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UNIVERSIDAD DEL SALVADOR

FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS


Prof. Pbro. Dr. Carlos Baccioli (1)






DERECHO CANÓNICO Y ECLESIÁSTICO PARA

ABOGADOS





INTRODUCCIÓN: La importancia del estudio del Derecho Canónico para los profesionales de las Ciencias Jurídicas (2).

El Derecho Canónico es el Derecho de la Iglesia entendido como norma reguladora de las relaciones entre los fieles cristianos.

La expresión Derecho Canónico es la más tradicional y usada para designar el Derecho de la Iglesia. Pero no es la única. En ocasiones se le ha llamado Disciplina eclesiástica y Derecho pontificio. En Alemania, y en menor escala en otros países, también se le ha llamado con cierta frecuencia Derecho eclesiástico (Kirchenrechts, Droit ecclésiastique, Diritto ecclesiastico); pero actualmente, sobre todo en Italia y España, se reserva esta última expresión para otra rama jurídica distinta, con la cual no puede confundirse: el Derecho estatal sobre cuestiones eclesiásticas.

Algunas actividades canónicas pueden ser ejercidas por clérigos y laicos. Refiriéndose a los laicos, el Código de Derecho Canónico dice que los “que sean considerados idóneos tienen capacidad de ser llamados por los sagrados Pastores para aquellos oficios eclesiásticos y encargos que pueden cumplir según las prescripciones del derecho” (can. 228, § 1). “Los laicos que se distinguen por su ciencia, prudencia e integridad tienen capacidad para ayudar como peritos y consejeros a los Pastores de la Iglesia, también formando parte de consejos, conforme a la norma del derecho” (§2).

Así los laicos pueden participar en los Tribunales de la Iglesia como jueces, en los juicios en general (cfr. can. 1421, §2); asesores (cfr. can. 1424); auditores (cfr. can. 1428, §2); promotores de justicia o defensores del vínculos (cfr. can. 1435); representantes de una parte o un testigo que se niegue a comparecer frente al juez (cfr. can. 1528).

Los laicos abogados pueden participar: en los procesos en general (cann. 1481-1490; 1550, § 2, 1º; 1559; 1651; 1447; 1548, §2, 1º; 1470, §2); en los procesos de declaración de nulidad matrimonial (cfr. cann. 1678, § 1); en los procesos de dispensa del matrimonio rato y no consumado (cfr. can. 1701, §2); en los procesos penales (cann. 1481, § 2; 1723, §1); en los recursos contra los decretos administrativos (cfr. can. 1738). También pueden ocuparse de los distintos problemas civiles de las Instituciones de la Iglesia (Parroquias, Escuelas, Congregaciones Religiosas, etc.).

Para cumplir con estas funciones judiciales, los laicos deben ser licenciados o doctores en Derecho Canónico. Por ejemplo, el can. 1435 dice que el Obispo debe nombrar al promotor de justicia y al defensor del vínculo, que han de ser clérigos o laicos de buena fama, doctores o licenciados en derecho canónico y de probada prudencia y celo por la justicia.

Estos títulos se obtienen en las Facultades de Derecho Canónico (3).

Donde no hay suficientes licenciados o doctores en Derecho Canónico, conviene que tanto los laicos, en general, como los Abogados que participan de las funciones judiciales de la Iglesia, tengan una formación suficiente en Derecho Canónico. “Los laicos que de modo permanente o temporal se dedican a un servicio especial de la Iglesia tienen el deber de adquirir la formación conveniente que se requiere para desempeñar bien su función, y para ejercerla con conciencia, generosidad y diligencia” (can. 231, §1).

El objetivo fundamental de esta materia es proporcionar los conocimientos teóricos y prácticos del Derecho Canónico, para que los profesionales del Derecho conozcan las normas de la Iglesia y puedan ejercerlas con conocimiento de causa, en cualquier tipo de proceso o asesoramiento jurídico, ante la jurisdicción eclesiástica o civil.

CAPÍTULO I - LA IGLESIA COMO PUEBLO DE DIOS Y COMO INSTITUCIÓN.


