haciendo las veces de pitonisa con acertada visión de futuro, para desgracia de la banca dominicana.

Cuando se frustró la unión con Bancrédito, entonces el Banco del Progreso retomó las conversaciones con Álvarez Renta para el caso Baninter. Estaba el financista en París, en los primeros diez días de marzo cuando recibió la llamada de Pedro –Perucho – Castillo, inquiriéndole sobre una reunión para tratar el tema con Ramoncito. Éste se encontraba esquiando en Vail, Colorado, cuando fue informado de la propuesta de Perucho. El banco estaba hundiéndose, con más de seis mil millones en retiros de los depósitos y el propietario paseaba sus preocupaciones por las blancas nieves que cubrían las montañas de Colorado. Aunque aparentemente él no lo notaba, su banco se deslizaba más raudo y veloz por los acantilados de la quiebra, que la velocidad que sus esquíes alcanzaban con su displicente carga a cuestas. Tanto Báez Figueroa como Pedro Castillo, presidente del Banco del Progreso y Luis Álvarez Renta, tenían sus casas en el famoso centro de esquí internacional que era Vail. Otros ricos dominicanos preferían la ciudad de Aspen en el mismo estado de Colorado, en Estados Unidos.

El financista había tomado su jet privado y en 24 horas estaba junto a su amigo Ramoncito en las nevadas montañas. Llamaron al presidente del Banco del Progreso, quien no tardó mucho en llegar junto a ellos, incluso, aprovechando un encuentro internacional de la tarjeta American Express. Fue cuestión de darle unas horas de reposo al enjundioso cerebro del experto negociador financiero, para que pusiera a tono un acuerdo en el que todos salían ganando.





Ya estando en París, don Luis Álvarez Renta había combinado un almuerzo con el decano de los diplomáticos latinoamericanos en la capital francesa, don Javier Pérez de Cuéllar, ex presidente de las Naciones Unidas, para el día 13 de marzo. Pero el presidente Hipólito Mejía le llama a su celular el día 11.

  • Luis necesito que vengas a República Dominicana que mañana vamos a firmar el acuerdo entre Baninter y el Banco del Progreso. Va a ser en mi despacho y te estoy esperando aquí –ordenó Mejía.

  • Ok. Presidente, yo estaré ahí mañana, saldré en la madrugada en mi Jet privado.

Era un trago fuerte para el negociante cincuentón, pero no podía dejar pasar la oportunidad. Había preguntado desde el mes de enero, que quién le iba a pagar, y Ramoncito había aconsejado que le pagara el Banco del Progreso. Con Perucho Castillo había convenido un pago de US$10 millones de dólares para planificar toda la estrategia financiera de esta fusión, pero algunos miembros del Consejo de Directores del banco le habían informado que Castillo sólo había sometido la aprobación de US$3.5 millones de dólares. No tenía idea qué pensaba hacer Perucho con la diferencia, pero era un hombre acostumbrado a hacer sus negociaciones con la fuerza que da la palabra de los caballeros, como tenía antes el pelo de un bigote, la fuerza de mil contratos. Esa no era su principal preocupación por el momento. Llegó al Aeropuerto Internacional de Las Américas y de ahí salió disparado para el despacho del Presidente de la República en el Palacio Nacional de Gazcue.

El ambiente era confuso. Notaba un nerviosismo extraño en Báez Figueroa. Ya habían llegado a un acuerdo formal y al Palacio sólo iban a cumplir con el protocolo de firmar delante del Primer Mandatario, para darle más fuerza al pacto y aumentar la credibilidad. Ramoncito haló al asesor financiero para un rincón del despacho y le susurró:

  • He planteado al presidente que tengo otra solución para no tener que firmar con el Banco del Progreso.

  • Pero qué solución tú propones. ¿Te estás volviendo loco? Yo he venido de Francia a la firma de este acuerdo. ¿Qué te propones ahora? –preguntó Álvarez angustiado.

  • Creo que si el presidente autoriza que me den una buena partida de redescuentos más, yo puedo manejar la situación. En febrero la cosa mejoró un poco y ahora en marzo podemos rebasar toda esta incertidumbre. Tengo negociaciones con otras entidades con las que nos puede ir mejor –planteó Báez Figueroa.

Es muy probable que Ramoncito estuviera contando con el dinero de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos. Los directores con los que había negociado le habían prometido avanzar la fusión y eso le daría una buena proporción de liquidez. De hecho ya habían enviado más de RD$300 millones en depósitos.

  • Pero ya hemos llegado a un acuerdo con el Banco del Progreso y recuérdate que tú me pediste que trabajara para ellos. Yo no puedo aceptar esa solución que tú propones.

  • Es mejor para todos, apóyame en esto, que te irá bien –sugirió Ramoncito.

  • Oye, no estás viendo las cosas claras. Toma estos números. Baninter ha reportado beneficios en los últimos años de poco más de RD$300 millones de pesos. Ya me ha dicho el presidente que te han dado más de cinco mil millones de pesos en redescuentos y quieres una buena partida más. Sólo con los cinco mil millones que te han dado, tendrías que ganarte RD$500 millones anuales durante 10 años para poder pagar esas facilidades, sin tomar en cuenta ni los intereses ni el resto de dinero que necesites para cubrir lo que viene... ¿No te das cuenta que tu mejor solución es salir cuanto antes de este atolladero? No hay salida posible con la situación actual, que no sea la fusión con otra entidad que se haga bien grande para que pueda enfrentar el pago de esos préstamos que está haciendo el Banco Central –por algo Luis Álvarez había ganado fama de tener el cerebro financiero y empresarial mejor dotado del país.

  • Oye Luis, si es por el pago, no te preocupes, que yo te pago lo que te iba a pagar el Progreso –le insinúa Ramoncito.

  • Coño Ramón, yo no necesito que tú me pagues ni que me pague el Progreso. Ese no es mi problema ahora. Yo estoy buscando lo mejor para ti y para el país –le dijo Álvarez Renta.

