Página principal



Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983

Descargar 0.91 Mb.

Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983





Descargar 0.91 Mb.
Página21/24
Fecha de conversión06.08.2018
Tamaño0.91 Mb.
1   ...   16   17   18   19   20   21   22   23   24
UNA NOCHE HELADA














Leslie caminaba bajo las palmeras. Pisó una cagada de perro. Eran las diez y cuarto en Hollywood Este. Aquel día el mercado había subido 22 puntos y los especialistas no eran capaces de explicar por qué. A los especialistas se les daba mucho mejor explicar las bajas del mercado. Los desastres les hacían felices. Hacía frío en Hollywood Este. Leslie se abrochó el botón del cuello de su abrigo y tiritó. Encogió los hombros para defenderse del frío.

Se aproximaba un hombrecillo de sombrero gris de fieltro. El hombrecillo tenía la cara tan opaca como la corteza de una sandía, sin expresión. Leslie sacó un cigarrillo y se plantó en el camino. No medía más de uno sesenta y cinco y debía de pesar treinta y cinco kilos. Tendría unos cuarenta y cinco años.

—¿Me da fuego? —le preguntó.

—Oh, sí...

El hombrecillo comenzó a buscar su encendedor y Leslie le asestó un rodillazo en la entrepierna. El hombrecillo soltó un gruñido, se dobló y Leslie le golpeó detrás de la oreja. Cuando cayó, Leslie se arrodilló, le dio la vuelta, sacó su navaja y lo degolló a la luz de la luna de aquella noche fría de Hollywood Este.

Todo le parecía muy extraño. Era como un sueño medio recordado. Leslie no estaba seguro de si aquello había sucedido en la realidad. Al principio, la sangre daba la sensación de no decidirse a salir, pero la herida era profunda y la sangre brotó. Leslie se apartó con asco. Se incorporó, se alejó. Luego volvió, buscó en el bolsillo de aquel hombre, encontró una caja de cerillas, encendió el cigarrillo y se alejó calle abajo, hacia su apartamento. Leslie nunca tenía cerillas. Era uno de esos hombres sin bolígrafos ni cajas de cerillas en los bolsillos...

Ya en el apartamento, se sentó a beberse un whisky con agua. En la radio daban una cosa de Copeland. Aunque Copeland no fuese gran cosa, siempre era mejor que Sinatra. Había que aceptar lo que te dieran y aprovecharlo al máximo. Eso es lo que decía siempre su padre. Su jodido viejo. A la mierda viejo. A la mierda todos los Niños de Jesús. A la mierda Billy Graham. A tomar todo el mundo por culo.

Llamaron a la puerta. Era Sonny. Un chaval rubio que vivía al otro lado del patio. Sonny era mitad hombre y mitad polla y estaba hecho un lío. La mayoría de los tíos que la tenían de buen tamaño tenían problemas después de echar un polvo. Pero Sonny era más agradable que la mayoría. Era afable, educado y no carecía de inteligencia. A veces hasta era ingenioso.

—Oye, Leslie, quiero hablar contigo unos minutos.

—Vale. Pero, escucha, estoy cansado. Pasé todo el día en el hipódromo.

—Te ha ido mal, ¿eh?

—Cuando fui a sacar el coche del aparcamiento, me di cuenta de que un hijo de puta me había arrancado todo el parachoques. Cerdo.

—¿Y qué tal te fue con los caballos?

—Gané doscientos ochenta dólares. Pero estoy hecho polvo.

—Vale. No te pegaré la paliza.

—Perfecto. ¿De qué se trata? ¿De tu chica? ¿Por qué no la envías a tomar viento? Os sentiréis mejor los dos.

—No, no se trata de mi chica. Sólo se trata..., mierda, no lo sé. Cosas que pasan, ¿comprendes? No consigo hacer nada. No puedo empezar nada. Estoy como bloqueado. Ni una oportunidad a la vista.

Cojones, eso es lo normal. La vida es así. Pero sólo tienes

veintisiete años. Puede que aún tengas suerte y te enrolles con alguien.

—¿Qué hacías tú a mi edad?

—Estaba peor que tú. Andaba de noche, borracho, rondando por las calles a la espera de un milagro. No hubo suerte.

—¿Eso es lo único que se te ocurría?

—Bueno, lo más difícil es saber cuál tiene que ser tu primer movimiento.

—Sí. Todo parece tan inútil.

—Asesinamos al Hijo de Dios. ¿Crees que ese Cabrón va a perdonarnos? ¡Puede que yo esté loco, pero El seguro que no!

—Te pasas el día ahí tirado, con tu albornoz roto, medio borracho, pero eres la persona más cuerda que conozco.