1. LA IGLESIA COMO PUEBLO DE DIOS (4):

En la Sagrada Escritura (AT y NT) la íntima naturaleza de la Iglesia se nos manifiesta “bajo diversos símbolos tomados de la vida pastoril, de la agricultura, de la construcción, de la familia y de los esponsales que ya se vislumbran en los libros de los profetas” (LG, n. 6). Por ejemplo, se habla de la Iglesia como: redil cuya única y obligada puerta es Cristo (Jn., 10,1-10); grey, cuyo Pastor será el mismo Dios, según las profecías (cf. Is., 40,11; Ez., 34,11ss), y cuyas ovejas aunque aparezcan conducidas por pastores humanos, son guiadas y nutridas constantemente por el mismo Cristo, buen Pastor y jefe de pastores (cf. Jn., 10,11; 1 Pe., 5,4), que dio su vida por las ovejas (cf. Jn., 10,11-16); agricultura o labranza de Dios (1 Cor., 3, 9); edificación” de Dios (1 Cor., 3, 9). El mismo Señor se comparó a la piedra rechazada por los constructores, pero que fue puesta como piedra angular (Mt., 21,42; cf. Act., 4,11; 1 Pe., 2,7; Sal., 177,22); a esta edificación se le dan diversos nombres: casa de Dios (1 Tim., 3,15), en que habita su “familia”, habitación de Dios en el Espíritu (Ef., 2,19-22), tienda de Dios con los hombres (Ap., 21,3) y, sobre todo, “templo” santo, que los Santos Padres celebran representado en los santuarios de piedra, y en la liturgia se compara justamente a la ciudad santa, la nueva Jerusalén. Porque en ella somos ordenados en la tierra como piedras vivas (1 Pe., 2,5); esposa que se engalana para su esposo (Ap., 21,1ss): la inmaculada “esposa” del Cordero inmaculado (Ap., 19,1; 21,2.9; 22,17), a la que Cristo “amó y se entregó por ella, para santificarla” (Ef., 5,26), la unió consigo con alianza indisoluble y sin cesar la “alimenta y abriga” (cf. Ef., 5,24), a la que, por fin, enriqueció para siempre con tesoros celestiales, para que podamos comprender la caridad de Dios y de Cristo para con nosotros que supera toda ciencia (cf. Ef., 3,19) (LG, n. 6); Cuerpo místico de Cristo( LG,n. 7); Nueva Alianza; nuevo Pueblo de Dios : así San Pedro (1 Pe. 2, 9-10), San Pablo (2 Cor. 6, 16), San Juan (Apoc. 21, 3) y los Padres hasta san Agustín.


1.2. LOS FIELES CRISTIANOS.

1. Concepto.

Como Pueblo de Dios y como Institución, la Iglesia está formada por los fieles cristianos, es decir, los bautizados, “incorporados a Cristo por el bautismo, están constituidos como pueblo de Dios, y por esta ra­zón son partícipes a su manera del oficio sacer­dotal, profético y real de Cristo, y, cada uno según su propia condición, son llamados a ejer­cer la misión que Dios encomendó a la Iglesia para cumplirla en este mundo (can. 204, §1).

“Por el bautismo, el hombre se incorpora a la Iglesia de Cristo y se constituye persona en ella, con los deberes y derechos que son propios de los cristianos, teniendo en cuenta la condición de cada uno, en cuanto estén en la comunión eclesiástica y no lo impida una sanción legítimamente impuesta” (can. 96).


Además, los bautizados en la Iglesia católica y quienes han sido recibidos en ella, están obligados a observar las leyes meramente eclesiásticas, siempre que tengan uso de razón suficiente y, si el derecho no dispone expresamente otra cosa, hayan cumplido siete años (can. 11).


Se encuentran plenamente en comunión con Iglesia católica, en este mundo, los bautizados que se unen con Cristo en su sociedad visible, a saber, con los vínculos de profesión de fe, sacramentos y régimen eclesiástico (can. 205).


Teológicamente también los bautizados no católicos están incluidos en la expresión "fieles cristianos", porque por el bautismo:

    1. se han incorporado a Cristo

    2. y quedan constituidos en alguna comunión con la Iglesia, aunque no perfecta (Cfr. «Unitatis redintegratio» 3).

Pero en este canon se refiere solamente a los que están en plena comunión con la Iglesia católica.

De un modo especial se relacionan con la Iglesia los catecúmenos, o sea, los que, movidos por el Espíritu Santo, solicitan, con voluntad expresa, ser incorporados a ella, y por tanto, por ese mismo deseo, y por la vida que llevan a cabo de fe, esperanza y caridad, se unen con la Iglesia, que los alimenta ya como suyos (can. 206, §1).


La Iglesia tiene un especial cuidado con los catecúmenos: ella, a la vez que los invita a llevar una vida evangélica y los introduce en la celebración de los ritos sagrados, les concede ya varias prerrogativas que son propias de los cristianos (can. 206, §2).


2. División:

Según el can. 207, §1, por institución divina, entre los cristianos hay en la Iglesia:

2.1. Laicos: que son la mayoría de los fieles cristianos.


2.2. Clérigos o ministros sagrados.

Estos se dividen en:


1. Diáconos: transitorios y permanentes.

El diaconado transitorio es el previo a la ordenación sacerdotal. El diaconado permanente es el de los diáconos que no son ordenados sacerdotes. Los diáconos permanentes, a su vez, pueden ser célibes o casados.


2. Presbíteros o sacerdotes.


3. Obispos:

Los Obispos se dividen en:

a) Diocesanos: son los que presiden una diócesis.

b) Titulares: los que no presiden una diócesis (can. 376).

c) Coadjutores: los que ayudan a un obispo diocesanos y tienen derecho a sucesión.

d) Auxiliares: los que ayudan a un obispo diocesanos pero tienen derecho a sucesión.

e) Emeritos: los jubilados.

f) Arzobispo: es el Obispo que gobierna una Arquidiócesis.

g) Metropolitano: es el Arzobispo de la arquidiócesis central de una provincia eclesial que contiene varias diócesis. Tiene todos los poderes del obispo en su propia arquidiócesis y supervisión, y jurisdicción limitada sobre las demás diócesis (llamadas sufragáneas). El palio conferido por el Papa, es el símbolo de su status como metropolitano.

h) Arzobispo Primado: es el título honorífico dado a Arzobispos de las circunscripciones eclesiásticas más antiguas o representativas de algunos países o regiones. En España, por ejemplo, lo es el Arzobispo de Toledo.


2.3. Consagrados: De estos dos grupos (laicos y clérigos) hay cristianos que, de alguna forma peculiar


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