Pedro Castillo había llegado con su portafolio y su equipo para la firma del documento, pero parece que sería todo en vano. Acuerdo que no se firmaría en ese instante. En ese momento se acercó el presidente Hipólito Mejía y se llevó a Luis Álvarez a otro extremo de la oficina y le consulta:

  • Luis ¿tú no crees que podemos hacer lo que dice Ramoncito? ¿No podríamos buscarle la vuelta a esto? –le pregunta.

  • Mire presidente, eso no es posible. Por más redescuentos que usted le dé no va a parar el clima de desconfianza y de falta de credibilidad. Es necesario dar un golpe de efecto, cambiar de manos, para que los depositantes crean en el banco y deje su dinero ahí. Mientras la gente no vea ese cambio, cada día se corre la voz e irán más personas a buscar sus recursos –le asesoró.

  • Bueno, vamos a darle un chance a Ramoncito, para ver lo que él puede hacer –terminó afirmando Mejía.

  • Yo me voy a París. Tengo un almuerzo con Pérez de Cuéllar mañana y he venido sólo para firmar este acuerdo y mira con lo que me encuentro –el estratega financiero estaba sumamente molesto. Echaba chispas de la incomodidad, y dirigiéndose al Jefe del Ejército, le vociferó molesto:

  • General Díaz Morfa, por favor, autorice a mi helicóptero que aterrice en el patio del Palacio. Yo regreso de inmediato a París –casi chillaba Álvarez Renta.

En pocos minutos su helicóptero hizo tierra y el financista salió de la reunión con cara de muy pocos amigos. En el Aeropuerto Internacional de Las Américas abordó su jet privado y de nuevo, con poco menos de cuatro horas en el país, estaba tomando su avión de regreso a Francia, con la misma prisa con la que había venido.

Al salir de la reunión, Ramón Báez Figueroa haría un desmentido en la prensa sobre la posibilidad de una fusión entre los dos bancos. Sus declaraciones aparecidas en la primera plana del Listín Diario y otros periódicos del día siguiente, hablaban de una fortaleza del sistema bancario dominicano que sólo existía en su mente.

Mientras tanto, Álvarez Renta, en París, tras almorzar con Pérez de Cuéllar se dirigió a su casa, cerca de las seis de la tarde. Sonó su móvil.

  • Luis, es Hipólito. Parece que Ramoncito y Perucho se han puesto de acuerdo. Tienes que venir para acá.

  • Bueno presidente, pero yo vine ayer de allá. ¿Ahora es en serio que van a firmar? –preguntó un poco escéptico Luis Álvarez.

  • Ahora sí. Creo que todo está resuelto entre ellos. De todas maneras, yo tengo una reunión el próximo lunes 17 de marzo en mi casa. Ahí voy a estar con todo el equipo económico y me gustaría que estés presente para que expliques los conceptos generales de la fusión.

  • No hay problemas, Presidente. Yo me voy este fin de semana allá y participo con ustedes –prometió el experto negociador financiero.

Ciertamente Luis Álvarez regresó al país en el fin de semana. EL lunes se dirigió a la reunión acompañando a Perucho Castillo en su carro, para poder ir pasando revista de los acuerdos. Aquí el banquero aprovechó para decirle que había logrado con la Superintendencia de Bancos el listado de la cartera de préstamos de Baninter y que había un problema con una cartera muy mala de más de RD$17 mil millones de pesos en préstamos.

  • ¿Qué cantidad de esa cartera se puede recuperar? –preguntó el financista al banquero.

  • Creo que cerca de un 40%. No más –explicó Pedro Castillo.

  • Bueno, hay que hacer lo siguiente: para cubrirte y tener un colchón que nos permita jugar con eso, debemos informar en la reunión con el Presidente que la cartera es como de RD$20 mil millones y que hay una buena partida de cartera mala. Así comprometemos al Banco Central con el rescate de esos activos –aconsejó el asesor del Banco del Progreso.

En la reunión de la casa del presidente estaba todo el equipo económico del gobierno, incluyendo al economista y asesor del Banco Central, Andy Dauhajre. Perucho Castillo y Álvarez Renta dieron un informe detallado de los alcances del acuerdo de fusión con el Baninter y de los aportes que tenía que hacer el Banco Central para ese rescate. Como habían acordado, el banquero y su asesor presentaron la cifra de RD$20 mil millones. En esa reunión el presidente informó que iba a nombrar a Lois Malkún como Gobernador del Banco Central en sustitución de Frank Guerrero Prats. Esto ocurriría una semana después, el 26 de marzo, pero ya Lois estaba recibiendo los informes como tal. Álvarez Renta aprovechó la ocasión para ponerle a Malkún al tanto de los acuerdos a los que estaba arribando con Aldeasa sobre las tiendas de zona franca y la posibilidad de abonar US$10 millones de dólares a los compromisos que el BANINTER estaba rubricando con el Banco Central, por los redescuentos.

Para el 19 de marzo Luis Álvarez Renta tenía un compromiso, asumiendo funciones de embajador, aún cuando el plácet no había llegado, en la reunión del Grupo de Río en Grecia. Había invitado al Canciller de la República, don Hugo Tolentino Dipp para que le acompañara a Francia y luego desde ahí viajarían al compromiso en Atenas. Partieron el 18 de marzo desde Santo Domingo. Cuando llegaron al hotel en París, el Ministro de Relaciones Exteriores se enteró que el presidente Hipólito Mejía había aprobado enviar tropas dominicanas a Irak, complaciendo a los norteamericanos y contraviniendo los acuerdos previos a los que habían arribado ambos en el sentido de esperar las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para actuar en consonancia con el alto organismo internacional. Este inconveniente provocó que en el mismo hotel parisino don Hugo Tolentino redactara su renuncia irrevocable como Canciller de la República. Sin embargo, cumplió con su última misión en Grecia, acompañado de Luis Álvarez, quien se mantenía a la espera de la aprobación del gobierno francés para asumir sus funciones de embajador en el histórico país del viejo continente.

Para el día 18, previo a la cumbre del Grupo de Río en Grecia, don Luis Álvarez tenía una agenda muy agitada. Muy temprano de la mañana salió hacia Londres a cumplir con unos compromisos. Después del almuerzo voló en su jet privado hasta Madrid para algunas reuniones de la tarde y en la noche regresó a París, para recoger a don Hugo Tolentino y dirigirse hacia Atenas.