—Vaya, eso me gusta. ¿Conoces a mucha gente?

Sonny se limitó a encogerse de hombros.

—Lo que necesito saber es: ¿hay una salida? ¿Alguna clase de salida?

—No, no hay salida, chaval. Los psiquiatras aconsejan que nos dediquemos a jugar al ajedrez, al billar o a coleccionar sellos. Cualquier cosa menos pensar en las cuestiones importantes.

—El ajedrez es muy aburrido.

—Todo es aburrido. No hay salida. ¿Sabes lo que solían tatuarse en los brazos algunos vagabundos de los viejos tiempos?: «NACÍ PARA LA MUERTE.» Parece un poco burdo, pero es sabiduría elemental.

—¿Qué crees que llevan tatuado ahora en los brazos los vagabundos?

—No sé. Probablemente: «JESÚS ES NUESTRO REDENTOR.»

—No podemos librarnos de Dios, ¿verdad?

—Quizás El no pueda librarse de nosotros.

—Bueno, sabes, siempre es un buen rollo hablar contigo. Después de hablar contigo siempre me siento mejor.

—Pues ya sabes, chaval, cuando quieras.

Sonny se levantó, abrió la puerta, la cerró y se fue. Leslie se sirvió otro whisky. Los Rams de Los Angeles habían reforzado su línea defensiva. Una buena táctica. Todo en la vida evolucionaba hacia actitudes de DEFENSA. El telón de acero, la mente de acero, la vida de acero...

Leslie terminó el whisky, se quitó los pantalones y se rascó el culo, metiéndose los dedos bien dentro. La gente que se curaba las almorranas era mema. Cuando no había con quién tratar, lo mejor era estar solo. Se sirvió otro whisky. Sonó el teléfono.

—¿Sí?

Era Francine. A Francine le gustaba impresionarle. A Francine le encantaba creer que le impresionaba. Pero era más pesada que un elefante. Leslie pensaba muchas veces en lo amable que era por su parte el dejarla hablar y aburrirle de ese modo. Un tipo normal le habría colgado el teléfono inmediatamente, le habría cortado el rollo como una guillotina.

¿Quién había escrito aquel excelente ensayo sobre la guillotina? ¿Camus? Sí, Camus. Camus también era un plomo. Pero el ensayo sobre la guillotina y El extranjero eran excepcionales.

—Hoy he comido en el Hotel Beverly Hills —dijo Francine—. Estuve sola en una mesa. Tomé ensalada y bebidas. Por allí estaba Dustin Hoffman con otros actores y actrices. Me puse a hablar con la gente de las otras mesas y todos me sonreían, y todas las mesas rebosaban de sonrisas y señales de asentimiento con sus cabecitas amarillas como narcisos. Yo seguía hablando y ellos sonriendo. Debían de pensar que estaba loca y que la única manera de librarse de mí era sonreír. Al final acabaron por ponerse nerviosos, ¿comprendes?

—Perfectamente.

—Pensé que te gustaría que te lo contara.

—Sí...

—¿Estás solo? ¿Quieres compañía?

—Esta noche estoy muy cansado, Francine.

Francine colgó al cabo de un rato. Leslie se desvistió, se rascó el culo otra vez y se fue al cuarto de baño. Se pasó el hilo dental entre los pocos dientes que le quedaban. Qué horror de colgajos. Pensó que debería arrancárselos a martillazos. La cantidad de peleas callejeras en que se había metido, y nadie le había hecho saltar los dientes delanteros. En fin, al final todo se resuelve por sí mismo y se caerían solos. Leslie puso un poco de pasta de dientes en el cepillo eléctrico e intentó matar el tiempo un poco. Después se sentó en la cama y pasó un rato con el último whisky y un cigarrillo. Algo que hacer mientras esperaba a ver qué cariz tomaban las cosas. Contempló la caja de cerillas que tenía en la mano y comprendió de pronto que era la que le había quitado al hombrecillo cara de sandía. La idea le sobresaltó. ¿Había sucedido aquello realmente? Escudriñó la caja de cerillas. Leyó el anuncio impreso:

1.000 ETIQUETAS PERSONALES CON SU NOMBRE Y DIRECCIÓN SOLO POR 1,00 DOLAR

Vaya, pensó, no parece que sea muy caro.

UN FAVOR A MI AMIGO DON














Me di la vuelta en la cama y cogí el teléfono. Era Lucy Sanders. La había conocido hacía dos o tres años; sexualmente, durante tres meses. Acabábamos de romper. Andaba contando por ahí que me había plantado por borracho, pero lo cierto era que yo la había dejado por mi chica de antes. No se lo había tomado bien. Decidí que debía intentar explicarle por qué había tenido que dejarla. Tenía que endulzarle la pildora. Yo quería ser buen chico. Cuando llegué, me recibió su amiga.

