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Todas las Posibilidades Freddy Aguasvivas

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              1. Cancelación deshonrosa de los tres efectivos militares implicados en el fraude: coronel Pedro Julio Goico Guerrero, capitán de corbeta Alberto Sebastián Torres Pezzotti y sargento Pedro Díaz, por faltas graves.

              2. Que fueran traducidos a la justicia ordinaria, porque los hechos delictivos que se habían cometido no se realizaron durante el cumplimiento del servicio.

Para el teniente general Soto Jiménez, no era fácil que el expediente se conociera en la justicia militar. Sabiendo las vinculaciones y las relaciones de los implicados con el Presidente, más tarde o más temprano éste intervendría. Era necesario que si a esas personas las iban a descargar y absolver de sus culpas, que lo hiciera la justicia civil, no la militar, porque en ésta, él quedaría manchado, atribuyéndosele influencias que nunca haría a favor de esos personeros.

La investigación seguida al coronel Pedro Julio Goico Guerrero, Alberto Sebastián Torres Pezzotti y Pedro Díaz estuvo muy cerca de llevarse de su puesto al Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, teniente general José Miguel A. Soto Jiménez.

Cuando el informe le estaba siendo presentado al presidente Hipólito Mejía, éste le quiso hacer algunas correcciones para que se suavizaran los términos. Hipólito quería que fueran sometidos a la justicia militar y se negaba a que fueran cancelados. De hecho, el único que tenía potestad para la separación de las filas militares era el mandatario. Como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, Hipólito tenía en sus manos el expediente. El contralmirante Lizardo Jorge se reunía todas las mañanas con el presidente para informarle de los avances de las investigaciones e incluso en algunos días, cuando aparecían nuevos elementos, el alto oficial naval se trasladaba de nuevo en horas de la tarde al ensanche La Julia del centro de la capital, para que el Jefe de Estado estuviera al tanto.

Por eso el general Soto Jiménez sostuvo siempre que, absolutamente todo lo que se hizo con Pepe Goico fue con la autorización y el conocimiento de Hipólito Mejía. “Tú no vas a pensar que nadie se atreve a meter preso a uno de los hombres de más confianza del Presidente, además el jefe de su Avanzada Militar, sin consultar y recabar su autorización...todas esas medidas hay que pedirle permiso al Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, que es el Presidente...” –explicó a los periodistas.

En su momento, el informe final de la Comisión Mixta de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional fue mutilado en tres ocasiones por el presidente Mejía, para ayudar siempre a los implicados. Eso molestaba mucho a Soto Jiménez que no podía permitir que el Jefe de Estado estuviera protegiendo a personas que no sólo habían violado las leyes del país, si no también y muy fundamentalmente que habían abusado de la confianza del Primer Mandatario para hacer sus fechorías, poniendo en riesgo su reputación y de paso echando lodo sobre el uniforme militar.

  • Señor Presidente, respetuosamente, me permito sugerirle que esos oficiales sean cancelados y traducidos a la justicia ordinaria, para limpiar su nombre. Si son juzgados en los tribunales militares, por los vínculos y las relaciones que tienen dentro del estamento militar, pueden ser absueltos sin muchos miramientos y todos los ojos del país se fijarán en el Comandante en Jefe –le pronosticó Soto Jiménez a Hipólito Mejía.

  • Eso no es así, ellos son militares, los guardias son los que tienen que juzgarlos –insistió Mejía.

  • Es que los actos delictivos no fueron cometidos en el ejercicio de sus funciones, ni en tareas propias de su condición de militares –replicó el Jefe de las Fuerzas Armadas.

  • Yo no los voy a cancelar a priori. Todo el mundo es inocente hasta que se pruebe lo contrario en un juicio.

  • Eso es precisamente lo que queremos, señor Presidente, que vayan a un juicio, pero real, efectivo, que se determine su culpabilidad o inocencia, pero siguiendo todos los procedimientos. En la justicia militar, insisto, con el poder que tienen Pepe Goico y Díaz Morfa, es muy difícil que no influyan en la decisión final –la discusión era fuerte entre el jefe de Estado y su ministro de defensa.

  • Bueno, está bien, que sean llevados a los tribunales ordinarios, pero no serán cancelados. Cuando termine el juicio veremos qué haremos –aceptó a regañadientes Mejía para enseguida soltarle a Soto Jiménez en la cara: –Tú no puedes ensañarte con Pepe porque tenga dos o tres bienes. Tú tienes una vaina grandísima ahí en Constanza y nadie te ha investigado ni te lo echan en cara –el presidente recriminaba a Soto Jiménez enrostrándole la propiedad de Rancho Guaraguao.

  • Si, pero eso ha sido hecho con el sudor de mi frente y está disponible para cualquier investigación, señor Presidente –el Secretario de las Fuerzas Armadas se puso rojito, por la ira. Era increíble el nivel al que había llegado el presidente Mejía para defender a Pepe Goico. Eso lo hacía pensar muy seriamente hasta dónde estaría el presidente en conocimiento de lo que hacía el militar de su confianza.

Soto Jiménez se retiró disciplinadamente de la reunión con Hipólito Mejía, buscando cualquier excusa para alejarse. Se dirigió raudo a su oficina y con su puño y letra, en un papel sin membrete le escribió una carta airada en términos muy poco usuales entre un Ministro de Defensa y su Comandante en Jefe, el Presidente de la República.

Señor Presidente:

Yo nunca le solicité ni a usted ni a ninguno de sus colaboradores que me nombrara Jefe de las Fuerzas Armadas. En estos dos años NUNCA le he pedido que me deje en el cargo ni le he rogado para que no me quite. Usted fue quien me nombró y tiene en sus manos disponer de mi cargo, pero si yo no cuento con la confianza de usted o tiene algunas dudas sobre mi conducta y mi moral, pongo en este momento mi cargo a su disposición para que en su condición de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional y como presidente de la República, tenga a bien hacer lo que más convenga a su gobierno...