Luego de la cumbre, Hipólito Mejía llamó de nuevo al embajador en hold y le pidió que regresara de inmediato al país para la firma del acuerdo de fusión entre Baninter y el Banco del Progreso, que sería rubricado el próximo lunes 24 de marzo de 2003. No sería hasta las 4:00 de la tarde de ese lunes que el financista estaría arribando al Aeropuerto Internacional de Las Américas y se dirigió presuroso hacia el despacho de Ramón Báez Figueroa en la intersección de las avenidas 27 de Febrero con Winston Churchill en el centro de la ciudad.

























Capítulo XIV

Jugando con cartas marcadas











Eran las 9:17 de la noche cuando Ramoncito y Pedro Castillo se estrecharon la mano, se miraron a los ojos con gran satisfacción. Pedro, de lentes redondos de concha, tradicionales, sonreía a plenitud. Ramoncito se mostraba triunfal y sostenía una mirada penetrante. Ambos estaban muy contentos. Había sido un negocio ganar-ganar. Sólo había perdido el pueblo dominicano, pero eso, en este momento, no importaba mucho. En el salón de reuniones de la holgada oficina de Báez Figueroa se distinguía una decoración sobria con muebles formales. Impecablemente vestidos con trajes oscuros, los dos presidentes de banco parecían haberse combinado para asistir a un concierto. El presidente del Progreso, lucía más imponente. Sobresalía tres pulgadas por encima de la cabeza de Ramoncito y unas veinte libras de más en el peso. Pedro Castillo llevaba el pelo ondulado tocado con un gel que le imprimía un brillo especial a sus incipientes canas, muy bien disimuladas. El modelo cruzado de su traje azul oscuro, de seda, desde hacía un par de años que había entrado en desuso. Parecía desfasado, sin embargo mantenía la caída de un vestuario caro, de finísima confección. Su corbata gris, con discretos estampados amarillos en bajo relieve, que procuraban ser imperceptibles, le daba mucha distinción a su vestuario, sobresaliendo, sin embargo, el broche de oro del Banco del Progreso muy visible en el lado izquierdo de su pronunciada solapa. La tradicional camisa blanca de algodón completaba el atuendo.

De su parte, Ramón Báez Figueroa mostraba un rostro brillante, reluciente de felicidad. Todo era festivo en el momento previo a la firma.

  • Coño, es un momento tan importante y no tengo bolígrafo. ¿Quién me presta una pluma? –el doctor Francisco Álvarez (Pancho), que estaba en la reunión representando al Grupo Progreso, extrajo su Mont Blanc, de fina plata, que le había regalado su esposa y la cedió al presidente del Banco Intercontinental.

El momento de las pronunciadas sonrisas y abrazos, fue aprovechado por Álvarez Renta para poner en claro sus cosas.

  • ¿Quién me va a pagar? porque ustedes saben que yo salgo caro y no quiero que me hagan una fullería –era muy probable que los dos sectores tuvieran que manifestarse espléndidamente con el prominente asesor.

Tres copias en sus originales fueron firmadas y reposaban sobre la mesa cuando los dos hombres de negocio se dieron la mano y se miraron a los ojos.
– Te felicito, has hecho un gran negocio –le dijo Ramoncito a Pedro Castillo.

  • Los dos hemos hecho un gran negocio. Yo espero que todo sea para bien –le respondió el máximo ejecutivo del Banco del Progreso.

Ramón Báez Figueroa también lucía un traje azul oscuro, de seda, pero mucho más actualizado. Destacando sobre su camisa blanca de algodón, una llamativa corbata de rayas oblicuas doradas, intercaladas con líneas más suaves en el mismo azul del traje. En el dedo anular de su mano izquierda sobresalía la alianza que lo delataba como un hombre casado. Ambos reían a carcajadas cuando firmaban la fusión entre el Banco Intercontinental y el Banco del Progreso, para poner fin a los momentos difíciles que estaban provocando los grandes retiros del banco propiedad de Ramón Báez Figueroa. Sí, era un negocio ganar-ganar. Ahí ganaban todos: Pedro Castillo y el Banco del Progreso, porque sin pagar prácticamente nada, se quedaban con el que sería el banco más grande de la República Dominicana. El hecho de saber ahora que los activos estaban por encima de los RD$80 mil millones de pesos, duplicando al que se consideraba el más importante banco privado del país, le otorgaba una gran satisfacción. Con esa adquisición, sin dudas, el Banco del Progreso tomaría la delantera y con muchos cuerpos de ventaja. Ganaba Ramoncito porque escapaba del más grandes atolladero en que se había metido en su vida, y se salía debajo de la goma de un camión, al momento de entregar en manos de otro sector bancario todos los inconvenientes que venía afrontando desde hacía muchos meses. Adicionalmente, salvaba varios de los negocios que para él eran muy importantes, incluyendo los medios de prensa que le proporcionarían la infraestructura mediática necesaria para limpiar su imagen y mantener bien en alto su nombre y el de su familia. El Listín Diario quedaría en sus manos sin deudas ni compromisos financieros, como quedarían también casi todos los medios de comunicación que había adquirido mediante estos mecanismos espurios, que ahora traspasaba al Banco del Progreso. Doscientos Cincuenta Millones de dólares en diferentes activos, era el botín recuperado por el más agresivo e imprudente de los presidentes de bancos comerciales del país. Dieciocho mil millones de pesos habían sido previamente borrados de las cuentas por cobrar a las empresas que quedaban en sus manos, o que estaba vendiendo impunemente a sus nuevos cómplices.

Ganaba Luis Álvarez Renta, cerebro maquinador de toda la estrategia de salvamento del Baninter, con transacciones muy bien estructuradas, mediante una ingeniería financiera que garantizaban que ninguna de las instituciones bancarias sufrirían inconvenientes, por cuanto se lanzaban todos los pasivos incobrables al Banco Central, para que los asumiera, en “aras de la estabilidad de todo el sector y para evitar una gran corrida bancaria que afectara el sistema de pagos de la República Dominicana”. El que mejor se había ganado su dinero era el reconocido asesor y estratega financiero. US$10 millones de dólares y ¿quién sabe?