—¿Qué diablos quieres ahora?

—Quiero hablar con Lucy.

—Está en el dormitorio.

Pasé. Estaba en la cama, borracha, en bragas. Casi había vaciado una botella de escocés. En el suelo había un orinal con sus vómitos.

—Lucy —dije.

Volvió la cabeza hacia mí.

—¡Eres tú! ¡Has vuelto! Sabía que no te quedarías con esa zorra.

—Un momento, nena, espera, sólo he venido a explicarte por qué te dejé. Soy una buena persona. Creí que te debía una explicación.

—Eres un cabrón. ¡Eres un tipo repugnante!

Me senté al borde de la cama. Cogí la botella de la cabecera y me eché un buen trago.

—Gracias. Tú ya sabías que quería a Lilly. Lo sabías incluso cuando yo vivía contigo. Lilly y yo sentimos... afinidad.

—¡Pero decías que te estaba matando!

—Exageraciones. La gente está siempre rompiendo y reconciliándose. Las parejas son así.

—Yo te acogí. Te salvé.

—Lo sé. Me salvaste para Lilly.

—Eres un cabrón. ¡No reconoces a una buena mujer cuando la tienes!

Lucy se inclinó por el borde de la cama y vomitó.

Acabé el whisky.

—No debías beber esta bazofia. Es veneno.

Se incorporó.

—Quédate conmigo, Larry, no vuelvas con ella. ¡Quédate conmigo!

—No puedo hacerlo, nena.

—¡Mira mis piernas! ¡A que son bonitas! ¡Mira mis pechos! ¡A que son de primera!

Eché la botella de whisky a la basura.

—Lo siento, tengo que largarme, nena.

Lucy saltó hacia mí con los puños cerrados. Me atizó en la boca, en la nariz. La dejé desahogarse unos segundos, luego la sujeté por las muñecas y la tiré de espaldas en la cama. Me volví y salí del dormitorio. Su amiga estaba en la habitación de entrada.

—Tratas de ser buen chico y todo lo que sacas es un directo en la nariz —le dije.

—Tú nunca podrás ser un buen chico —dijo.

Di un portazo al salir, subí al coche y me largué.

Era Lucy, al teléfono.

—¿Larry?

—¿Sí? ¿Qué pasa?

—Oye, me gustaría conocer a tu amigo Don.

—¿Por qué?

—Dijiste que era tu único amigo. Quiero conocer a tu único amigo.

—Bien, qué demonios, te lo presentaré.

—Gracias.

—Pasaré por su casa después de ver a mi hija el miércoles. Llegaré hacia las cinco. ¿Por qué no vas tú hacia las cinco y media y os presento?

Le di la dirección e instrucciones. Don Dorn era pintor. Tenía veinte años menos que yo y vivía en una casita de la playa. Me di la vuelta y volví a dormirme. Duermo siempre hasta el mediodía. Es el secreto de mi venturosa existencia.

Don y yo tomamos dos o tres cervezas antes de que llegara Lucy. Llegó muy nerviosa y traía una botella de vino. Hice las presentaciones y Don descorchó la botella de vino. Don y yo seguimos dándole a la cerveza.

—¡Oh! —dijo Lucy, mirando a Don—. ¡Es encantador!

Don guardaba silencio. Lucy le tiró de la camisa.

—¡Eres un encanto! —Vació el vaso y se sirvió más. ¿Acabas de salir de la ducha?

—Más o menos hace una hora.

—¡Oh, qué rizos tienes en el pelo! ¡Qué monada!

—¿Cómo va la pintura, Don? —pregunté.

—No sé. Me estoy cansando de mi estilo. Creo que tengo que cambiar.

—¡Oh! ¿Son tuyos esos cuadros de la pared? —preguntó Lucy.

—Sí.

—¡Son preciosos! ¿Los vendes?

—A veces.

—Me encantan tus peces, ¡qué monos! ¿Dónde conseguiste todas esas peceras?

—Las compré.

—¡Mira ese pez naranja! ¡Ese naranja es monísimo!

—Sí, es bonito.

—¿Se devoran unos a otros?

—A veces.

—¡Eres un encanto!

Lucy bebía vaso tras vaso.

—Estás bebiendo demasiado —le dije.

—Mira quién fue a hablar.

—¿Sigues con Lilly? —preguntó Don.

—Un valor seguro —le dije.

Lucy vació el vaso. La botella estaba vacía.

—Perdonadme —dijo. Y corrió al cuarto de baño. La oímos vomitar.