Más o menos fueron los términos utilizados por Soto Jiménez para renunciarle a Hipólito Mejía en el mes de octubre de 2002. El Ministro de Defensa tomó el original del manuscrito, sin copia, y lo entregó a su hijo que trabajaba en el Cuerpo de Ayudantes Militares, al lado del Presidente. Su vástago entregó la renuncia a Mejía el mismo día. Hipólito no le puso atención y no habló más del asunto. Soto Jiménez duraría en el cargo los cuatro años de su gobierno, siendo el único Secretario de las Fuerzas Armadas en permanecer tanto tiempo en el cargo. Pero no sería el único ministro que estaba por perderse.

El caso también tuvo tantas repercusiones en la justicia ordinaria que se llevó de paso al Procurador General de la República, doctor Virgilio Bello Rosa, uno de los hombres más honestos, probos y capacitados con los que contaba el Partido Revolucionario Dominicano y el país. Cuando el expediente fue sometido a la Fiscalía del Distrito Nacional, el incumbente, doctor Máximo Aristy Caraballo (Maximín) fue instruido por el Procurador Bello Rosa, que había estudiado profundamente el expediente, para que lo calificara como Criminal, por la tipificación de los hechos imputados. No obstante esto, el Fiscal del Distrito, por instrucciones superiores, calificó el expediente de Correccional, aún con la asociación de malhechores incluida, la estafa, abuso de confianza, falsificación de documentos y otros hechos criminales que estaban demostrados en la querella. Formalmente el superior inmediato del Fiscal del Distrito Nacional es el Procurador de la Corte de Apelación y luego el Procurador General, pero en la práctica sólo despachan con el Presidente de la República. El hecho de que Maximín dijera que lo calificó como correccional “por órdenes superiores” dejaba claro que se refería a las instrucciones recibidas de parte de Hipólito Mejía.

La dignidad y el prestigio de Virgilio Bello Rosa estaban muy por encima de los cargos públicos y no lo pensó dos veces para presentarle su renuncia al presidente Mejía, quien la aceptó. En muy pocos días, por el caso de Pepe Goico, Hipólito había tenido en sus manos la renuncia de dos de los principales ministros del país: el de Defensa, Soto Jiménez y el de Justicia, Bello Rosa. Para los que miraban la política desde afuera, no concebían cómo era posible que el mandatario apostara tan fuerte a favor del militar procesado, cuando se suponía que él era el principal afectado en su imagen pública con los hechos cometidos. Un par de meses después perdería también al Ministro de Relaciones Exteriores, otro de los hombres más honestos y capacitados con que contaba el gobierno hasta ese momento, don Hugo Tolentino Dipp.

Los intentos de Máximo Aristy Caraballo e Hipólito Mejía de convertir un expediente criminal en correccional, fracasaron estrepitosamente porque la jueza de instrucción, Nancy Joaquín, indignada, le aplicó la calificación correcta, criminalizando el expediente y enviándolos a todos a juicio de fondo.





























Capítulo V

Algo huele mal y no es en Dinamarca

Escoger la noticia real de entre esta madeja de detalles, resultaba agobiante para un comunicador que se precie de objetivo. Hasta los oídos de Ernesto Gómez habían llegado tantas confidencias que se sentía abrumado al momento de diseñar una estrategia de investigación que le permitiera adentrarse en las profundidades del “monstruo” sin ligerezas ni acciones imprudentes. Desde su visión de comunicador social comprometido con una línea ética puntual, tenía muy claro que el sistema financiero de un país es muy frágil – sobre todo el sector bancario – y no podía levantar una polvareda que pusiera en peligro la estabilidad de un banco del sistema, si no tenía los elementos de prueba que le permitieran asumir su responsabilidad, denunciando la trama. Incluso, hasta cuando se pudieran descubrir eventualmente algunas irregularidades, era necesario abordar estos temas con prudencia y ecuanimidad, para evitar que un mal manejo de la información provocara reacciones destempladas o mucho peor aún, que grupos con intereses particulares se aprovecharan de su investigación para fines espurios.

En un escenario u otro, el periodista Ernesto Gómez tenía un olfato fino y su sexto sentido le decía que había piezas que no encajaban en el rompecabezas de Baninter, un banco que había tenido un ascenso meteórico para venir desde la entidad más pequeña del sistema, en 1986, para convertirse, en vuelta de diez años –cuando adquirió a Bancomercio en 1996– en el segundo banco más poderoso de la República Dominicana y en el más agresivo e incidente de la nación.

El periodista había escuchado muchos comentarios tras bastidores de los acontecimientos que estaban sucediendo en Baninter, que desde fuera parecían historias de película. Lanzarse a la caza sin elementos de juicio sólidos, no era su estilo. Sin embargo, algo olía mal y no era en Dinamarca. Los chismes que se decían sobre el banco, tenían mucho parecido con la agresividad que mostraban sus ejecutivos al participar en todos los eventos de la sociedad dominicana, no importa si eran de índole político, social, artístico, deportivo, militar, eclesiástico o judicial. En fin, no había un segmento que no fuera tocado, de una manera u otra por la omnipresencia y omnisciencia de Baninter, el banco que te ofrecía “todas las posibilidades”, en su slogan publicitario

Tanta fatuidad llamaba la atención a más de uno, y los íntimos colocaban en vox populi las historias más inverosímiles. “Si la mitad de lo que se dice de Ramoncito es verdad, estamos ante un caso digno de investigación, porque no es posible llegar tan lejos en tan poco tiempo, sin estar afectando la estabilidad de un banco que en definitiva no es de él, si no de sus ahorristas” pensó Ernesto Gómez.

Los hechos que tenía ante sí demostraban, por lo menos, un comportamiento imprudente en el manejo de la situación financiera del banco. Las compras que se estaban haciendo causaban gran preocupación en una parte de la población y los que tenían sus recursos guardados en ese banco empezaban a tomar algunas precauciones. Sin embargo, el detonante se produce con un escándalo que fue denunciado por el mismo presidente de la entidad bancaria, Ramón Báez Figueroa.