Ganaban todos. Menos la República Dominicana. El Estado era el único que cargaba con los platos rotos de una administración bancaria deshonesta, funesta y perversa.

  • ¿Quién lleva los documentos a la Junta Monetaria? –preguntó Ramoncito.

  • Yo entiendo que debemos ir todos, le da más fuerza al proyecto de fusión –estableció Pedro Castillo.

  • No, no es bueno que yo vaya. Hay gente ahí que tiene sus huevos puestos en otra canasta y mi presencia podría ser contraproducente. Mejor vayan tú y Luis, tienen mejores relaciones en esa Junta Monetaria –explicó Ramoncito.

Aprobada esta moción, tanto Luis Álvarez Renta como Pedro Castillo se despidieron y se marcharon para hacer una carta que debía introducir los acuerdos de fusión rubricados en ese momento. Ya pasaban de las 9:00 de la noche y la Junta Monetaria había sido convocada para las 8:00 PM para conocer el acuerdo de fusión, que aún no les llegaba. Las cosas se complicaron un poco porque el abogado del Banco del Progreso, Pancho Álvarez, había exigido, primero que se presentara el último estado auditado de Baninter, certificado por una empresa de auditoría externa y segundo que se aclarara con números, qué quería decir en el contrato, “los derechos sobre las negociaciones con la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos”. En qué consistía eso, cuáles montos estaban envueltos. Luego de muchas evasivas, y con el tiempo corriendo a gran velocidad, Ramoncito se decide por hacer una carta explicativa con los siguientes términos:

Santo Domingo, R. D.

24 de marzo de 2003

Señores

Grupo Progreso, S. A.

Ciudad.

Atención: Sr. Pedro Castillo L.

Por este medio me place suministrarles la información solicitada con respecto a la oferta efectuada por ustedes en esta misma fecha y aceptada por nosotros relacionada a la adquisición de Banco Intercontinental, S. A. La Intercontinental de Seguros, S. A. y Baninter & Trust.

En el documento de oferta, en su artículo 3.1, literal a) se hace referencia a la transferencia a favor de Grupo Progreso, S. A. de los derechos del Banco Intercontinental, S. A. en las negociaciones con la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos.

De esta operación hemos producido un desembolso por la suma de US$55,000,000.00 quedando pendiente de pago la suma de US$40,000,000.00.

Tal como lo refiere el documento de oferta, nos comprometemos a entregarles antes de la fecha de cierre, la documentación relacionada con eta operación con la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos.

Agradeciendo su atención a la presente, queda de ustedes,

Muy Atentamente,

Ramón Báez Figueroa.

Luego de haber llegado esta carta al salón de reuniones, traída por doña Lourdes, la secretaria de Báez Figueroa, entonces se procedió a la firma del documento donde el Banco del Progreso hacía la oferta de compra a Baninter.

Ramón Báez había llegado ya hasta su casa de la avenida Anacaona No. 25, en la Torre Libertador, cerca de las diez de la noche, cuando recibió la llamada de Luis Álvarez, que le indicaba que tenía que firmar otra carta de presentación a las autoridades de la Junta Monetaria. Cuando Ramoncito se había marchado, Pedro Castillo y el asesor financiero habían llegado a la conclusión de que ahora lo que iba era que la Junta Monetaria aprobara la fusión pura y simplemente. Era muy tarde de la noche y colocar un contrato de fusión que implicaba discutir puntos muy neurálgicos, era muy cuesta arriba. Aunque Luis Álvarez había hecho sus amarres con el presidente y algunos miembros de la Junta Monetaria, los cuales saldrían muy felices con estos acuerdos, éstos no podrían imponer una solución de tantos compromisos financieros y monetarios a tan avanzadas horas de la noche. La discusión pura y simple de la intención de fusión conllevaría algunos enfrentamientos. Hay que tomar en cuenta que el Banco Popular manejaba a algunos miembros de las entidades reguladoras de bancos. Por eso, sencillamente en la reunión de esa noche sólo se le informaría que se tenía la intención de la fusión, y como un hecho subrepticio se les mencionaría unos anexos que no aparecerían en ese momento, aunque servirían para dar la idea de que todo estaba consumado. Con un buen anuncio en la prensa del día siguiente, Luis Álvarez, Ramón Báez y Pedro Castillo tendrían el tiempo suficiente, luego, para mover sus hilos políticos y accionar sus títeres dentro de las instituciones de la Autoridad Monetaria y Financiera con la finalidad de que los alcances de los acuerdos arribados entre las dos entidades bancarias, fueran aprobados en su totalidad.

Báez Figueroa y Pedro Castillo firmaron una segunda carta ese día con el siguiente texto:

24 de marzo de 2003

Licdo. Francisco Guerrero Prats

Presidente de la Junta Monetaria y

Gobernador del Banco Central de la Rep. Dom.

Su Despacho.

VIA: Licdo. Alberto Attalah (sic),

Superintendente de Bancos

Estimado Licdo. Guerrero Prats.

Por medio de la presente deseamos informarles formalmente que en esta fecha el Grupo Progreso, S. A. y el Banco Intercontinental, S. A. han firmado un acuerdo para la fusión por absorción, por el Grupo Progreso, S. A. del 90% de las acciones del Banco Intercontinental, S. A. Al mismo tiempo le informamos que el Banco Dominicano del Progreso, S. A. asumirá, por cuenta del Grupo Progreso, la administración de todas las operaciones activas y pasivas del Banco Intercontinental, S. A. a partir del 25 de marzo del presente año, previa aprobación de la Junta Monetaria.

En el curso de los próximos sesenta (60) días, procederemos a someter a ustedes toda la documentación necesaria para completar esta operación.

El ente resultante de dicha fusión será el Banco Dominicano del Progreso, S. A. para estos fines se anexa a la presente el documento firmado por los presidentes de ambas instituciones, con la descripción de los acuerdos de la operación.

Con los sentimientos de la más alta consideración y estima, le saluda,

Respetuosamente,

Pedro E. Castillo L Ramón Báez Figueroa

Presidente Presidente

Grupo Progreso, S. A. Banco Intercontinental, S. A.