—¿Qué tal los caballos? —preguntó Don.

—Estupendamente. ¿Y a ti cómo te va la vida? ¿Algún buen polvo últimamente?

—Tengo una mala racha.

—No pierdas la esperanza. La suerte puede cambiar.

—Eso espero, maldita sea.

—Lilly cada día está mejor. No sé cómo se lo hace.

Lucy salió del cuarto de baño.

—¡Oh, Dios mío, me encuentro mal, estoy mareada! —Se echó en la cama de Don y se estiró—. ¡Estoy mareada!

—Cierra los ojos —dije.

Se quedó allí en la cama, gimoteando sin quitarme los ojos de encima. Don y yo bebimos más cerveza. Luego le dije que tenía que irme.

—Que vaya bien —le dije.

—Suerte —dijo él.

Le dejé plantado en el quicio de la puerta, bastante borracho. Y me largué.

Me di la vuelta en la cama y cogí el teléfono.

—¿Qué hay?

Era Lucy.

—Lamento lo de anoche. Bebí demasiado vino en muy poco tiempo. Pero limpié el cuarto de baño como una buena chica. Don es un tipo muy majo. Me cae muy bien. Voy a comprarle un cuadro.

—Estupendo. Anda justo de pasta.

—No estarás enfadado conmigo, ¿eh?

—¿Por qué?

Se echó a reír.

—Quiero decir por mi numerito...

—Todo el mundo en América se entrompa por todas las esquinas.

—Yo no soy una borracha.

—Ya lo sé.

—Pasaré el fin de semana en casa; si quieres verme, ya lo sabes.

—No.

—¿Estás enfadado, Larry?

—No.

—Perfecto, entonces hasta pronto.

—Hasta pronto.

Colgué el teléfono y cerré los ojos. Si seguía ganando en las carreras me compraría un coche nuevo. Y me trasladaría a Beverly Hills. Volvió a sonar el teléfono.

—¿Sí?

Era Don.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Perfectamente. ¿Todo bien?

—De maravilla.

—Voy a trasladarme a Beverly Hills.

—Fantástico.

—Quiero vivir más cerca de mi hija.

—¿Cómo le va a tu hija?

—Es preciosa. Lo tiene todo, física y mentalmente. —¿Sabes algo de Lucy?

—Acaba de telefonear.

—Me la chupó.

—¿Y qué tal?

—No pude correrme.

—Lo siento.

—No fue culpa tuya.

—Espero que no.

—Bueno, ¿todo bien, Larry?

—Eso creo.

—Bien. Llámame de vez en cuando.

—Claro. Adiós, Don.

Colgué, cerré los ojos. Sólo eran las once menos cuarto y yo dormía siempre hasta el mediodía. La vida es todo lo agradable que se lo permitas.


1   ...   16   17   18   19   20   21   22   23   24

Similar:

Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconTítulo original: Doctor No (1958) Traducción: Pedro González del Campo
Gildrose Productions Ltd. 1958 rba coleccionabas, S. A., 1999, para esta edición Pérez Galdós 36 08012 Barcelona
Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconWater purification 431 430 water purification
Buyer’s order are inconsistent with these terms, this shall constitute a counteroffer
Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconAsociación Cartográfica Internacional
Competición de Mapas Infantiles Barbara Petchenik: 2003. Sin título, por Mahya Hadi Varnamkhasti
Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconIsaac asimov
Título: Cuentos completos. Volumen I titulo original: The Complete Stories. Volume I
Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconFegasacruz federación de ganaderos de santa cruz año / Edición 11 / Julio de 2017 / Santa Cruz, Estado Plurinacional de Bolivia indhú fiv sausalit o. Propietario Osvaldo Monasterio Rek. Cabaña Sausalito. Fegasacruz

Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconSoptravi secretaria de obras públicas, transporte y vivienda
Y vivienda. Terminos de referencia departamento de obras urbanisticas construccion del proyecto: “remodelacion del parque central...
Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconTítulo Autor/es Editorial, localidad, nº y año de edición

Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconEn el ecuador entre el 4 de octubre de 1983 y el 31 de diciembre de 2008
Ley parala Reparación de las Víctimas y la Judicialización de Graves Violaciones deDerechos Humanos y Delitos de Lesa Humanidad Ocurridos...
Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconFigura de rey
Título original: “Test de Copie et Reproductione de Mémorie de Figures Géometriques Complexes” 1959
Título de la edición original: Hot Water Music Black Sparrow Press Santa Bárbara, 1983 iconTítulo de la presentacióN
Importante : no actualizar la versión de firmware del equipo o el video en movimiento volverá a su estado original


Descargar 0.91 Mb.