Ernesto Gómez releyó la carta enviada por Ramón Báez Figueroa al mayor general José Miguel Soto Jiménez, jefe de las Fuerzas Armadas. En realidad había visto la carta en un sinnúmero de ocasiones y había buscado explicaciones del por qué de este hecho. Las hipótesis eran muchas, todas muy cuestionables:

1. ¿Cómo era posible que un presidente de la República acepte una tarjeta de crédito sin límites de un banco comercial, para cubrir gastos que corresponden al Estado? ¿No prohíben las leyes que los funcionarios aceptan regalos y donativos en el ejercicio de sus cargos? ¿Dónde estaba la institucionalidad del país?

2. Si se había cometido la increíble indelicadeza de aceptar la tarjeta de crédito ¿su uso pulcro, estrictamente en gastos oficiales, hubiese disminuido las consecuencias del delito?

3. Si la aceptaba sólo para gastos personales, vinculados con sus funciones oficiales, pero que no estuvieran cubiertos por el gobierno, sin involucrar al Estado, tal vez los alcances éticos del escándalo serian atenuados.

4. Todos los datos denunciados por Ramoncito demuestran que los hechos llegaron a un nivel alarmante para el banco, su presidente y para el mismo Jefe de Estado, quien autorizó el trámite del expediente hacia las FFAA.

5. Ramón Báez Figueroa era un íntimo amigo del presidente Hipólito Mejía y se entendía que lo más sensato era plantearle en privado la información del fraude que se estaba ejecutando con la tarjeta de crédito, que había sido concedida por el banco al Primer Mandatario, para su uso personal y sus gastos de viaje.

6. Era muy posible que una conversación amena con el presidente Mejía zanjara la situación, e incluso, gastos tan exorbitantes como la compra del avión, el helicóptero, el yate y las viviendas – que fueron los detonantes – podrían revertirse con la entrega de esos bienes al banco, para su posterior venta.

7. ¿Sería que Ramoncito había acudido al presidente en varias ocasiones y no había obtenido resultados positivos y el derroche seguía? El hecho de que acudiera a una investigación en las Fuerzas Armadas, institución a la que pertenecía el coronel Pedro Julio Goico Guerrero, en su condición de jefe de la Avanzada Militar del presidente y el mayor de la Marina de Guerra Alberto Sebastián Torres Pezzotti, colocaba de inmediato el tema en la palestra pública. Por el bien del banco, tendría que proceder ante los tribunales de la República. No parecía lógico que Ramoncito sometiera al jefe de Seguridad del Presidente, sin haberlo informado antes al primer mandatario o haber recabado su parecer. Por eso Ramoncito empezaba su carta con la frase: “con el previo consentimiento de su Excelencia, el Presidente de la República, Ingeniero Agrónomo Hipólito Mejía Domínguez...”

8. Para los que conocen el procedimiento de las tarjetas de crédito, saben que alguien tenía que autorizar los consumos cuyos pagos ahora se reclaman. Paralizar las autorizaciones de una tarjeta de crédito se hace con un simple comando electrónico, el cual se ejecuta sin mayores inconvenientes y de forma inmediata. Sin embargo, dejar sin fondos al Presidente de la República podría exponer al banco a una difícil situación frente al mandatario. Antes de cada “gasto” se supone que se requiere una validación del mismo por parte de algunos oficiales de la entidad bancaria, o por lo menos, dejar en el ordenador las instrucciones del carácter ilimitado de la tarjeta de crédito, por lo que cualquier pago, por el monto que sea, era autorizado de manera automática. Sin embargo ¿quién supervisaba esos gastos?

9. Al someter a la investigación militar a los encargados internos del funcionamiento de las tarjetas de crédito, indica que el banco tenía sospechas de que había un contubernio desde adentro, para autorizar esas operaciones, sin conocimiento de las altas autoridades del banco. Eso explicaría la reacción de Ramoncito.

10. ¿De dónde se pagaba esta tarjeta? ¿Tenía el banco un capítulo tan amplio de relaciones públicas y promoción? ¿Cómo se explica que los viajes del presidente los cubra un banco privado? ¿Con qué se le pagaría a ese banco tanta bondad? ¿Se cobraban esos viajes también del erario público? Habría que investigar

11. ¿Por qué Báez Figueroa habla en su carta de cuatro meses (“desde el mes de mayo”) cuando la tarjeta “oficial” tenía dos años y desde que se emitió la del candidato, habían pasado por lo menos dos años y medio?

Gómez barajaba todas las alternativas y se adentraba en el caso auscultando los detalles aparentemente nimios. Se ha denunciado un fraude de más de cuarenta millones de pesos, pero no se habían contemplado en la querella los vouchers del avión, el helicóptero, las viviendas, entre otros. En realidad, al final se hablaba de más de cuatrocientos millones de pesos en la tarjeta de crédito del presidente de la República, en sólo dos años de gobierno. Algo escandaloso.

Ernesto puso a un lado el expediente, se levantó del asiento y tomó el celular que reposaba encima de su agenda de trabajo. Llamó a la periodista Judith Lora.

  • Hola Judith, ¿cómo van las cosas por ahí?

  • Bien Ernesto, mucho trabajo... ¿y tú qué haces?

  • Estoy muy aturdido por todos los datos que afloran de la Pepe-Card.

  • ¿Eso te sorprende...? acostúmbrate, son muchas más las cosas que tendrás que ver. Te tengo algunas primicias.

  • Ya las veremos. Pero en este caso, hay cosas que no me cuadran bien.

  • ¿Cómo cuales?

  • Coño ¿Por qué acudió Ramoncito a las Fuerzas Armadas, aún con la relación que mantiene con Hipólito Mejía? ¿Por qué no le pidió al Presidente que parara ese derroche?

  • ¿Y si lo hizo y no recibió la respuesta adecuada?