Esa carta fue llevada a la residencia del Ramoncito en la Avenida Anacaona, por la doctora Miguelina Jiménez, vicepresidenta del Departamento Jurídico del Banco del Progreso y el señor José Martínez, y luego de firmada se entregó un original al doctor Luis Álvarez Renta para que la llevara ante las autoridades de la Junta Monetaria, según aparece en los apuntes manuscritos que asentó la misma doctora Miguelina Jiménez, con su puño y letra al dorso del folder que contenía la correspondencia en los archivos del Banco del Progreso.

Fue recibida en la exhausta reunión de la Junta Monetaria cerca de las 11:00 de la noche de ese lunes 24 de marzo de 2003. El anexo fue excluido. Luego de una intensa discusión que se prolongó hasta las 3:00 de la madrugada, la Junta Monetaria emitió su Resolución Única de esa fecha en la que “tomaba nota del acuerdo de Fusión entre el Banco del Progreso Dominicano y el Banco Intercontinental, S. A”. Autorizaba al primero a tomar el control de las operaciones del segundo y daba un plazo de sesenta (60) días para que se produjera el proceso de la Debida Diligencia y concretaran los acuerdos. La junta pidió que se le entregaran el anexo, que no había llegado.

Como la Junta Monetaria prácticamente amaneció en la discusión de los acuerdos entre el Progreso y Baninter, ese día martes 25 de marzo el personal del Banco del Progreso no pudo entrar a Baninter, porque cuando recibió las autorización ya era muy tarde, no fue hasta el miércoles 26 de marzo cuando se produjo la llegada del equipo del banco comprador, encabezados por su vicepresidente de finanzas, el licenciado Ismael de Jesús González Estrada, un puertoplateño de 60 años con una vasta experiencia bancaria y con muchísima cercanía con Pedro Castillo. También integraba la comisión del Progreso la señora Xiomara Barrera en su calidad de Vicepresidente del banco adquiriente.

La primera en hacer su trabajo fue la Barrera. No sabe si por gracia propia, por nerviosismo o indignación de Benita Castillo, lo cierto es que desde que se sentó a hablar con ella, le soltó de golpe y porrazo toda la información de Baninter con números que la dejaron estupefacta. A Benita Castillo no tuvo que incentivarla para que hablara con claridad y dijera todos los entuertos con los que se podían encontrar, más bien hubo que ayudarla para que se callara. Los datos fueron abrumadores y muy preocupantes.

La Barrera había tomado notas apresuradas y ya para las 2:00 de la tarde había salido disparada para la oficina principal del Banco del Progreso para enterar a Don Pedro Castillo de los descubrimientos. Tenía que informar con prontitud o su corazón iba a estallar. No encontró al presidente del Grupo en su oficina y se sentó en su computadora.

Muchos meses después de todos estos hechos, el Banco del Progreso había contratado a una empresa extranjera, pagándole por horas de labor, que implementó el “Hurricane Project” para recuperar todos los archivos que habían sido borrados por el presidente del Grupo. El trabajo le costaría a la entidad bancaria más de doce millones de dólares. Esta novedad tecnológica permitió dar con el paradero de un sinnúmero de documentos importantísimos, incluyendo todos los archivos borrados con malicia por Pedro Castillo. Entre ellos, pudieron leer textualmente los apuntes de la licenciada Barrera cuando llegó apresurada de BANINTER y se sentó a redactar en su ordenador:

Situación de BANINTER

PWC_DATE 2003/03/26

PWC_TIME 14:22:23

Date Source Created

FILELINK situation BANINTER.xls.

Hoja 1:

Depósitos contra un Activo Intangible RD$15,000,000.000

Depósitos fuera de libros sin contrapartida de activos RD$37,000,000,000

Cartera de Préstamos vendida RD$10,188,134,000

Desencaje RD$1,773,433,000

Depósitos Interbancarios RD$1,306,750,000

Faltante en dólares US$265,000,000 RD$6,635,682.000

Total en RD$ RD$71,903,999.000

Equivalente en US$ US$2,876,159,960

Hoja 2

Author: xiomarab

Last saved by: xiomarab

Application: Microsoft Excel

Last Printed: 2003/03/26 20:03:52

Created: 2003/03/26 18:22:23

Last Saved: 2003/03/26 22:41:30

Company: GRUPO PROGRESO.

Como se ha visto, el 26 de marzo a las 2:00 de la tarde ya Xiomara Barrera estaba escribiendo en su computadora del Banco del Progreso todos los datos, con pasmosa exactitud de lo que pasaba en Baninter. Definitivamente Benita Castillo no sólo dominaba todas las interioridades, sino que también las tenía muy bien registradas. Si se comparaban estos números con los que dieron las auditorías posteriores, tendríamos muchísima cercanía en los datos financieros ofrecidos.

Xiomara se lanzó a buscar a Pedro Castillo a como diera lugar. Necesitaba informarle de primera mano de lo que estaba ocurriendo para que tomara las decisiones necesarias. Lo encontró el en Club de Baninter en Los Prados, junto con Ramón Báez Figueroa informándole a los ejecutivos medios sobre la decisión de fusión que habían tomado ambas entidades bancarias. Discretamente pasó la hoja que había impreso y relató con mucho cuidado lo que acababa de descubrir.

  • ¿Quién más sabe de esto? –fue la inquietud de Castillo.

  • Nadie. Sólo yo tengo esa información –confirmó Xiomara.

  • No se lo digas a nadie más. Déjame a mí manejar este asunto. ¿Estamos de acuerdo?

  • No hay problemas. Dejo eso en tus manos –dijo la Barrera.