  • Vamos por parte – se paró Ernesto Gómez –. Esto tiene varias aristas. Primero, es verdad que se ha denunciado un fraude, parece monstruoso y descarado. El presidente de Baninter acusa a Pepe Goico y sus secuaces, pero también hay que profundizar en lo conceptuar: ¿Cómo se le ocurre a un presidente de la República aceptar una tarjeta de crédito de un banco cualquiera o más que eso, regalos de esa magnitud de cualquier sector, sin comprometer la integridad del Estado y de sus funciones? Eso es más grave que el fraude en sí –se quejó Ernesto.

  • En este país de lo que menos se ha hablado es de la parte ética de este problema y conociendo a Hipólito, verás como le saca el cuerpo al tema y es como si nada hubiese pasado. Hay un adormecimiento moral, la gran mayoría no le cuestionará esa actitud.

  • En Estados Unidos o cualquier país con un mínimo de desarrollo institucional, no es posible que acontezcan hechos tan deprimentes cómo éste. Eso es corrupción al más alto nivel. ¿Ningún tribunal está preparado para iniciar acciones contra los beneficiarios de este fraude e inclusive contra el mismo Mandatario? –Gómez parecía desolado, frustrado.

  • Despierta Ernesto. Estás en República Dominicana, como Jesús, es posible que Hipólito pida que el que se encuentre sin pecados, que le tire la primera piedra.

  • El Estado dominicano produce lo suficiente como para cubrir los gastos de viaje y de otra índole de sus altos funcionarios. Más aún, el derroche, el dispendio y los gastos superfluos son el común denominador de los funcionarios locales. ¿Por qué manchar más su nombre aceptando este tipo de prebendas denigrantes?

  • Es que habría que legislar muy fuerte sobre el financiamiento a los partidos políticos en sus campañas, que es el origen de todos estos males. La cantidad de dinero que reciben los políticos de los empresarios, los inhabilita, antes de llegar, para poder gobernar de cara a los intereses de la Nación. De hecho, nuestros empresarios son tan voraces que las cosas que le exigen al Estado, casi siempre se contraponen con los intereses de las grandes mayorías. Pero ya han comprado previamente esos favores en los procesos electorales. Entonces no hay calidad moral ni fuerza de voluntad para impedir que así sea. ¿Cómo le niegas un privilegio al banquero que te dio veinticinco o treinta millones para tu campaña política? Ni te lo imagines, porque además, siempre tienes presente que lo vas a necesitar para tus planes continuistas –Judith disertaba con mucha convicción sobre lo que planteaba.

  • Yo entiendo que esto no se parará aquí. Hay muchas cosas para investigar, pero sobre todo, esto no es más que la punta del iceberg, pienso que detrás de esta denuncia hay elementos que no se ven que serán mucho más incidentes que los que ahora nos están presentando, como caramelos para entretenernos – dijo Gómez –. Yo creo que Ramoncito, que es tan magnánimo con el Estado, ha hecho esta denuncia movido por fuerzas y hechos superiores a las que se perciben en el documento de la querella.

  • Bueno, debemos vernos para contarte de algunas informaciones importantes que tengo, pero que no te las puedo decir por esta vía. Estos teléfonos tienen más audiencia que muchas emisoras de radio.

  • De acuerdo, colega, cuídate mucho –Ernesto colgó el aparato oteando hacia el futuro. Su mirada había salido del apartamento por la ventana de su cuarto piso, detrás de un fascinante crepúsculo; sin embargo, su cerebro andaba muy distraído de la belleza que entretenía a sus ojos. Pensaba en lo profundo que había caído la degeneración moral de los políticos dominicanos. Mientras se concentraba en el ocaso, su mente navegaba en las profundidades del ludibrio.

El periodista manipuló su laptop. Golpeó dos veces suavemente sobre el archivo intitulado Informe de Barcelona y se dispuso a esperar con paciencia los segundos que tardaría en estar listo para su lectura. Mientras esto ocurría, una sonrisa se le dibujaba en los labios, recordando con morbo las incidencias narradas en el correo electrónico que había recibido de su amigo Carlos. Por fin, pudo repasar la historia surrealista:

Hola Ernesto. Como me has pedido, te narro por escrito lo que te había contado al teléfono.

Luego de terminado el encuentro de los empresarios españoles con el presidente Hipólito Mejía, mi amigo JM me invitó a cenar con él, junto a algunos integrantes de la seguridad del señor Presidente. Entre estos se destacaba el coronel Pepe Goico, quien se hizo acompañar de una docena de militares de la escolta. Ya el presidente había quedado en el Hotel y nos dirigimos a uno de los más caros y exclusivos restaurantes de España, con sede en Madrid.

Debo confesarte que me preocupó mucho la cantidad de comensales, sobre todo cuando el coronel Pepe Goico empezó a pedir champagne Don Perignon y una gran variedad de entremeses, ensaladas y buena porción de langostas como plato fuerte para todos los comensales. Como conozco el restaurante, sabía que la cuenta iba subiendo más rápido que la espuma del champaña desperdiciada. Los costos eran impresionantes y en mi condición de empresario interesado en invertir en República Dominicana, comencé a sospechar que me podrían estar cargando esa cuenta, a la que notablemente, yo no podía hacer frente... cuando las cosas iban de claro a oscuro, pasaban de la una de la mañana y el festín no terminaba, llamé la atención de mi amigo JM y le he dicho “oye J, que yo no tengo con qué pagar esta cuenta....” “No te preocupes hombre, que eso lo resuelve Pepe...” entonces me quedé más tranquilo...

Para mi sorpresa, debo decirte que cerca de la una y media de la madrugada, con una buena cantidad de botellas de champaña consumidas y una opípara cena, don Pepe Goico anunció un regalo para todos... Una docena de bellísimas mujeres, fueron puestas a disposición del grupo, para su deleite durante toda la noche. Las damas de compañía, por el porte y los atuendos, se notaban a leguas que eran prostitutas de las más caras de Madrid. No puedo imaginar la cantidad de plata que se habría gastado para contratarlas por toda la noche... Al fin, cuando se pidió la cuenta, no pude precisar el monto de la misma, pero por el volumen de la factura, no tengo dudas que ahí se gastaron decenas de miles de euros... y cuidado... Te confieso que paré la respiración... todavía tenía mis dudas si no pensarían que en mi condición de empresario inversionista en la República Dominicana “debía dar una muestra de buena voluntad” Pero no. El coronel Pepe Goico sacó una tarjeta, con mucho orgullo y pagó la cuenta él solo. Ahora que escucho el lío de la tarjeta del presidente y el escándalo llamado Pepe-Card, te explicaba por teléfono lo que había presenciado personalmente y como me has pedido que te lo escriba, te doy los detalles, más resumidos, porque escribir no es mi fuerte. Ojalá que esto te sirva para algo, pero puedes contar esto como si tú mismo lo hubieras vivido, porque yo estuve presente en todo momento y así fue como pasó todo. Todo esto ocurrió el 16 de mayo del año 2002.

  • Ernesto levantó los ojos hacia el techo de su apartamento. “decenas de miles de euros....” en realidad Carlos le había dicho por teléfono que fueron más de treinta mil euros... En dólares estaríamos hablando de cincuenta mil. Es más de un millón y medio de pesos dominicanos. Gómez empezó a valorar cuántas necesidades se podrían suplir en República Dominicana utilizando ese dinero en especial para las familias pobres, cuántos hogares “Doña Chucha” se podrían abastecer de alimentos y cuántos centros de atención a los adictos habían cerrado sus puertas por falta de recursos oficiales. Eso es sólo una noche de francachela, pensó.

Cerró el mail, muy despacio, como si su mente estuviera haciendo otra cosa, fue cerrando todos los archivos que tenía abiertos, hasta apagar por completo su laptop. Se levantó, un poco entumecido por el tiempo que llevaba estudiando todos los detalles del caso y fue a ducharse. Necesitaba aclarar un poco la mente. Debía iniciar una investigación a fondo, no sólo sobre la Pepe-Card; ahora se le había despertado un gusanito que lo conminaba a ir más allá, mucho más adentro. Tal vez demasiado lejos, como para sus posibilidades. Para eso tendría que preparar un esquema de investigación, pero ahora no estaba en condiciones de hacerlo con nitidez. Su mente estaba ofuscada y necesitaba relajarse un poco, antes de diseñar una agenda de trabajo en torno al tema. Lo haría muy temprano en la mañana. Luego cayó abatido por el dios Morfeo.





El amigo periodista siempre había sido mencionado en los corrillos políticos como un agente de la CIA, pero nadie había presentado nunca pruebas concretas y tal parece que a él no le molestaba la alusión. Lo tomaba a chanza. Lo cierto era que sus relaciones con la Embajada Norteamericana en el país eran tan estrechas que para el caso de obtener informaciones fidedignas y confiables causaba el mismo efecto que fuera o no agente. La parte política y de inteligencia de la legación le tenían extrema confianza. Era un hombre del Establishment, decididamente pro yanqui. A él acudieron los investigadores en busca de datos trascendentes.

  • Lo que les puedo confiar es que en los Estados Unidos están muy preocupados por el tipo de consumo que se está haciendo con la tarjeta del Presidente y con el uso que se está dando a un avión Jetstream comprado con esa tarjeta. Los organismos de inteligencia norteamericanos han detectado unos viajes a Miami y el inusual movimiento de efectivo que resulta muy preocupante para ellos –el experimentado comunicador les prometió ayudarlos con algunos datos y documentos.

Una semana después Ernesto y Judith recibieron una interesante llamada telefónica del amigo cuasi agente de la CIA.

  • Vengan por mi oficina que les tengo un bizcochito... – les dijo muy lacónico.

Efectivamente les entregó tres grandes carpetas con cientos de páginas fotocopiadas conteniendo todos los vouchers y estados de cuenta de las diez tarjetas de crédito que había usado Pepe Goico, en nombre del Presidente Mejía, en los últimos dieciocho meses. Un legajo de extrema importancia para los fines de las pesquisas que llevaban a cabo Ernesto Gómez y Judith Lora.

  • Esos datos lo tuvieron que sacar los norteamericanos, porque nadie los tiene en el país. Ahora sólo ustedes. Ellos están desarrollando una profunda investigación sobre esos hechos –informó el amigo.

  • No sabes cuánto te agradecemos. Este material es muy valioso para hablar con pruebas en las manos sobre todo lo que ha pasado.

  • Ah, y les tengo una buena primicia, que tampoco es del dominio público: en los próximos días le van a quitar la visa a Pepe Goico. Ya está decidido y se anunciará muy pronto –afirmó el periodista con una sonrisa maliciosa en sus labios a manera de despedida.









Capítulo VI

Tras los pasos del abuso















Judith y Ernesto priorizaron la revisión de todo el material recibido. Se convirtió en la principal tarea de ese día. Era esencial determinar cuánto era verdad de todo lo que se había dicho sobre la famosa Pepe Card. Permanecieron el viernes hasta altas horas de la madrugada, cada uno con un dossier en las manos, cotejando datos y marcando en rojo los temas más trascendentes. Los descubrimientos eran aterradores. Les resultaba increíble saber cómo la ambición obnubila la mente humana y coloca al individuo al borde de una paranoia que le ciega completamente, borrando las fronteras de la prudencia, la ecuanimidad, la ética, la moral, la lealtad; en fin, los preceptos esenciales de la convivencia en sociedad. Si usted ha sido depositario de la confianza de gente que le aprecia y ha de cometer alguna fechoría, lacerando esa confianza, ¿No hay parámetros que le señalen un límite? ¿No hay un freno moral, de remordimiento, de consideración, de respeto? Parece que no. Que la avaricia y el amor por el dinero fácil tienen una fuerza demoledora que hacen perder el control y los escrúpulos. Este parecía ser uno de esos casos.

Judith y Ernesto se habían propuesto como meta, utilizar el fin de semana para recrear los hechos acaecidos, como si fueran a elaborar un guion de película sobre estos acontecimientos.