La visita de Pedro Castillo junto a Luis Álvarez Renta a la casa del presidente Mejía, la semana previa, le demostró al financista que Pedro tenía documentos e informaciones mucho más allá de las que estaba dejando entrever. Ahora, el mismo día que entraron a Baninter, una de sus principales ejecutivas le ponía al tanto de la situación con la que se iban a enfrentar y él prefirió ocultarla. Más bien, ese mismo día 26 de marzo escribió una carta al Gobernador del Banco Central José Lois Malkún en la que los dos presidentes de los grupos unificados reiteraban de nuevo los alcances de su acuerdo. Si el día 24 de marzo la Junta Monetaria había recibido los anexos que contenían la carta de acuerdo de intención de compra del Banco del Progreso ¿Por qué Pedro Castillo y Ramón Báez Figueroa enviaron esta carta del 26 de marzo, haciendo un detalle de los acuerdos arribados, como si la Junta Monetaria no supiera nada de los mismos? Aunque en la primera página la carta está dirigida a José Lois Malkún, que había sido nombrado ese mismo día, el hecho de que en las páginas 2 y 3 como destinatario aparece Frank Guerrero Prats hace entender que la carta fue redactada o muy temprano o la noche anterior, 25 de marzo y que hubo que hacer las correcciones de última hora, pero que no se percataron de que las demás páginas seguían con un destinatario errado. Veamos:

Santo Domingo, R.D.

26 de marzo de 2003

Señor

José Lois Malkún

Presidente de la Junta Monetaria y

Gobernador del Banco Central

Su Despacho.

Ref. : Adquisición del Banco Intercontinental, S. A.

Por el Grupo Progreso, S. A.

VIA: Licdo. Alberto Atallah,

Superintendente de Bancos

Distinguidos señores:

Luego de un cordial saludo nos permitimos informar a la Honorable Junta Monetaria que el día 24 de marzo del año en curso, los accionistas del Banco Intercontinental, S. A. aceptaron la oferta del Grupo Progreso, S. A., para la adquisición de sus acciones por parte del Grupo Progreso, S. A. con lo cual se concreta un acuerdo de promesa de compraventa de tales acciones. La operación incluye también la adquisición por parte del Grupo Progreso de las acciones en circulación de Intercontinental de Seguros, S. A. y el control de BANINTER & Trust Company, entidad propiedad, en un 100%, del Banco Intercontinental, S. A.

Las negociaciones que dieron lugar a este acuerdo de promesa de compraventa fueron debidamente informadas, desde su inicio, al Gobernador del Banco Central de la República Dominicana, al Superintendente de Bancos y al Secretario de Estado de Finanzas, para los fines pertinentes.

La operación ha sido concebida en tres etapas: en la primera etapa, el Grupo Progreso administraría al Banco Intercontinental, S. A., Intercontinental de Seguros, S. A. y BANINTER & Trust Company, por un período de sesenta (60) días, lo que le permitirá confirmar la situación de las mismas y durante la cual la Junta Monetaria aprobaría las facilidades necesarias para la operación relativa al Banco Intercontinental, S. A. y BANINTER & Trust, Co.

Lido. Francisco Guerrero Prats

26 de marzo de 2003

Página 2

En una segunda etapa, se llevaría a cabo la adquisición de las acciones de las compañías adquiridas por parte del Grupo Progreso, S. A. que, en consecuencia, continuaría con la responsabilidad de la administración de las mismas, ya en calidad de propietario. En la tercera etapa, el Banco Intercontinental, S. A., sería absorbido por el Banco Dominicano del Progreso, S. A., en un proceso típico de fusión por absorción.

El acuerdo de promesa de compraventa prevé que las partes del proceso solicitarán, como por este medio hacemos, a la Junta Monetaria, la aprobación preliminar de la operación, y sobre todo, la aprobación de las facilidades que una operación de esta naturaleza requiere para ser exitosa en beneficio de la estabilidad del mercado financiero.

Estas facilidades que el Banco Central de la República Dominicana otorgaría, cuya aprobación por este medio solicitamos a la Honorable Junta Monetaria, son las siguientes:

              1. Recibir de y pagar a el Banco Intercontinental, S. A. la totalidad de la cartera de cobro dudoso de dicho banco, clasificada como tal por la Administración de Grupo Progreso, debidamente refrendada por la Superintendencia de Bancos, a través de un mecanismo de presentación y traspaso automático de la referida cartera, cada seis (6) meses, durante los próximos veinticuatro (24) meses, quedando el Banco Intercontinental, S. A. como agente de cobro de dicha cartera por parte del Banco Central.

Nota 1 de Ernesto Gómez: Esa cartera era de RD$17 mil millones y Luis Alvares Renta y PC habían presentado como de RD$20 mil millones. El 40% era muy malo.

              1. Liquidar a favor del Banco Intercontinental, S. A. cualquier contingencia, en moneda local o extranjera, que no esté debidamente respaldada por un activo liquidable o cobrable, así como también los depósitos interbancarios, en moneda local o extranjera, que hayan sido otorgados con y sin garantía, incluyendo todas las líneas de corresponsales vencidas o por vencer.

Nota 2 de EG: Ya vimos en el informe de Benita Castillo presentado a Xiomara, que los depósitos con activos intangibles son de RD$15 mil millones. Los depósitos interbancarios hacen RD$1.3 billones y los faltantes en dólares US$265 millones.

              1. Otorgar antes de la Fecha de Cierre, al Banco Intercontinental, S. A., las facilidades que sean necesarias para que éste último readquiera la cartera de préstamos que haya vendido a otras entidades bancarias.

Nota 3 de EG: En el documento de Benita Castillo estas cuentas representan un monto de RD$10,188,134.000.00

Licdo. Francisco Guerrero Prats

26 de marzo de 2003

Página 3

              1. Otorgar un plazo de hasta quince (15) años para el pago de las facilidades otorgadas por el Banco Central al Banco Intercontinental, S. A., hasta la Fecha de Cierre, así como una tasa preferencial para dicho pago, bajo el entendido de que estas facilidades serán asumidas por el Banco Intercontinental, S. A. bajo la administración del Grupo Progreso, S. A. o por el Banco Fusionado, solamente hasta la suma de RD$5,000,000,000.

              2. Nota 4 de EG: Sólo asumen RD$5 mil millones el resto de RD$66,000.00 los asume el Banco Central. Habría que darles, además, 15 años para amortizar este suma, con tasa preferencial, liberalizándolos del Encaje por tres años.

              3. Otorgar un adelanto de liquidez por hasta la suma de RD$2,500,000,000 para cubrir los posibles retiros de ahorrantes del Banco Intercontinental, S. A.