  • Vamos a organizar el trabajo por etapas. 1. Debemos probar que Torres Pezzotti tenía un clon de la tarjeta del presidente, a través de una adicional que había sacado a nombre de la esposa de Pepe Goico, doña Antonieta Rodríguez de Goico y la cual era utilizada indistintamente por él y por su esposa Mireille Fernández de Torres.

  • Bueno, has mezclado demasiadas premisas juntas. Yo pienso que debemos ir por parte. a) Demostrar que Torres Pezzotti tenía un clon a su nombre, b) Que además, tenía otro clon a nombre de la esposa de Pepe Goico, que utilizaba su esposa, c) ¿Podríamos probar que además la esposa de Marcos Báez usaba un clon de la tarjeta del presidente? d) Debemos tratar de encontrar evidencias de quién era la señora que aparece en los vídeos del Cajero Automático No. 3 del Aeropuerto de Miami ¿era la esposa de Alberto Torres o sería la de Pepe Goico? e) ¿Tenía Pepe Goico conocimiento de que ese clon existía, lo había autorizado, como señala Torres Pezzotti o sencillamente también él estaba siendo engañado? f) ¿Se repartían los beneficios de esas fechorías o sólo uno de ellos resultaba ganancioso? Pienso que por ahí es que debemos encausar la investigación.

  • Diablos, se nota que eres mejor investigador que yo. Me parece buena idea. Con todos estos datos marcados en rojo, podemos ir segregando qué demuestra cada cosa. Como ya hemos ido señalando los hechos que han llamado poderosamente la atención en un sentido u otro, ahora lo que tenemos que hacer es acotejarlos al lado de cada tema.

  • Pienso que las dos primeras premisas están probadas por varias fuentes, que es la ética que rige esta investigación: tenemos que recibir la confirmación de los hechos por diferentes vías, para darle visos de verdad. Torres Pezzotti ha reconocido en varios interrogatorios que tenía un clon del plástico de Pepe Goico y además ha sido probado que falsificó documentos para emitir una tarjeta a nombre de doña Antonieta de Goico. Lo que no logramos determinar todavía es si ese clon de la tarjeta de Pepe aparecía a nombre de Alberto Torres, como ha señalado su secretaria, o si era el mismo nombre de Pepe en un plástico utilizado por él. Si era a nombre del oficial de la Marina, no era un clon, era una tarjeta adicional, aunque posiblemente obtenida de manera fraudulenta.

  • Aquí tengo el interrogatorio que le fue practicado, cuando la Junta Militar le preguntó si había algún plástico de las tarjetas de Pepe Goico que estuviera a su nombre. Él dice:

      • Si, pero aproximadamente desde mediados del año pasado hasta principio de este año hubo una tarjeta adicional a mi nombre, creo que la Visa Gold o la Mastercard Gold. La cual me fue solicitada por el señor Pedro Julio Goico para si él estaba fuera del país o en un punto lejano de mí, que yo pudiera resolverle cualquier cosa. Dicha tarjeta se me sugirió por instrucciones del señor Marcos Báez que la cancelara o la devolviera, porque la misma me podría traer problemas y no se veía ético que yo tuviera una tarjeta adicional del señor Pedro Julio Goico cuando el banco era que estaba asumiendo los pagos de la misma. A pesar que después de esto se lo comuniqué al señor Pedro Julio Goico y él se molestó porque decía que eso no era problemas y que él resolvía eso.

  • Este interrogatorio tiene varios datos importantes. Aquí él deja claro que fue autorizado por Pepe Goico a la emisión de la tarjeta, y fíjate que en el período que él señala (desde mediados del año pasado hasta los primeros meses de ese 2002) fue cuando se produjo la debacle con los retiros en efectivo y los gastos exorbitantes de la tarjeta del presidente. Segundo, señala que Marcos Báez Cocco tenía conocimiento del uso de esa adicional y “le sugirió por problemas éticos...” que la entregara. ¿Cómo se explica que el segundo hombre de importancia de un banco descubre algo así y no haya hecho un escándalo o por lo menos, suspendiera a Torres Pezzotti? Esto pudo suceder así por dos razones posibles: él era cómplice del Gerente de Suministro y también estaba disfrutando de esa facilidad, o ciertamente estaba enterado de que la misma funcionaba con autorización de Pepe Goico. De lo contrario hubiese procedido a la cancelación del individuo o por lo menos a retirarlo de esas responsabilidades.

  • Aquí podemos ratificar lo que dice Torres Pezzotti. Su secretaria, la señora Awilda Pérez Cueva, da declaraciones lejos de toda sospecha. Por dos razones: Pepe y su asistente, el teniente Newton Abreu quisieron intimidarla, según lo que ella declara en el expediente, y se negó a recibir presión. Cuando el señor Luis Matos, asistente de Ramoncito, le ofreció seguridad para evitar que la chantajearan, la rechazó. Esto nos deja claras tres evidencias: primero, como secretaria de Torres Pezzotti debería estar de su lado o por lo menos no estar en su contra. Sus declaraciones no pueden verse contaminadas porque no tiene rechazo hacia él. Segundo, el hecho de que el teniente Newton Abreu, asistente de Pepe en el Cuerpo de Ayudantes Militares le visitara en su oficina y le hiciera insinuaciones e incluso, que llamara a Pepe Goico y lo pusiera a hablar con ella, es un indicio de que ambos sabían las informaciones que dominaba la dama y tenían miedo de lo que pudiera informar a las autoridades. Tercero, el hecho de que ella se negara a aceptar un servicio de seguridad en su entorno quiere decir que es una señora valiente y que decía las cosas sin ningún tipo de temores. Se puede atribuir un alto grado de veracidad a lo que dice esta señora. Tenía cuatro años y medio trabajado al lado de Torres Pezzotti y percibió el crecimiento económico extraordinario de su jefe y ¿Sabes a qué lo atribuyó?

  • Dime.

  • Noté que con el cambio de gobierno el señor Alberto Torres tuvo un giro enorme en el sentido económico” “Díganos a qué le atribuye usted ese cambio económico”, le preguntó la Junta Militar. “No sé decir el motivo de ese cambio, como él era amigo de Pepe Goico, lo ligué con eso...” Luego la junta se concentró en investigar sobre el clon que tenía Alberto Torres Pezzotti. “¿Díganos si sabe usted de alguna tarjeta adicional a nombre del señor Alberto Torres en la cuenta del señor Pedro Julio Goico?” Ella contestó: “De los plásticos que tenía el señor Pedro Julio Goico, Alberto tenía una adicional y él mismo la mandó a cancelar...” “¿Díganos cuáles cuentas de tarjetas de crédito conoce usted a nombre del señor Pedro Julio Goico y detállenos las tarjetas adicionales que tengan?”Había una cuenta con 3 tarjetas Gold a nombre de Pedro J. Goico, Pedro Julio Goico y Antonieta Goico. Otra cuenta tenía Pedro J. Goico, Alberto Torres y Pedro Julio Goico y otra cuenta que tenía el nombre de Pedro J. Goico, la cual era utilizada por el teniente Abreu...”

  • Hay un hecho que es muy importante destacar: quién así habla es la secretaria de cuatro años y medio del departamento que pagaba esas tarjetas. Como señala más adelante, ella era la responsable de hacer los pagos, pero luego, en los últimos meses (cuando arreciaron los gastos de manera desproporcionada) Torres Pezzotti “pagaba” directamente y sólo le entregaba la documentación saldada por el cajero a ella. (Aunque en realidad se “pagaba” en caja, pero con una orden de débito a una cuenta fantasma, que al final era borrada) Pero ella siempre recibía los vouchers y los recibos de pago, o sea que tenía pleno conocimiento de lo que se movía con las tarjetas. A la pregunta que le hizo la junta investigadora de quién recibía las tarjetas y los plásticos cuando eran emitidas, ella respondió, “Yo las recibía y se las entregaba al señor Alberto Torres”. Esto parece absolutamente cierto, porque en el estado de cuenta de las tarjetas se lee claramente en un recuadro a la izquierda: “Pedro Julio Goico. Entregar a Alberto Torres, 4to. Piso, Av. 27 de Febrero esq. W. Churchill (O.P.)”. Como ella era su secretaria, recibía toda la correspondencia que llegaba al departamento.

  • Oye, pero esto es interesante. Aquí queda comprobado que Alberto Torres tenía una tarjeta adicional a su nombre y en segundo lugar, que Antonieta Rodríguez de Goico también tenía un plástico a su nombre. ¿Lo sabía Antonieta? ¿Lo sabía Pepe? El coronel Goico Guerrero lo niega hasta la saciedad. Dice que no, que nunca sacó un plástico a nombre de su esposa. Pero es casi imposible que Alberto se arriesgara a sacar una tarjeta a su nombre sabiendo que cometía un fraude. Si el móvil era sólo robar, sencillamente clonaba la tarjeta y corría menos riesgos. Al sacar una tarjeta a su nombre, podemos deducir que Pepe Goico tenía conocimiento de que ésta existía. Sigamos viendo los hechos.

  • ¿Cómo se produjo la supuesta intimidación que tú decías ahorita con la señora? –preguntó Ernesto inquieto.

  • Oye como ella lo narra en el interrogatorio: le preguntan los investigadores “¿Díganos si ha tenido usted algún tipo de contacto con el teniente Abreu después de iniciado este caso?”. Ella responde: “El teniente Abreu se reunió conmigo y me dijo que a Alberto Torres se le había pasado la mano y que el comandante Pedro Julio Goico se lo dijo. Él llamó al señor Pedro Julio Goico y me lo pasó y éste me dijo que quería verme el miércoles y yo le dije que no. El teniente Abreu me dijo que yo era una ficha importante para ellos. Llamé al señor Luis Matos (Asistente de Ramón Báez Figueroa) y le dije que estaba asustada y me dijo que si quería seguridad para él hablar con el señor Ramón Báez Figueroa y le dije que no”.

  • Como ves, aquí podríamos tener dos confirmaciones en una. Primero, de acuerdo al teniente Abreu, mano derecha de Pepe, el coronel le había dicho a Torres Pezzotti que se le estaba pasando la mano. Por vías de consecuencias, Pepe sabía que él estaba usando la tarjeta. Segundo, el hecho de que Pepe personalmente quisiera hablar con ella, evidencia que tenían cosas que coordinar para los fines de la investigación. “Usted es una ficha importante para nosotros...”, habría dicho el teniente. Si ellos no tenían nada que ver con los hechos que se estaban investigando, ¿por qué la señora Awilda era una ficha importante?

  • Bueno, pero Pepe ha negado reiteradamente que tuviera conocimiento de las acciones delictivas de Torres Pezzotti. Lo que acontece es que las evidencias que se presentan aquí son demoledoras contra esa alegada inocencia. Es importante ir cotejando los hechos para que veas una serie de elementos que nos ayudan a formarnos un juicio. Sólo me voy a circunscribir a señalar palabras textuales de los imputados, en los interrogatorios que le fueron practicados, donde ellos mismos reconocen que fueron hechos “sin ningún tipo de constreñimiento ni presión....” Veamos:

  • 1. Pepe Goico reconoce que es amigo de Torres Pezzotti desde hacía mucho tiempo, porque “yo trabajé como asistente de Pedro Delgado Malagón, cuando fue Secretario de Obras Públicas, del cual su esposa, la señora Quiti Pezzotti de Delgado, hermana de la madre del señor Torres Pezzotti, desde esa época lo conozco, pero mi trato con él data del período en que fue asignado por el banco para conciliar las cuentas de la tarjeta.