Nota 5 de EG: De los RD$5 Billones, el 50% (RD$2.5 billones) sería recibido por ellos mismos, o sea que sólo se le reconocían a Baninter RD$ 2.5 billones, como líneas de redescuentos. Lo demás lo asumía el Banco Central.

              1. Autorizar al Banco Fusionado a liberalizar el requerimiento de Encaje por un período de tres (3) años; y

              2. Asumir los activos y pasivos de BANINTER & Trust Co.

Nota 7: Otro maco. Una caja de pandoras.

El acuerdo de Promesa de Compraventa entre las partes establece que la aprobación de tales facilidades constituye una condición precedente para la perfección de la adquisición de las acciones del Banco Intercontinental, S. A., e Intercontinental de Seguros, S. A., y el control de Baninter & Trust Company, por parte del Grupo Progreso, S. A., y que su no aprobación en el plazo de dos (2) meses dejaría sin efecto el acuerdo, retirándose el Grupo Progreso, S. A. de la administración de tales compañías.

Toda la información que requieran los técnicos de la Superintendencia de Banco y el Banco Central de la República Dominicana, para cuantificar y valorar técnicamente las facilidades solicitadas, estarán completamente a su disposición, para lo cual hemos instruido a todo el personal de nuestras instituciones.

Agradeciendo su atención a la presente, queda de ustedes,

Muy atentamente,

Pedro E. Castillo L Ramón Báez Figueroa

Presidente Presidente

Esta carta totalmente mutilada para ocultar los términos reales del acuerdo de fusión suscrito entre las partes y el cual supuestamente había ido anexo a la primera carta enviada a la Junta Monetaria el 24 de marzo, fue lo que llegó el 26 de marzo a manos del Gobernador de Banco Central, José Lois Malkún... todavía se ocultaban los alcances del acuerdo real, el cual contenía, entre otras muchas cosas, la transferencia sobre “los derechos de las negociaciones con la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos” que implicaba uno de los más grandes actos de corrupción del proceso discutido, por cuanto implicaba dejar sin sus ahorros a decenas de miles de dominicanos, engullidos en la centrífuga que había diseñado Ramón Báez Figueroa en su fábrica de efectivo que representaba el sistema automatizado de sustracción y borrado que había en Baninter.

La correspondencia pretendía hacer un resumen muy constreñido de los acuerdos de fusión, para la vista de la autoridad monetaria y financiera y no presentarles el documento original con los verdaderos convenios arribados entre las partes. Cuando redactó esta carta, Pedro Castillo sabía ya de las interioridades de Baninter, como lo sabía cuando asistió el 17 de marzo a la reunión de la casa del presidente Hipólito Mejía. Pero prefirió seguir adelante, aunque sus ejecutivos estaban sumamente alarmados con lo que estaban encontrando en las inspecciones que hacían in situ en la entidad adquirida. No sería si no hasta el 28 de marzo, por la mucha insistencia de las autoridades monetarias y financieras, que remitiría finalmente el famoso acuerdo de compraventa para fusión por absorción. Ahí fue cuando el Banco Central y la Junta Monetaria tomaron conocimiento del documento original, mediante una carta que llegó al departamento de correspondencia de la Superintendencia de Bancos ese día 28 de marzo, a la 1:52 minutos de la tarde mediante el oficio No. 003373 del despacho del Presidente del Grupo Progreso, Pedro E. Castillo L.:

Grupo Progreso (timbrado)

28 de marzo de 2003

Señor

José Lois Malkún

Presidente de la Junta Monetaria y

Gobernador del Banco Central

Su Despacho.

VIA: Licdo. Alberto Atallah, Superintendente de Bancos

Estimado señor Malkún:

Muy cortésmente nos dirigimos a usted para anexarle un (1) original, debidamente firmado, del Acuerdo de Promesa de Compraventa firmado entre los accionistas del Banco Intercontinental, S. A., la Intercontinental de Seguros, S. A. y Baninter & Trust Company y el Grupo Progreso, S. A. en fecha 24 de marzo de 2003.

Sin otro particular por el momento, le saluda,

Muy respetuosamente,

(Sólo rúbrica)



PECL/lg

En la estratagema Pedro Castillo había mezclado una buena cantidad de intereses. Estaban primero los suyos que eran los más importantes. Esta fusión le abría muchas puertas de salida y le cerraba unos huecos que ya se hacían difíciles de ocultar. Defendía además los intereses del presidente de la República, que eran en muchos casos, también los suyos propios, y defendía, en última instancia los intereses del Grupo Financiero al que servía. Por eso se ve actuando díscolo y apresurado. En cuatro días de negociaciones había producido cuatro comunicaciones al Banco Central urgiéndolos a tomar las medidas de aprobación en el menor tiempo posible. El mismo 27 de marzo había escrito a Lois Malkún una carta en la que detallaba los alcances de la negociación y la apreciación de la urgencia en aprobar las facilidades solicitadas, porque sólo así el Grupo Progreso entraría en Baninter. Sin embargo, Pedro Castillo ya había sido informado de la situación real del quebrado banco por sus ejecutivos que estaban inspeccionando, y él ni lo informaba a su Consejo de Directores, ni tomaba la decisión de retirarse de un embrollo más grande que tres de los principales bancos del país. Quería pescar en mar revuelto, creyendo que las ganancias serían de él, como pescador avezado. El tiro le saldría por la culata. Su equipo en Baninter seguía descubriendo sorpresas.





El presidente Mejía había salido temprano de su despacho. Tenía algunos temas pendientes que tratar con el ingeniero Hernani Salazar y le pidió que le acompañara en su jepeta hasta la casa. Los últimos acontecimientos económicos y financieros le estaban sacando de quicio y su proyecto político hacía aguas, en medio de la incertidumbre que provocaba el escándalo de Baninter. Con mucho esfuerzo había logrado narigonear toda la avalancha que le vino encima con el caso de la tarjeta de Pepe Goico, y cuando parecía que las cosas se habían resuelto, el tema Baninter crecía en espiral y por más que había tratado de minimizar los hechos y de buscar las medidas que hicieran menos daño político, los datos que se descubrían eran cada día más espeluznantes.

Hernani había sido un gran aliado para esta crisis. De hecho fue quien convenció a Ramoncito para que retirara los cargos contra Pepe Goico y que las cosas salieran más o menos bien. En esos días el coronel Pedro Julio Goico Guerrero había proclamado desde su celda en las Fuerzas Armadas que “Si yo hablo van a caer muchos ´pejes gordos´, yo no me voy a hundir solo...” con una amenaza latente. No podían permitir que Pepe hablara... había que detener este pandemónium. Hernani Salazar hizo el trabajo y “convenció” a Báez Figueroa de la pertinencia y los “saludable” que sería su retirada a tiempo. Para el ingeniero Director de la Oficina Supervisora de Obras del Estado no había sido difícil lograr que el banquero retirara las acusaciones. Fue un domingo a su villa de La Romana y ahí le explicó las circunstancias por las que estaba atravesando su banco y lo vital que resultaba la ayuda del Banco Central para que él siguiera respirando. Sin las líneas de redescuento, el banco se iba a la mierda y Ramoncito se iba para la cárcel. No había dudas. El banco tenía serios problemas y Báez Figueroa no estaba en condiciones de exhibir un orgullo que le había provocado muchas malas jugadas. El trance era palpable. Tenía muchos días rogando a todos que por favor le entregaran los recursos necesarios para hacer frente a la ola de retiros que le estaban provocando los rumores en contra de su banco y nadie le hacía caso. A él, que había sido tan espléndido, ahora el presidente y todos se le negaban... Ramoncito estaba desesperado. No quería creer todavía que la negativa a realizar los desembolsos fuera una política de chantaje orquestada desde el poder. Cuando recibió la visita de ese domingo, comprendió todo. No tenía escapatoria. Tenía que ceder. Le habían torcido el brazo y doblegado su orgullo.

Al otro día se retiró la querella:

Diciembre 26, 2002

Al Honorable Magistrado

Juez Presidente de la Segunda Sala de la Cámara Penal

De la Corte de Apelación de Santo Domingo

Su Despacho

Honorable Magistrado:

Como es del conocimiento de ese Honorable despacho, el Banco Intercontinental, S. A., dirigió una comunicación al señor Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, la cual forma parte del expediente a su cargo, con la finalidad de informarle de una serie de irregularidades detectadas por nuestros sistemas de supervisión y seguridad en el uso de las tarjetas de crédito indicadas en dicho informe.

Sobre ese particular y como es norma nuestra, independientemente de toda otra investigación que hubiese sido realizada por los organismos correspondientes, hemos concluido con nuestras inquisitorias y averiguaciones pertinentes, las cuales, conforme a los reportes internos recibidos de los investigadores especialmente encargados a esos fines, estos son concluyentes al afirmar que en el uso y manejo de dichas tarjetas, si bien es cierto que se realizaron cargos inusuales y por valores inusitados que motivaron y justificaron nuestra denuncia, los mismos no contienen o contemplan usos fraudulentos por parte de su titular y en todo caso, la reclamación por parte de nuestra institución de los cargos realizados se circunscribiría a las reclamaciones de los importes cargados y no pagados por su titular.

En ese sentido, pues, el Banco Intercontinental, S. A. desea por éste medio dejar constancia para todos los fines y consecuencias que el apoderamiento de esa Corte pueda implicar, que por las razones expuestas no tenemos ningún interés en que sea perseguido por la vía penal el titular de dichas tarjetas, posición que por demás justifica y soporta con sobrada razón la decisión de parte de nuestra institución, de no constituirse en parte civil en el proceso penal que le involucra.

Sin otro especial particular, de usted

Muy atentamente,

Ramón Báez Figueroa

Presidente

Cc: Procurador General de la Corte de Apelación.


El 27 de diciembre Ramoncito y Baninter recibieron RD$1,180 millones en líneas de redescuentos del Banco Central, que le habían sido negados en los días previos. El negocio funcionó. Aunque la carta era malísima, muy mal escrita, tal vez redactada por un ingeniero, porque quedaba claro que por ahí no pasó cerca ni siquiera un para legal. Pepe y compartes fueron descargados.




Cuando la jepeta Placa 01 tomaba la avenida Bolívar hacia el Oeste, sonó el timbre del celular de Hipólito. El asistente del presidente le pasó el móvil.

  • Es Lois Malkún, señor –le dijo.

  • Hola Lois, cuéntamelo –saludó Mejía.

  • Señor Presidente, en el caso de Baninter, no hay nada qué hacer. Ramoncito se ha echado para atrás en lo que habíamos negociado. No tenemos más salida. Estamos obligados a actuar ya o las cosas se saldrán de nuestras manos... –Malkún hablaba con una voz de ultratumba, acongojado.

  • ¿Qué pasó con él, no pudiste convencerlo? –preguntó apesadumbrado.

  • No, presidente, es imposible – confirmó Lois – el se resiste a nuestra propuesta.

  • Coño, qué maldita vaina... –el presidente quedó dubitativo

  • Corremos el riesgo grandísimo de una corrida, Presidente, estamos en la cuerda floja, no hay nada más que hacer... –Lois aprovechaba el silencio del mandatario para reafirmar sus preocupaciones.

  • Lois, dame dos horas... déjame asimilar esta vaina... yo te llamo en un par de horas. No hagas nada hasta que yo te llame –ordenó el presidente.

  • No hay problemas Presidente, yo le espero –aceptó el Gobernador del Banco Central.

  • Coño Hernani, en la maldita posición que me ha puesto este muchacho. Yo adoro a su padre y quiero a Ramoncito como a un hijo. Más que eso, le debemos muchísimos favores, pero ha salido muy terco y no quiere entrar en razón. ¿Qué hacemos? –preguntó por preguntar a Salazar.

  • Señor Presidente, la situación es muy difícil, pero él le ha dejado pocas alternativas. Hay que actuar ahora, para protegerlo a usted también de ese maremoto, pero luego buscaremos la forma de ayudarlo, si es posible –aconsejó Hernani.

  • Tengo que pensarlo con detenimiento. Tengo que consultar un par de gente para ver qué piensan –dijo el presidente al momento de llegar a su casa.



















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