  • 2. El asistente de Pepe en el Cuerpo de Ayudantes Militares y su mano derecha, era el teniente Newton Abreu, (recuerda que a él era a la única persona a la que Pepe entregaba la tarjeta para hacer retiros de efectivos y compras a su nombre) Pues este señor, le dijo a la señora Awilda que “el comandante le dijo que se le había pasado la mano....” refiriéndose a Torres Pezzotti. Con esta expresión en alguna medida dejaba dicho que Pepe estaba en conocimiento y aprobaba las acciones de Torres Pezzotti, pero no de una manera tan descarada... “Se le fue la mano”, es como que se metió demasiado hondo y podían descubrirlos.

  • 3. Al querer condicionar a la señora Awilda, “Usted es una ficha muy importante para nosotros...”, demostraba que ese para nosotros quería decir dos cosas, primero que el teniente también se sentía parte de todo el entramado y segundo, que Alberto, Newton y Pepe Goico, todos tenían conocimiento de lo que se estaba haciendo. Todos ellos eran “nosotros”. El teniente no dijo: “usted es una persona muy importante para Alberto...”, ni dijo: “usted es una persona muy importante para el comandante” o para “el coronel Goico Guerrero”. ¿Por qué y para qué quería hablar Pepe Goico “el miércoles” con doña Awilda? Con Torres Pezzotti detenido, ¿cuáles eran los temas de importancia que Pepe Goico le quería tratar a la secretaria de Alberto Torres? ¿Por qué enviar al teniente Abreu a la oficina de Torres Pezzotti, luego de que éste fuera detenido para la investigación, sobre las tarjetas que ellos estaban usando?

  • 4. ¿Eran Pepe Goico y Torres Pezzotti amigos, tenían una relación estrecha, eran socios, hacían negocios juntos? Mira Judith los siguientes datos:

                1. En noviembre y diciembre de 2001 intentó engancharlo a la Marina de Guerra a través de Soto Jiménez. Cuando éste se opone y no logra su objetivo, cambia de táctica.

                2. El 7 de enero, lo coloca como mayor de la Marina de Guerra (capitán de corbeta) con la ayuda del general Díaz Morfa y por instrucciones del presidente de la República. Éste nombramiento viola todas las normas y reglamentos de las Fuerzas Armadas. Imagínate tú para todo el que había hecho cuatro años de academia, con una carrera súper sacrificada, que viniera un jodido “amigo de Pepe” y le colocaran las insignias de mayor, sin haber estado ni un solo día en los centros de entrenamiento de la institución “pasando centro”. Tú recordarás que así mismo y casi para la misma fecha fue que se enganchó al Ejército a Quirino Ernesto Paulino Castillo, uno de los mayores narcotraficantes del país. Le duele mucho a un militar de carrera esas imposiciones de los jefes y del presidente. También repitieron la acción con el otro implicado, el sargento de la Marina de Guerra Pedro Díaz, nombrado de “paracaídas”, para luego asignarlo al Cuerpo de Ayudantes Militares, al servicio de Pepe Goico. Pero sigamos:

                3. A decir de Torres Pezzotti Pepe Goico “le regala el carro Mercury Grand Marquís” a principios de año.

                4. Según la versión dada en los interrogatorios por Torres Pezzotti, Pepe le autorizó a sacar un plásticos de la tarjeta a su nombre “La cual me fue solicitada por el señor Pedro Julio Goico para si él estaba fuera del país o en un punto lejano de mí, que yo pudiera resolverle cualquier cosa”, explicó el detenido.

                5. Pepe alquila con frecuencia el avión Jetstream de Latin Aviation. ¿Era esa empresa de los dos? ¿Era un negocio con testaferros como dueños? Las cosas las veremos más adelante, pero lo cierto es que el avión era frecuentemente usado por la Avanzada Militar del Presidente para los viajes de éste y para otras cosas que no eran los viajes del presidente.

                6. Pepe lleva el helicóptero Colibrí matrícula N750PG al hangar de Latin Aviation para que sea su garaje habitual. Nadie deja una nave así de un millón de dólares en manos extrañas. “Para que nos ayudara a alquilarlo y así poder cumplir con los pagos que faltaban del helicóptero”.

                7. Torres Pezzotti aparece endosando varios cheques que estaban a nombre de Pepe Goico. Los cambia y dice él que le entregaba el dinero al coronel Jefe de la Avanzada Militar del presidente.

De todos estos datos podemos colegir que en realidad Pepe Goico y Torres Pezzotti si no eran socios, por lo menos tenían una relación muy estrecha y cercana.

  • Tú sabes que existe el código Omertá en determinados sectores, especialmente los militares (y las mafias también). Mediante esa “ley del silencio” cuando son descubiertos en una acción, uno solo de ellos se echa toda la responsabilidad y limpia a los demás y luego los otros tratan por todos los medios de resolverle el problema o por lo menos de compensarlo por asumir él solo el compromiso.

  • Si, pero en este caso, en cuatro ocasiones y en igual número de interrogatorios Torres Pezzotti acusa a Pepe Goico de ser el responsable de los hechos y de recibir todo el dinero que se sacó con la tarjeta de crédito y con los cheques fraudulentos que cobraron y sólo en un intento final, el último día, domingo, casi en la noche, cuando iba a ser sometido a la justicia es que se aparece Torres Pezzotti declarándose “único culpable de todo” y liberando a Pepe y al Sargento Díaz de los cargos. Esto fue una chapucería. Primero, ya se habían escrito las conclusiones de la Junta Militar Mixta que investigó los hechos. Por eso tuvieron que cambiar tres veces el informe (yo tengo las tres versiones con sus agregados) y se le incluye el párrafo b.6 sólo para exculpar a Pepe Goico... Me parece que esa fue una de las influencias de Hipólito Mejía en la investigación. Nos dicen que Hipólito cambió ese informe en tres ocasiones. Segundo, luego que la junta había concluido todas sus indagatorias, y había rendido sus conclusiones al jefe de las Fuerzas Armadas y al Presidente de la República, reunieron de repente al prevenido, a última hora para un interrogatorio ridículo de tres preguntas y mira la belleza que sale de esta indagatoria:

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